Hay algo de esto que en algún momento surgirá, así, como espontáneamente, y dará origen de pronto a un mar de palabras, que en conjunto forman una prosa. O más que una prosa se terminará convirtiendo en un desarmadero de pensamientos...
Hay espacios en los que entran todas las ideas que alguna vez hayan surgido. Como el cuento de la otra noche. En el que un perrito vivía en una montaña con mar del cual no se sabía su origen, porque nunca nadie llegaba hasta ese lugar. Entonces el perrito decidió enfrentar el desafío.
Muchos habían muerto en el intento pero él no le tenía miedo a la muerte. Siempre había sido un perro muy realista, o quizá habían sido sus tempranos encuentros con la muerte de forma respetuosa los que le habían hecho sentir que este momento, lejos de ser un camino a la tumba, era un ¿por qué no? Conocía sus límites y convivía en armonía con la naturaleza.
Entonces se preparó y comenzó a nadar. Nadó lejos de la costa. La montaña se volvía pequeña, primero como una mano, luego como un dedo y finalmente como el espesor de una uña.
Respiró hondo y soltó el aire despacio. Debía lograr un larga apnea.
Entonces empezó a meter y sacar el aire con lentitud y gratitud. Agradecía estar en ese momento en ese lugar. Saludó a la muerte como a una vieja amiga.
Inspiró hondo y penetró la superficie, pataleando con ambas piernas, cada vez más y más.
Una luz apareció dentro de él y no tuvo que conocer más nada, ni ir en busca de nada.
¿Qué significaba esa existencia?
¿Qué había ido a encontrar en el desafío de descubrir de dónde se originaba ese mar?
Y la montaña con mar seguiría siendo un misterio.
Y lejos de convertirse en una preocupación, se volvió un alivio.
Entonces la magia existía.
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Y así, mágicamente comienza un proyecto. Como alguna vez se inició la vida de Harry Haller o Emil Sinclair. ¿De dónde sacaría esos nombres? ¿Acaso me estoy comparando?
Hacer un personaje principal que escribe o que se dedica a algún colegio religioso es plagio. Tiene que ser distinto.
Debe serlo! Esto es un deber moral.
¿Cómo es que tan para afuera los deberes no existen? ¡Y luego se impone al ser!
Como decir que todo lo que escriba lo veo sin ojos de juicio, y después me siento mal por romper el deber de escribir cosas felices!
Como si el cuento no fuera un reflejo del ser interior.
Y en ese reflejo a veces no me gusta lo que veo.
Y a la vez que me hago consciente de que no me gusta, comprendo que también someto a juicios.
Y como si fuera poco, ¡Casi todos los juicios son contra mí!
No sé si habla "mal o bien" de mí.
Por que en mi afán de juzgarme, trato de ser quien quiero ser.
Pero en mi afán de querer ser quien quiero ser, ¿dónde queda la espontaneidad?
Entonces, ¿qué es más valioso? ¿Cómo se debe ser?
Alguna vez fui educada con valores. Hoy en día digo no tener, pero aún los llevo, en gran cantidad, en lo más hondo de mi ser.
Hubo algunas cosas que fueron cambiando, como la posición de inferioridad ante la ley, que se convirtió de pronto en que había algo detrás mío que por algo me decía que lo haga. Y de pronto estaba siendo comandada por hilos que yo no sabía que tenía, mucho menos que había un comandante que los comandaba.
Entonces me pregunto, ¿por qué no hago lo que más me gusta?
Donde se halla la inhibición al cuento, a la narración, a esto que estoy haciendo ahora que no es más que el producto inmediato de la llegada de estupefacientes a mi cerebro.
¡Es que sí! No quiero decirlo tan a menudo y no sólo lo estoy diciendo aquí sino que ayer se lo he dicho a alguien. Y alguien me lo dijo a mí!
Ingresó como una idea que no fue generada por mí y sin embargo alguien que lo vivió lo dijo (en realidad lo investigó) y leí su conclusión al respecto.
Entonces acá yo, justificando que un montón de cambios fueron elecciones, pero otros fueron mensajes externos que llegaron a lo interno y me dijeron qué y cómo había sido ese momento de quiebre en el que llegué lo más profundo en el mar de la montaña y una luz se encendió delante mío, justo a la altura de mi pecho, y susurró despacito algo que no pude oír bien pero fue como una sílaba, como un mantra o algo así, pero se sintió como una vibración que empezó en la garganta y llegó hasta el corazón donde se me generó un vacío que de pronto entendí todo el vacío que existía alrededor mío y en el universo, y que ante esa vacuidad yo no era más que una pequeñísima parte de un montón de materia que coexistía en armonía errática con todo el resto de lo que había en el cosmos.
Fue un mensaje en un momento como este, en el que la realidad ordinaria deja de ser ordinaria y se alcanza un estado de consciencia, algunas veces que parece desconocido, porque es tan subjetivo y tan en primera persona la experiencia, que el cielo parece un domo de juguete y la todo lo que me rodea un reality show. ¿Y si finalmente estaba sola en el mundo y todo lo que me cruzaba era sólo mi imaginación? No veo por las ventanas, no sé si hay gente fuera. Pero sobre mi pierna reposa el rostro de un perrito que siempre duerme en mi pierna. Podría desaparecerla? Podría dejar de verle la cara? Quiero crear una visión y no lo logro. Entonces le empiezo a pedir a mi cerebro que lo haga, que la borre, que me cambie el plano de visión o me ponga a dormir a las células de la retina que me traen la información de la retina nasal campo izquierdo temporal inferior. Y como que lo logro, porque de pronto sólo veo el cursor y la letra que está brotando de cada uno de las teclas que estoy apretando.
Y de pronto escribo con los ojos cerrados y parece una broma que se sienta tan distinto lo que se escribe. Es que la conexión entre mente y dedos prescinde de la visión y toda la energía se va a manos y mente para que mente simplemente le ordene a manos qué escribir, y pareciera que va en automático, y vuelvo a decir no quiero, no quiero, porque de pronto hay que abrir los ojos de nuevo, y no quiero, y no quiero, qué es esto, de qué se trata comprender? como hace poco dijo un amigo, yo no quiero aprender más, ¿más me queda por aprender? y yo me pregunto, ¿enserio? Cuánto tanto que hay por aprender o hacer. Siempre existe la posibilidad de tomar una cerveza otra vez y mientras disfruto su sabor pensar en que no debería tomar demasiado por semana. Lo mismo con la comida o el deporte. Siempre con un límite mental que finalmente no es más que la mirada de todo lo que hay a nuestro alrededor mientras tratamos de respondernos ¿por qué hacemos este tipo de elecciones de vida si después nos vamos a sentir mal?
Y en ese momento es donde se gana la mayor consciencia. Como hoy a mí hoy que se me dio por sentarme acá, con o sin estupefacientes, a mirar un poco el atardecer. Por eso me detengo. Porque es hora.
¿Se "gana"? ¿La "mayor"?
Hasta creyendo que no se juzga se juzga.
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Y de pronto llega el momento ese de sentir la cara desfigurada y los sentidos absortos. Por suerte o causalidad, suena un saxo que me relaja y me pregunto si algún día podré tocar asó el saxo, o podré escribir un poema que suene como el hermoso canto de ese saxo.
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Y cómo saberlo si no nos damos la oportunidad de hacerlo? Vivir ese momento de compartir con el corazón mismo que trata de dejarnos ser, pero a la vez recurren a esas normas ridículas con las que salís con miedo a la calle. Será un personaje inventado para que nos generen miedo y tener que ir a luchar contra eso, para aprender a sobrellevar el miedo...
La cuestión es... miedo a qué? A perder la vida? Si en la víspera menos esperada se aparece una amiga que nos quiere llevar...
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VENERE
Y suena una melodía que escuché varias veces mientras fantaseaba con la muerte. Por qué habré fantasiado tanto con la muerte? Qué será lo que buscaba mi consciente en inspeccionar tal incógnita?
A veces no sé si es que no valoro el vivir o que simplemente la vida se volvió eso que sintió el perrito cuando encontró esa luz que brotaba desde el interior. Proyectábase desde el centro de su pecho y salía como una especie de ectoplasma que se tomaba un avión y viajaba a Madrid.
El avión llegó al mediodía y aún quedaba un tren, pero ahí ya había compañía.
Entre el "bienvenida a casa" de una amiga que no veía hacía menos meses de los que hoy no veo. Porque el tiempo se pasa y ni siquiera nos damos cuenta a veces.
Es ritualístico conmemorar fechas y recordar. Y los rituales son humanos. Y somos humanos.
Entonces aparece la dicotomía, otra vez, de ver o decidir si es momento de aceptar ese automatismo de realidad y despegarme de los rituales. ¿Por qué?
¿En qué usaría todo el tiempo que uso para rituales, sino?
¿De qué hablaría en mis historias si no fuera de esos rituales?
Entonces descubro que son rituales que elijo. Elijo ritualizar y convertir la cotidianeidad en un momento mágico, único e infinito.
Vuelvo a sonreír como cuando escribía líneas que ya fueron escritas más arriba.
Y suena la misma melodía que sonaba cuando empecé este último apartado.
Melodía que algún día voy a hacer sonar por un parlante para más personas que para mí. Quizá recuerde este momento en el que estuve recordando sensaciones asociadas a esa melodía. Entonces subo más el volumen y trato de escuchar hasta los silencios que hay entre cada sonido.
Qué sería del sonido sin el silencio?
Cuánta necesidad tienen el uno del otro.
Por eso Simon and Garfunkel hablaban del sonido del silencio!
Porque suena como la nada.
Uroboro que se encuentra otra vez con una cola que brotó varias líneas atrás.
Líneas que pasan y avanzan para dejar un registro de los momentos esos,
no sé si de dolor o felicidad,
de placer, alegría,
o frustración y ansiedad,
desesperación,
angustia,
soledad.
Son momentos que hacen descubrir la unicidad de cada día y momento, en una estampida de emociones, pensamientos y vivencias que se desarrollan dando origen a la trama de este fenómeno llamado vida.
Entonces la canción deja de sonar justo cuando el sol desaparece detrás del complejo de edificios que se halla a unos 250 metros aproximadamente del espacio en el que tengo aparcada la camioneta en la que vivimos, no hace mucho, ni hace tan poco.
Casa que se mueve de un lado al otro dándole una singularidad al día a día que pocas veces me había figurado que se le podía dar.
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Y la verdad es que yo me imagino haciendo sonar todas estas pequeñas partecitas que a veces hasta me hacen llorar.
Evocan un sentimiento de esperanza. No sé cómo explicarlo.
Pero quizá con el sonido es mejor. Quizá si directamente te pudiese compartir esta canciòn para que la puedas escuchar. Y mejor ya no voy a decir más nada. Sólo te voy a dejar acá, con esta canción, escuchándola hasta el final y reconociendo qué sentimiento existe en tu corazón durante los segundos que convivís con el silencio interrumpido por esa melodía, que elegiste escuchar hoy porque sí, porque me viniste a ver, porque me viniste a leer, porque te encontraste con este link https://www.youtube.com/watch?v=XINlEYXA3k0 y decidiste clickear, decidiste escuchar conmigo una melodía que me encanta y me hace expandir el corazón a la vez que siento un vacío en el pecho. No sé cómo explicarlo, realmente, pero suenan los vocales y sólo... lo dejo cantar. Como si me hablara.
Y lo escucho porque lo tengo enfrente. Y la cabeza se siente pesada, pero la apoyo y ya pasa, y no pasa nada, siempre podemos apoyar la cabeza, siempre podemos relajar el cuerpo, recostar la espalda, y olvidar por un rato el plano físico, para luego reencontrarlo y darle eso que nos pide, ese movimiento, ese fluir, ese disfrutar...