Quiero amarte siempre.
Así llueva o truene.
Así haya mar o desierto.
Así haya vida o muerte.
Quiero amarte siempre,
mañana, tarde, y noche.
Principalmente cuando
más lejos de mí estés,
para poder besarte
mil veces más fuerte
en el momento en el que
me toque reencontrarte.
Quiero amarte siempre,
aún si algún día
dejaras de amarme:
para amarte más intenso
y volver a enamorarte.
Quiero amarte aún
en la Luna y las Estrellas,
aún en el espacio,
aunque el Sol se apague,
las luces bajen
y nos dejen a oscuras;
allí también, no dudes,
voy a querer amarte:
porque serías mi Sol
ese Sol tan propio,
que sólo me indique
paso a paso, el camino,
sin importar dirección,
sentido ni trayecto;
donde sea con vos,
donde vayas, voy.

Pienso en vos, y es inevitable que se me dibuje la sonrisa.
Es un segundo, un momento en el que alguien hace la pregunta.
Preguntan por vos, y yo me sonrío.
Sonrío, me pongo toda colorada,
de pronto surgen carcajadas
y algo inexplicable trata de gritar
que te tengo, que sos mío,
que te amo y te quiero conmigo,
que jamás sentí algo igual
a lo que siento por vos.
Acá estoy hoy,
esto es lo que siento,
lo que me da la fuerza,
mi energía, mi motor,
para avanzar, para seguir, para soportar.
Así da gusto la vida,
así da gusto despertarse cada día:
mirándote la cara, sintiéndote respirar,
a mi lado, en contacto, piel con piel,
cara a cara, escuchándote el corazón
que late y late sin parar
convirtiéndose en la música más hermosa,
la única necesaria en mi vida
para poder ser feliz.
Explíqueme alguien
cómo puedo hacer
para dejar de pensar
por un sólo segundo
en tus ojos oscuros
en el gesto de tu cara
en tu blanca sonrisa
en tu pelo enmarañado
en tu piel tan suave
en tu olor, tu aroma
ese que me envuelve
por completo
cada vez que te tengo
a mi lado, acostado
y me pide que te ame
para toda la vida

soñé despierta

Soñé despierta con un bosque. Y estabas en ese bosque.
Yo tenía una cámara de fotos. Y te estaba sacando fotos.
Y salías hermoso en todas las fotos. Y sólo me sonreías.
Y yo sonreía también. Y todo era tan mágico y brillante.
Y el sonido del viento se metía dulcemente en mis oídos.
Y también me atravesaban los ruidos de las hojas secas
quebrándose suavemente bajo las suelas de mi calzado.
Entonces te miraba a los ojos, tras haberte fotografiado.
Y empezabas a caminar hacia mí, con el paso decidido.
Y me tomabas por la cintura, y mi mundo se tambaleaba
como si un terremoto comenzara de pronto a temblarme.
De repente, una sensación tan única, sola, inexplicable,
me invadía el cuerpo por completo, de pies a cabeza.
Y me besabas en los labios, como jamás me besaste,
y me besabas las mejillas, la nariz, la frente y el cuello,
y me besabas en los labios nuevamente, y volábamos,
y me besabas en los labios una y otra vez como nunca,
como nunca me habían besado alguna vez en la vida,
y me hiciste sentir como nunca jamás me había sentido,
tan especial, tan eterna, tan repleta, tan llena, tan viva.
Porque estaba viva, tenía ese sentimiento tan enorme,
que me rellenaba en cada espacio, llenándome de vos,
llenándome de tu aroma, de tu voz, de tu risa soleada;
me sentía bien sintiéndome amada, mientras te amaba,
me sentía bien sintiéndome tuya, a la vez que eras mío.

entregarse

y te di todo, sin dudarlo,
entregando hasta el más mínimo detalle,
por completo, enteramente,
desde lo más pequeño hasta lo más grande,
de la célula hasta toda la piel,
desde el vello más corto hasta el cabello por completo,
del primer pensamiento hasta el último,
desde el sueño más profundo hasta ese tan clarito
que suelo soñar cuando estoy entredormida.
te entregué cada día y cada noche,
cada suspiro, lo que inhalo y lo que exhalo;
te entregué mis latidos y mis pasiones,
mis deseos y mis aspiraciones.
Te di mi pasado para que hagas que se nuble,
te di mi presente para que formes parte
de mi día a día, de mi paso a paso,
y te di mi futuro para que lo inundes de tu aroma,
para que seas el protagonista
de la película de mi vida.
Para que me acaricies cada mañana
y me despiertes con un beso,
rozándome la espalda,
abrazándome entre las sábanas.
Para que me ames día y noche,
a cada segundo, en cada instante
de lo que nos quede de vida.

temer

No quisiera temer*. Pero no puedo evitarlo.
Temo.
¿Qué me da tanto miedo? No lo sé. Pero temo desde que te amo.
Yo no pensé que iba a ser así. Yo pensé que el amor venía puro. Amor así, a secas, sin nada agregado. Pensé que llegaba, lo sentía, y me inundaba. Y así fue: llegó y lo sentí, pero no me inundó de amor pleno. dejó un espacio, un pedacito, allí, vacío. Y lo rellenó de fantasmas, oscuridad y rarezas; lo llenó de cosas negras y arrugadas, de escalofríos, de pesadillas y mal dormir. Insomnios, lágrimas, la cara mojada y los ojos llorosos. Yo no quería eso. Yo no sabía que eso se incluía. Pero lo acepté, porque el amor me condicionó. Y ya no podía independizarme de ese amor. Porque lo sentí y se pegó directo en mi esencia. En lo más profundo. En el centro, justo allí donde late el motor que me mantiene viva. Y cuando comencé a vivirlo, real, junto a él, se insertó en mi cerebro. Formó recuerdos, imaginó futuros, impregnó en el pasado, colonizando. Y tanto en mi mente como en mi corazón, también transformó una pequeña parte. La quemó, la prendió fuego hasta chamuscarla y ennegrecerla. para que al transitar el día a día, no sólo ame, sino también, tema.
Temores extraños que radican en cosas algo tontas quizás; tontos temores de niña soñando con el cuco y pidiendo que le lean un cuento para volver a dormir. Temores que provocan llantos, temblores, y tormentas. Temores que se exacerban por estímulos, por pequeñas instancias, emociones, sucesos; que se relajan cuando algo demuestra fehacientemente que no hay nada que temer. Pero el temor es recurrente y no se puede evitar. Tampoco se puede tapar. No va a dejar de amanecer por más que tape el Sol con un dedo. El amanecer será real, no se podrá negar la existencia del Sol aunque esté nublado. No se podrá decir que el Sol no existe porque no se puede ver. Porque haga frío. O porque no amanezca. No es que se hable de que pueda llegar a estar "latente", no; ni siquiera latente, es REAL, existe, es, y está todo el tiempo.
Por esto y por más, temo todo el tiempo. temo no ser suficiente. Ser poco, dar poco, no llenarlo por completo, no alegrarlo, no sacarle sonrisas. Temo no ser interesante, no divertirlo, simplemente generar que se aburra, que se deprima en mi presencia. que un día deje de amarme. O que ese amor sea un enceguecimiento, simplemente una vil, vana e inútil ilusión. Que no sea para toda la vida. Que sea una obsesión momentánea. Que las palabras se las lleve el viento. Que las promesas no sean más que baratijas. Nada real. Original. Sincero. Certero.
¿Y qué sería de mí si esos temores se volvieran ciertos? Si el amor y el temor conviviendo se tornaran inestables, dolorosos, punzantes; si el temor creciera, ejerciendo poder sobre toda la zona, conquistando y proclamándose vencedor. Entonces, ¿qué queda para el amor? ¿qué sucede con la repartición de espacio que se había generado en un primer momento? Cuando deja que el temor prolifere, qué esa negrura tome el control, deshaciéndose por completo de la integridad espiritual, emocional, física, psicológica; deshaciéndose de la dignidad, del orgullo, de la fuerza, deshaciéndose de la vida misma, oscureciéndola por completo, indefinidamente; cuando todo esto se da, ¿qué sucede entonces con el alma?





*Temer:
(Del lat. timēre).

1. tr. Tener a alguien o algo por objeto de temor**.

**Temor:
(Del lat. timor, -ōris).

1. m. Pasión del ánimo, que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso.
22 de Noviembre de 2013 - 11:02 pm

Es viernes a la noche. Casi sábado. Es la tercera vez que Nicolás se queda a dormir en casa. Claramente está acostado al lado mío, jugando un juego en el celular. No sé por qué quise ponerme a escibir, supongo que tenía necesidad de expresar en palabras cómo me siento (feliz, por cierto). Cada vez que lo miro a los ojos siento que lo voy a amar para toda la vida. No sé si es real o no esto de pensar en el futuro, pero lo que sí sé que es real, fehacientemente, es este amor que siento. No sé cómo explicarlo, qué decir, cómo actuar. A veces se me escapa de las manos y no puedo explicarlo, y empiezo a tratarlo tan jesuitamente que pienso que me pongo re densa y que se va a aburrir de mí. Pero es tan grande el amor que no me entra en el cuerpo, no me queda otra que gritarlo "a los cuatro vientos". Estoy completamente enamorada de Nicolás. Lo amo tan profundamente que no encuentro límite alguno; siento que con él cualquier cosa es posible, cualquier meta es alcanzable. Sólo sueño con amarlo todos los días de mi vida, así sea haciéndole el amor, comiéndolo a besos, acompañándolo día a día, en sus malos momentos, en sus mejores momentos, en cada caída sostenerlo, en cada llanto, secarle las lágrimas. Lo amo tanto que no me razona la piel, que se me explota de amor el corazón. Y momentos como ahora, que lo tengo al lado, siento su olor, su aroma, su piel... No puedo contenerlo. Necesito besarlo. ¿Y cómo no hacerlo? Si está acá. Conmigo. Amándome. Acompañándome. Sintiéndome en cada gesto, cada palabra, cada beso y abrazo, cada susurro, cada respiración. Su risa me ilumina y al escucharlo sonrío inevitablemente. Sus ojos me marcan un camino, y yo, entregada, lo transito. Porque es mi sueño hecho realidad: mi amor más profundo, tan eterno como la misma eternidad, mágico, quizás hasta levemente siniestro, violento y enfermizo... sí, es un poco traumático, porque me está dejando marcas, huellas, improntas: allí impregnado cada charla y momento compartido, los besos que nos dimos, las tardes y noches, incluso mañanas, haciéndome tuya, haciéndote mío, haciéndonos nuestros. Vos en mí, yo en vos, compartiendo hasta el más mínimo detalle, hasta el más hondo suspiro; siendo uno, sólo uno, salidos de esta unión tan hermosa que tuvo un principio, y jamás tendrá final.
Esta vez sí creo en "para siempre". Creo en mí si estoy con vos. Y no necesito nada más.

te veo

Pasé de conocerte y verte, a pensarte. 
De pensarte, a soñarte por las noches.
De soñarte, a cerrar los ojos y contemplarte.
Y de cerrar los ojos y contemplarte, pasé a verte a mi lado,
a que estés ahí, aquí, al lado.
Te veo todo el tiempo, puedo verte, real.
Aunque no estés conmigo físicamente,
puedo verte en cada sitio.
En este lugar, donde compartimos tanto,
tanto sentimiento volcado,
tu amor sobre mí,
mi amor sobre vos:
aquí nosotros dos, amándonos.
Y veo tu cara perfectamente dibujada
sin necesidad de imaginarte, cerrando los ojos.
Sólo apareces sonriente,
sintiendo, amándome.

Existen un millón de maneras de ser feliz.
De sentirme feliz.
Pero sólo una es la que quiero, y la que me da la máxima felicidad.
Así la elijo todos los días, día a día.
Así te elijo.

redescubrimiento

Tu aroma contacta mi nariz. Tus manos, mi piel.
Y se me revienta de locura el corazón.
Si hacés silencio por un momento, podés escucharlo.
Los latidos se oyen, se vuelven perceptibles.
En mi cara se lee el sentimiento.
En mi sonrisa, en el brillo de mis ojos.
Así disfruto segundo a segundo.
Se hace tan veloz el tiempo
pero tan eterno el recuerdo.
Todo el tiempo vuelven a mi memoria:
imágenes, nuestras, allí.
Compartiendo, viviendo, siendo.
Los dos, de a dos.
Nada es individual, ni singular, ni insignificante.
Nada da lo mismo, nada da igual.
Es todo mágico, diferente, especial.
Es fascinante y maravilloso, así sea sencillo,
cotidiano, "común".
Es todo nuevo: todo se redescubre.
Así vuelvo a conocer mis primeros atardeceres,
me pierdo en la noche y redescubro la Luna
siento el frío, el calor,
transpiro por primera vez,
pruebo el helado por primera vez,
siento el viento por primera vez,
me baño, como, bebo,
me desvisto y me visto por primera vez.
Sonrío por primera vez,
lloro por primera vez,
corro, salto, y vuelo en el viento,
escucho música por primera vez.
Todo producto de algo
que siento por primera vez:
un amor tan increíble
que me llena día a día,
que me hizo renacer,
y volvió el pasado cenizas.

espirales de ilusión

¿Qué nos lleva a temer, a dudar?
¿Qué nos lleva, de pronto,
a tomar las riendas, acelerar,
para de repente abrir la puerta
y arrojarnos al piso,
sin poder parar de rodar?
Quisiera responder que son las dudas y los miedos,
los que nos llevan a temer y a dudar,
pero sería algo sin sentido justificar
la acción de dudar con la duda misma,
la acción de temer con el miedo mismo.
Simplemente se duda.
Simplemente se teme.
Quizás pisa fuerte el pasado,
quizás es la experiencia.
Quizás sólo la convivencia.
Pero hay una realidad:
el amor siempre gana.
El amor real, el amor puro y transparente,
ese que fluye y crece,
se infla, se engrandece,
y de a poco se fortalece;
ese amor tan abstracto,
pero reflejado concretamente
cuando se materializan
las caricias,
los abrazos,
los besos,
cuando se unen en uno solo
los cuerpos,
cuando se fusionan en una luz
los sueños, en aumento;
las miradas allí encontradas,
formando rayos en el aire:
energía que desprende
lazos de colores
que se giran entre sí
en espirales de ilusión:
ilusión compartida,
ilusión de dos,
que en un sentimiento
eterno se volvió.
Así, no sólo la duda
sino también el miedo,
quedan allí olvidados
en los primeros renglones,
las primeras frases,
las primeras estrofas.
Apareció el amor y nos hizo olvidar.
Todo lo anterior parece haberse esfumado;
pertenece a un pasado, algo tonto,
algo extraño, solitario, desahuciado...
Incomparable con la grandeza de esta realidad:
sintiendo un amor tan fuerte
con capacidad de hacernos renacer.


Dedicado a Maqui:
mi bichita hermosa que se me va a deshidratar.
Arriba, hermana del alma: todo va a estar bien.
Hay cosas que me dejan sin poder hacer nada, completamente inmóvil, mirando el techo de mi pieza, con la mente en blanco y tratando de formular preguntas. Pero no sólo no puedo formularlas sino que son preguntas que nunca llegan a concretarse; imagino situaciones, charlas enteras, y luego nunca se dan; se me ocurren frases para decir, palabras que combinar creando el comentario perfecto, esperando en respuesta algo que quisiera escuchar... pero nunca oigo.

tu cima

Decidí mudarme, construir una nueva casa. Allí será, en la base de esa montaña. Recogeré mis pertenencias y me marcharé hacia allí. Depositaré todo en mi nuevo hogar.

Iré a recorrer el bosque, buscaré leña para encender la hoguera.
Mantendré caliente la vivienda,
la mantendré brillante, cálida,
la mantendré abrigada,
como si fuera a rodearla con un acolchado de plumas.

Juntaré el equipo para comenzar a escalar. Día a día entrenaré mi alma, mi cuerpo, mi espíritu. Trataré de llegar a la cima, es lo que más anhelo. Pero tendré que dar mi mayor esfuerzo.
No es sencillo. Ni es fácil. Sé que el dolor tratará de hacer que flaquee. Que el ardor en el pecho, la falta de paciencia, la sensación de haber perdido, harán que quiera abandonar...
Pero estaré allí con una sonrisa, tratando de avanzar cada vez más. Tratando de seguir adelante, paso a paso, conociéndome, conociendo cada piedra, dónde y cómo pisar. Cómo evitar los obstáculos, cómo aprender a no caer, cómo enganchar el arnés para que me proteja por completo de una muerte segura.
Y cuando llegue a la cima, habré triunfado. Y allí finalmente podré instalar mi aposento, para siempre.
Allí, en esa cima tan hermosa.
Con la vista más hermosa.
Y el alma, con la sensación más hermosa.
En el pecho, una plenitud hermosa.
En el cielo, tu sonrisa hermosa,
reflejando la luz tan hermosa
que resplandece en tu cara hermosa.
Esa cima, tu corazón.
-Siento que Escalada es uno de mis lugares, pero todavía no sé realmente cuál es mi lugar en el mundo.
-Yo sí sé el mío.
-¿Dónde es?
-...con vos.
La besa dulcemente.
-Sabés que si te llegás a ir, yo me voy con vos, ¿no, Nicolás?
-Igual pensaba secuestrarte.

mirada

Cierro los ojos y me siento feliz. Aún aunque no vea, percibo luz.
Al abrir nuevamente los ojos, tu mirada, directo frente a mí.
Descubrí que es la luz más hermosa que existe en el Universo.
Descubrí que es tan maravillosa que me dormiría,
cada día de mi vida,
mirándola fijo, perdiéndome en ella.
Es una mirada soñada, igual
-en realidad la palabra es: "mejor"-
a la que soñé toda la vida,
a la que, cada noche, de niña,
buscaba encontrar alguna vez.
Esa mirada que, de sólo mirarme,
me derrite por completo.
Me alimenta un fuego en el centro de mi alma,
cuidando que no me queme, que no me incendie;
que no me extinga ni me pierda.
Sólo se alimenta, manteniendo tibio el interior.
Así me siento protegida, cuidada, mimada.
Sólo con mirar tu mirada.
Sólo con percibirla, a lo lejos.
Sólo con pensarla, como en este momento.
Mágica mirada, mirándome.
Tan pura, tan sincera, tan real.
Real como nada jamás lo había sido.
Más real aún que cada día de mi vida,
que empezó a ser real cuando conocí tu mirada.
Cuando una noche, en plena calle,
con una tenue luz iluminando nuestras cabezas
me sonreíste dulcemente, recibiéndome,
abriéndome los brazos, dejándome abrazarlos.
Me abriste el corazón, y quise abrirte el alma;
cuando quise darme cuenta, te la había entregado.
¿Cómo no hacerlo, no?
Si es imposible no caer rendida
ante esa sonrisa, esa hermosa sonrisa...
y esa mirada tan hermosa,
que se volvió mi camino, mi sendero,
mi elección y oportunidad.
No hay día que no tenga ganas de escribirte. Pero escribirte literalmente, escribirte y escribirme, escribirnos así, en unas simples palabras, en este blog. ¿Por qué? Aún no lo sé. Pienso que debe estar relacionado con mi maldita tendencia a querer recordar todo. Querer acordarme de detalles y de colores, de los personajes, los diálogos. Yo quiero recordarte todo el tiempo. Plasmarnos en un texto, una historieta, para releerlo y volverme a reír, volverme a emocionar, volver a llorar.
Pero por más que quiera, no puedo plasmar un sentimiento. Las palabras son vanas, muy vacías, ausentes. Hasta a veces son tergiversadas, provocando que se desate una tormenta. Y seguir con las palabras, y empeorarlo cada vez más. Por eso a veces desearía poder transformarme sobre el piso de tu pieza, teletransportarme, cerrar los ojos y aparecer allí.
Hoy cumplimos meses de novios.
Dos, para ser más precisos.
Pero poco me importa esta fecha...
Me importa más otra, una anterior...
El 11 de julio.
Día en el que nací de nuevo.
¿Será porque ese día te conocí?
Extrañarte se convierte en un ritual cuando sé el momento en el que volveré a interceptarte.
Porque a medida que el momento llega, mi alma se alegra.
Me entristece no mirar tus ojos... pero me hace feliz saber que, al verlos nuevamente, mi alma va a revolucionarse, y una pelotita dentro mío va a dar pequeños brincos, rebotar y recorrerme de pies a cabeza.
...por eso no podría amarrarte. Amarrarte iría contra mis principios.
Te lloraría en silencio. Pero no te pediría que vuelvas, no te rogaría.
Eso estaría en tus manos. Tu decisión. Tu elección de vida.
Compartirla conmigo, o salir a volar en busca de otro nido.
Si amaras también, serías libre de elegir dónde quedarte.
Atravesar esa puerta, o no.
Dentro o fuera.
Conmigo... o sin mí.
Siento que el amor se basa en permanecer dentro de una jaula que tiene la puerta abierta.
¿Imaginará la potencia que esconden esas dos palabras?
Detrás de la sintáctica, en el sentimiento real,
la semántica de esas letras unidas por el corazón...
Yo simplemente las digo esperando que lo perciba.
Pero no siempre se hace fácil, lo sé, creo que lo sabe.
Quisiera poder imprimírselo en sus manos,
en su frente, sus labios, sus mejillas.
Quisiera escribírselo en cada porción del mundo,
inyectarlo en el aire, que se esparza en el viento,
que lo alcance en todos los aspectos.
Quisiera que las estrellas formen una constelación.
Quisiera saber si así se siente todo el tiempo,
si se siente amado, si es suficiente lo brindado.
(Pero me lleno de temor al pensar
que puedo llegar a sumergirlo;
y sin darme cuenta, ahogarlo.)
Te necesito.
Te reclamo.
A mi lado, ahora.
Abrazándome.
Próximo a mí.
Ocupando mi cama.
Compartiendo mi espacio.
Besándome en los labios,
en la frente, en las manos.

te amo 4

Tengo un secreto para contarte:
Estoy contigo todo el tiempo.

Aún cuando tu duermes, me tienes a tu lado.
Me das la mano y te abrazo, te acerco a mi alma.
Oscilo al sentir tu respiración y caigo, enamorada.

te amo 3

Son dos palabras: "te amo"
Así de simple y sencillo. Dos palabras. Cinco letras.
Sin embargo, la realidad es que te digo que "te amo"... pero te amo más del "te amo" que te digo.
Porque las palabras son sencillas y simples.
Y esto que siento... ¿tenés una idea de lo complejo y rebuscado que es?
¿tenés una idea de lo retorcido que se vuelve a veces?
¿te das cuenta, cada vez que tiembla el cielo, cómo se sienten los cuerpos?
Los cuerpos, el alma, la vida... todo en riesgo.
Porque nuestro cielo tiembla, y caemos en el miedo.
Y cuando estalla el miedo, el alma se asusta.
Y cuando el alma se asusta, huimos despavoridos.
Pero siempre nos reencontramos...
Porque la ausencia lastima.
La ausencia nos corta los pulmones en pedazos, corta el aire.
Sólo es cuestión de volver a cruzar nuestras miradas...
Y allí, reconectar el circuito.
Y allí, dulcemente, expresar un "te amo".
No sólo uno. Millones de "te amo" dibujándose en el aire, sin palabras, sin sonidos; sólo dos cuerpos, dos caras.
Allí, uno frente al otro.
Mirándose.
Deseándose.
Amándose.

te amo 2

Jamás en mi vida creí sentir esto por alguien. Jamás creí que sería tan fuerte y magnífico. Tan fabuloso, y a la vez, tan odiosamente sometedor. Me someto ante el amor que tengo. Porque te amo tanto que no controlo los sentimientos, y cada vez es más intenso, cada vez más profundo, más eterno. No puedo imaginar un mañana en donde no vea tus ojos brillando a mi lado. No puedo imaginar no verte, no sentirte, no abrazarte. No sentir tus besos o tus palabras. Tu respiración. Tu aroma. Tu risa. O el resplandor de tu sonrisa.
Nunca dejaré que te resumas inutilmente a un recuerdo. A un pasado. A un período, con un fin.
No. Te quiero conmigo eternamente. Te quiero a mi lado para siempre.
Sos intrínseco a mi esencia.
Y te amo.

te amo 1

Así de fácil,
así sin más.
Con mirarte a los ojos
se me cura el alma.
Con sentir tus manos
abrazando mi espalda.
Amarrarte fuerte,
sujetando tu cuello.
Juntar nuestros pechos
y sonreír de la nada
al sentir tu perfume
envolviéndome otra vez.
Se hace difícil quizá,
a veces las caídas,
a veces los rayones,
a veces los golpes
y también moretones.
Pero me besás y se sana,
todo se sana;
nada asusta,
el mundo se calma,
mi corazón salta,
y la felicidad me invade.
No puedo no ser feliz.
Estoy a tu lado.
Y te amo.

Abrazame fuerte.
Dejame abrazarte también.
No temas, no llores,
cierra los ojos.
Todos los miedos sucumbirán,
los fantasmas van a perderse.
¿Sientes esto?
Es mi mano sobre tu cabeza.
Jamás sentí una textura tan suave
como la de tu pelo, despeinado.
¿Sientes esto también?
Es mi otra mano
recorriendo tu espalda.
Es mi ruta perfecta.
Arrancar en tu cintura,
seguir en tu abdomen,
subir por tu pecho,
terminar en tu espalda
para rozarte la nuca
y estamparte un beso.
¿Sientes, debajo de tu oreja?
Eso que sientes en mi pecho.
Así de acelerado late
desde que te tomé de la mano.
Desde que te miré a los ojos
y me sonreíste eternamente.
¿Sientes mi respiración?
Parece entrecortarse,
pero estoy hipervenilando;
aunque ya no me dan más
los pulmones, la nariz,
para poder oler aún más fuerte
tu perfume, tu piel.
Abrí los ojos.
Mirame.
Estoy llorando, sí, pero...
Mirá mi sonrisa.
¿Lo entendés?
La gente le dice amor.
Yo simplemente te abrazo.
Y te doy mi tiempo.
Te lo regalo.
Mi tiempo y la vida.
Es todo tuyo.

Y ahora, explicame,
¿cómo frenar el dolor?
¿cómo pausar la corriente,
el flujo de este caudal,
de este río brotando
desde lo más profundo del alma,
huyendo por los ojos,
derramándose en derredor?

Sólo me queda apoyar mi cabeza contra la almohada. No logro ver lo que escribo, sólo dejo a mis dedos tocar estas teclas, suavemente, liberando el sentimiento. Siento un corazón, latiendo débilmente, pero a la vez con fuerza. Siento la respiración entrecortada, los ojos brillosos, cristalinos. Qué me sucede? No lo sé. Quizás es la dosis de miedo que se me inyecta directo a la sangre cada vez que te siento lejos. Cada vez que detecto un distanciamiento. De repente, de la nada, las almas se desconectan. ¿Dónde quedo yo? ¿qué papel jugamos, en estos momento, los dos? ¿no es más que una tonta discusión? ¿"no es más que un roce"?. ¿cuántos? ¿cuántos más? ¿cuánto tiempo más? ¿realmente es sólo eso? ¿podrá sobrevivir a muchos roces? ¿se harán cada vez más fuertes e imposibles de sobrellevar? ¿qué es lo que falta, confianza? ¿entendimiento? ¿conocimiento? No podría imaginar una ruptura. Una caída. O lo que sea, que implique que mi alma se distancie de ese punto de luz. Es mi Sol, mi vida, mi todo, entero, completo. Sin él no podría vivir.
El tiempo juega carreras conmigo.
Va pasando con normalidad
hasta que aparecés frente a mis ojos.
Una sensación me corre el cuerpo
y se para el mundo por un momento.
Repentinamente, todo se detiene.
Se suprimen mis sentidos,
sólo mi visión queda de pie.
Al instante, cámara lenta.
Despacio, arrancan los movimientos.
Vuelven los olores y los sonidos.
Vuelve a atravesarme una ambición:
la de terminar en tus brazos,
besándote dulcemente.
Vas acercándote, ¡tan lento es todo!
Tus pasos son suaves,
y me mirás sonriendo.
Alcanzás a tocarme, y me alzás;
en un abrazo giramos, elevándonos.
Apenas te rozo, el tiempo se acelera, 
parece tan irreal, las horas vuelan.
Y en un abrir y cerrar de ojos,
me toca es despedirte,
tomándote de la mano,
con un tierno beso en la mejilla.
Y allí el tiempo vuelve a su normalidad.
A su aburrida normalidad.

4 meses

cuatro meses
de ser parte de mi vida
de ser parte de tu vida
de ser alguien para vos
no sólo una desconocida:
ser alguien que te acompaña, que te escucha
te aconseja y te brinda su vida,
te pelea, te discute,
para al fin y al cabo
volver a caer rendida a tus pies;
con errores, con tropiezos,
con todas las imperfecciones,
pero amándote con toda su alma
cada día más

sos mi puta vida entera.
Y no había sentido jamás tal sentimiento de pertenencia.
Así más fuerte que pertenecer a su propia familia, llevando el apellido, pertenecer a sus padres por ser quienes le dieron la vida, pertenecer a su provincia, a su país, al mundo. Más fuerte que pertenecer a una institución, donde había recibido su educación; que pertenecer al club de sus amores; que pertenecer a una red social, a un grupo de amigos, a un equipo de trabajo...

Le pertenecía por completo, sin margen de error. Completamente. Nadie más tenía más derecho sobre ella, sobre su cuerpo, su alma, sus pensamientos. Nada era más fuerte que ese vínculo, esa especie de atadura, que no era una condena en lo más mínimo: se sentían tan suaves las cuerdas que la sujetaban a su alma; porque así era, ya no la sujetaba la Tierra, no era la gravedad la que hacía que sus pies estén apoyados en el piso, sino los pies de él, y no era ella la que volaba sino que él la llevaba a volar. Él, único, que había estado ahí tanto tiempo, y ella sentía que su alma lo necesitaba: de sus adentros, esa necesidad de atraerlo, simplemente conocerlo, simplemente hablarle, saber quién era, verlo reír al menos una vez. Y fue allí cuando le ganó por completo, se ganó su alma y su corazón, sus proyectos, sus sueños y su futuro. Se apoderó de los recuerdos pintando su nombre en cada sensación, en el clima, en los días, las horas, las esquinas; se apoderó de todo, conquistó, y reposó sobre su vulnerable corazón.
Y cada día lo ama más, al ver sus ojos le crece tanto el amor; y aún aunque no lo vea concreto, lo sueña, y así lo inventa en sus pensamientos, y así lo materializa frente a ella, y así lo ama más; segundo a segundo, más segura, más llena, más plena, más invencible.
Sólo te pido un favor:
jamás me prives de mirar tus ojos.
Porque si tan sólo desaparecieran,
no podría ser feliz.
Me miran y allí voy,
a fundirme en el infinito:
en el cielo me acuesto,
y tomo vuelo despacio,
recorriendo las estrellas.
Tan sólo con mirarte
el alma empieza a saltar:
dentro mío una revolución,
y se me explota el corazón
de sólo pensar en el amor
que me está llenando el cuerpo.

mi clima

Te invito a ser la brisa
que recorra mi cuerpo
de punta a punta
erizándome la piel;
la que se pose sobre mi corazón
y me estremezca el alma.
Te invito a ser mi ráfaga favorita,
la tormenta más hermosa,
la lluvia que me cubra por completo.
Ser el aroma de la tierra
cuando se moja despacio
recibiendo las primeras gotas.
Te invito a ser ese tornado,
que me haga levantar vuelo,
me gire mil veces en el aire,
me arroje fuerte sobre el suelo,
me maree y me provoque
una revolución en el interior.
Te invito a precipitarte
conmigo, sobre el mundo;
sin temer a lo que venga,
besándonos la existencia,
cuidándonos la esencia.
Te invito a envolverme
como un huracán, abrazándome;
sentir mi pecho en el tuyo,
y vaticinar un futuro:
más allá de las sonrisas,
de los llantos o los golpes,
de las caídas de rodillas,
simplemente, juntos.

corazón desbocado

Gástame los labios,
bésalos con tanta fuerza
hasta que me sangren:
y así descubrir que
el dolor es tan sólo
una simple cosquilla,
que aún el dolor que
quizás, me provoques,
es el dolor más bonito;
que la sangre que brota
es como un campo de rosas
surgiendo y creciendo
haciéndose hermosas.
Y así, en ese beso,
enséñame a volar
tan, pero tan alto,
hasta perdernos en el tiempo;
que cada uno de los instantes
sean por siempre eternos.
Déjame tu sabor
en cada porción de mi boca,
y que se detenga la Tierra
con el Sol iluminándonos:
hacernos brillo y brillar
con una luz infinita
brotando de las almas.
Déjame verte reír
y así día a día poder volver
a enamorarme de tu sonrisa
como aquella primera vez
que provocaste en silencio
que se desboque mi corazón.

Mirar, callar,
sonreír, y amar;
sentirme renaciendo,
al encontrar
un beso celestial
que me eleve el cuerpo.

En la oscuridad
los ojos no ven
pero el alma está latiendo.
Logro percibir
tu piel junto a mí:
pierdo la noción del tiempo.

Es la fusión,
se va el dolor,
y ya no hay más recuerdos.
La sensación
de desesperación,
ya no quema mi cielo.

Siento que la paz
me invade al rozar
tus labios con los míos.
Hablo sin hablar,
te vuelvo a mirar,
y te quiero conmigo.

Eternidad,
no importa el tiempo ya,
ya no hay más heridas.
Todo lo que
necesitaba para vivir,
lo encontré en tu vida.

Me dispongo de esta manera
a entregarte todo mi corazón:
aquí en mis manos lo ubico,
y te lo brindo de una vez.
Sigue latiendo, allí está,
bombeando firmemente.
¡Mira la fuerza con la que late,
mira los latidos, tan intensos!
Observa detenidamente,
concéntrate en el detalle:
tómalo en tus manos,
¡mira cómo hace!
¡mira cómo se enfurece
al aproximarse despacio
al centro de tu alma!
¿Lo ves? ¿Entendés?
Es la única forma de sentirme
más viva, más real, existiendo.
Se aproxima a vos y allí
entre tus manos,
encuentra la fuerza.
Allí están las ganas,
la pasión y la aventura,
el amor que lo llena,
por completo, repleto.
Se rebalsa y disfruta,
y late tan apasionadamente
que aún lejos de mi pecho
hace correr la sangre.
¡No! No me lo devuelvas;
es tuyo ya, hace tiempo,
desde que me robaste
el primer pensamiento del día
y el último, antes de dormir.
Desde que me te apropiaste
de los sueños y los recuerdos.
De los proyectos, del futuro.
De los planes, de los suspiros.
De las risas sin sentido
cuando prolifera la imaginación.
¿Cómo no querer estar, entonces
con mi corazón colgando
en tus manos para siempre?

para vos.

Voy a pedirle a una estrella
que baje del cielo tan sólo unas horas,
que se pose sobre tus sueños
mientras estás acostado, durmiendo.
Le diré que se ocupe del mal que te aqueja,
que te susurre una palabra
despacio, en tu oreja,
que te tome de los pies, te haga danzar,
te inunde de calidez, con todo su brillar.
Llamaré a la Luna, tan blanca, tan pura,
y que atraiga con su fuerza todos tus fantasmas,
que te quite la pena que en el alma perdura,
que se llene esta noche e ilumine las penumbras.
Me arrodillaré ante el Sol,
aún aunque me derrita,
para que su rayo más hermoso
entre por las rendijas
de la persiana de tu habitación;
y que esa dulce luz,
te despierte con ternura,
y en la reminiscencia más profunda
surja un pensamiento azul,
con esperanza de sonrisa
y de prolongar ese brillo
hasta el final de los días.
Le cantaré al alba una canción
y pediré que la recuerde;
que la tararee cuando camines
bajo ese techo celestial,
y le dejaré una porción
del aroma de mi piel
a las ráfagas de viento
que te chocan al pasar;
así llevarte mi recuerdo,
mi voz, mi luz, mi amor,
mis razones, mis deseos,
mis besos, mis anhelos:
todos inspirados en vos.

en el bosque

En el bosque nada parece ser normal,
no parece ser gustoso cuando el sol se va,
cuando la fragancia del mar
parece alejarse de mi nariz.
Porque baja la luz,
el viento sopla más fuerte
y se siente frío en la humedad de la noche.
No pretendo sentirme bien,
simplemente no quiero estar allí...
es que las sombras me atemorizan.
El camino se bifurca y se vuelve a bifurcar,
marchando sobre mis pasos,
buscando qué encontrar,
las farolas se apagaron en un sueño singular,
se apagaron y no prenden,
así vuelvo a fracasar.
Y en las ráfagas no aparece ese aroma peculiar,
el aroma de la piel que pienso al despertar,
que busco en cada instante.
Tampoco el viento me trae esas manos
para tomar las mías con fuerza,
con esa calidez tan confortable,
que me haga sentir segura,
que me haga sentir en casa.
Por eso sigo caminando,
aunque tenga frío, aunque tenga miedo;
porque pienso en vos, que sos mi sueño.
El motor en mi cabeza me da el valor,
haciendo encastrar las fichas en mi interior,
avanzo sin pausa.
Y me despierto de esa pesadilla,
en la que no te hallo más que en mis pensamientos.
Pero aún no sería el peor de los destinos:
terrible se me haría el no haberte conocido.

Cariño
y ganas de sonreír,
intactos.
Pero una nostalgia
es la que ahora
reina allí.
Y a eso deberá aferrarse,
pues aprendió que
no puede ser todo
tan perfectamente
redondo
perfecto
ideal.
Son ciclos:
suceden,
comienzan,
transcurren,
finalizan.
Y luego se repiten
nuevamente
en cuerpos nuevos
nuevos caminos
nuevos sentidos
nuevas pasiones y sueños.
Pero es el sueño más grande
el del amor,
con el que siempre soñó,
que sólo llegó
le robó el corazón.
¿Cómo verlo
tan al alcance
y dejarlo escapar?
No se lo perdonaría.
Por eso arriesgó,
y aunque perdió una mitad,
se reconstruyó.
Ahora extraña,
pero sabe que la vida
y esas energías
tan poco sutiles,
tan especiales y peculiares,
existen,
siguen siendo;
así se vuelven a unir
porque los ríos que se mueven
a su misma velocidad
se encontrarán con su alma
en la desembocadura.

Te miro.
Me miras mirarte.
Y ahí preguntás qué es lo que estoy mirando.
Me sonrío.
No respondo.
Me vuelves a preguntar y te beso.
No es que no sepa qué decirte,
pues en mi alma ya no caben dudas,
sólo que,
¿cómo podría yo articular
la más sencilla palabra
cada vez que te miro a los ojos?
Si allí es que me pierdo por completo,
me pierdo del mundo,
me encuentro en lo profundo,
sintiéndote dentro
sujetándome el alma.

vibración

Vibró uno de sus sueños y se conmocionó.
Abrió los ojos, con el corazón revolucionado.
Le asustó la oscuridad, o saber la verdad.
¿Dónde había estado todo ese largo tiempo?

Arrojada en el piso, una suave sábana
cubría su cuerpo de pies a cabeza.
Su vista se le acostumbró a la negrura.
Divisó la habitación, nada parecía claro.
estiró sus brazos, sus piernas, su cuerpo.
Pero al estremecerse, rozó una piel nueva.
Diferente a la suya, al parecer desconocida.
Le extrañó un poco la sensación.
No por miedo...
Bien imaginaba qué era lo que había allí.
Le extrañó el hecho de olvidar el miedo
que ese mal sueño le había traído
hacía tan solo algunos segundos.
Porque sólo con ese roce, se sintió en casa.
Tan familiar, se sintió tan conocido...
nuevo por completo, pero no era extraño.
Le hizo sentir seguridad. Perder el temor.
Sin dudarlo buscó algo de donde sujetarlo.
Encontró una mano, la tomó con fuerza.
Se sonrió al sentir que la tomó también.
Con su otra mano, buscó un cuerpo.
Allí lo encontró, echado a centímetros.
Se le acercó despacio, abrazándolo.
Su brazo, con lentitud, también la abrazó.
Una luz nueva se encendió en el cuarto
o así le pareció, cuando lo vio abrir sus ojos.
Sus miradas se cruzaron, magníficamente.
Él se sonrió, ella mordió con fuerza:
saber si era un sueño, si aún estaba durmiendo.
Pero sus ojos brillaban y ella se encandiló.
No temió, y con su boca buscó sus labios.
Allí estaban. Únicos, mágicos, increíbles.
Lo más delicioso que jamás había probado.
La tomó, y sus energías se fusionaron.
Le vibró todo su cuerpo, vibró el alma,
vibraron nuevos sueños, naciendo ahí.
Vibraron las paredes y el corazón,
con una sonrisa imborrable repleta de amor.
Le vibró el amor en el centro,
justo en medio de su esencia,
predominando en su existencia.
Decidió vivir por eso, encontró la razón.
Se amarró con fuerza, escribió una canción,
narró un libro, narró una historia,
y se entregó por completo a esa pasión.
Jamás volvería a dudar del sentido de la vida.
Sólo bastaba saber que él existía.

blancos girones

Me equilibrás.
Al segundo, me desordenás.
Me ponés de pie,
y en instantes, cuelgo de cabeza.
Me arrodillo y me acuesto,
y te sentás sobre mi espalda.
Hago fuerza y te levanto
y caemos, en blancos girones.
Una mueca de sonrisa
se convierte en carcajada,
con los dedos jugando
a hacer cosquillas de la nada.
Y me esquivás y te persigo,
y me provoca y me dan ganas
de abrazarte hasta la muerte.
Mirarte a los ojos sin importar
quedarme ahí, viendo.
Y dejar que mi mente proyecte
fusionando alma y corazón,
reluciendo en mi cabeza
segundos increíbles,
escenas de ensueño
pero tan reales, tan felices
tan tuyas, mías, nuestras.
Imposible de cambiarlo,
aún duela, aún sangre.
Porque es más fuerte
que todo y que todos.
Y como la tormenta más furiosa
se desata y causa estragos.
No me importa controlarlo.
Me condeno a atarme,
me sujeto de tus brazos.
Es una condena que disfruto.
Tengo un sueño, y es que nunca nadie vuelva a lastimar un alma.
Pero cuando era chica me dijeron que los sueños son difíciles de realizar.
Que me sujete a cosas reales y tangibles, no a idealizaciones.

Pero mi realidad es que mis utopías y valores personales me hacen avanzar.
Sólo con ellos puedo sujetarme a la vida.
Sólo con ellos puedo constituirme como persona. Humana. Siendo, sintiendo.
Sino me vería a ser un autómata más.
Otro más amarrado a lo de siempre.
A la televisión, las noticias, las preocupaciones día a día.
Que "no llego", que "tardo", que "no hay tiempo".
No llegar a donde jamás se hubiese propuesto llegar.
Tardar por pensar en su tardanza.
¿No hay tiempo para darse cuenta que ya no hay tiempo?
Prefiero vivir viviendo aunque nadie entienda cómo.
Prefiero soñar que algún día sabré volar aunque se rían de mis ilusiones.
Porque son combustible y motor de vida, son la chispa para el alma.
Y me ilusiono y sonrío y me emociono y lloro.
Porque estoy viva y siento la alegría del vivir allí.
Al estremecerme, al ilusionarme, al cerrar los ojos y sentir la brisa erizándome la piel.
Allí está la vida. No soy solo yo.
Es el viento. Son las ganas. Las gotas de lluvia. La fuerza del amor. La derrota del olvido.
Es el Sol. Los rayos de calor. Su luz. Su brillo. La energía de su fuerza.
Sentir que en la vida, finalmente, algunas personas son elementos del cosmos.
Algunas son el cielo. Otras el Sol. Otras la Luna, las estrellas.
Otras personas son estados del clima. Desde las lluvias más torrenciales hasta los días más soleados.
Otras, simples factores. Vientos huracanados. Ráfagas. Tifones, humedad...
Será que simplemente fue así.
Un factor.
Una tormenta duradera, persistente.
Duró lo que tenía que durar.
Desapareció por completo...
Al punto de parecer que se desconocen.
Habiendo tanto en común,
habiendo pasado tantas palabras, tanto afecto, cariño desmesurado...
El pulmón sanó después de la pérdida.
Así de simple.
Sólo un poco de aceptación, levantar la frente y sonreír con la mueca más sincera.
Sonreír desde los ojos también, dejándolos secar,
borrando la desdicha y el dolor del desprendimiento.
Porque cuando se siente en silencio
sólo hay que dejar cerrada la boca.
Omitir la verdad pretendiendo estar bien.
Pero resignar la felicidad propia no es una solución duradera.
Sólo aguanta un poco. 
Depende de la fuerza y la resistencia del amor que se siente.
Depende de los golpes y porrazos en el trayecto.
Si el miedo a la muerte se vuelve frecuente, entonces es en vano.
El amor no es suficiente.
Y ahí uno simplemente se rinde y suelta, aún sabiendo que soltar dolerá,
dolerá la caída y la pérdida, el desconsuelo.
Pero siempre puede que debajo... hayan unas dulces manos
esperando sujetar, y amortiguar la caída.
Puede que, detrás de esa tormenta duradera, persistente,
aparezca el cielo celeste, el Sol tan luminoso.
Ambos fusionados en sus brazos.

sentimiento viejo,
que aún chillaba un poco desde las enrtañas
porque no había podido liberarlo.