Me dispongo de esta manera
a entregarte todo mi corazón:
aquí en mis manos lo ubico,
y te lo brindo de una vez.
Sigue latiendo, allí está,
bombeando firmemente.
¡Mira la fuerza con la que late,
mira los latidos, tan intensos!
Observa detenidamente,
concéntrate en el detalle:
tómalo en tus manos,
¡mira cómo hace!
¡mira cómo se enfurece
al aproximarse despacio
al centro de tu alma!
¿Lo ves? ¿Entendés?
Es la única forma de sentirme
más viva, más real, existiendo.
Se aproxima a vos y allí
entre tus manos,
encuentra la fuerza.
Allí están las ganas,
la pasión y la aventura,
el amor que lo llena,
por completo, repleto.
Se rebalsa y disfruta,
y late tan apasionadamente
que aún lejos de mi pecho
hace correr la sangre.
¡No! No me lo devuelvas;
es tuyo ya, hace tiempo,
desde que me robaste
el primer pensamiento del día
y el último, antes de dormir.
Desde que me te apropiaste
de los sueños y los recuerdos.
De los proyectos, del futuro.
De los planes, de los suspiros.
De las risas sin sentido
cuando prolifera la imaginación.
¿Cómo no querer estar, entonces
con mi corazón colgando
en tus manos para siempre?