El tiempo juega carreras conmigo.
Va pasando con normalidad
hasta que aparecés frente a mis ojos.
Una sensación me corre el cuerpo
y se para el mundo por un momento.
Repentinamente, todo se detiene.
Se suprimen mis sentidos,
sólo mi visión queda de pie.
Al instante, cámara lenta.
Despacio, arrancan los movimientos.
Vuelven los olores y los sonidos.
Vuelve a atravesarme una ambición:
la de terminar en tus brazos,
besándote dulcemente.
Vas acercándote, ¡tan lento es todo!
Tus pasos son suaves,
y me mirás sonriendo.
Alcanzás a tocarme, y me alzás;
en un abrazo giramos, elevándonos.
Apenas te rozo, el tiempo se acelera, 
parece tan irreal, las horas vuelan.
Y en un abrir y cerrar de ojos,
me toca es despedirte,
tomándote de la mano,
con un tierno beso en la mejilla.
Y allí el tiempo vuelve a su normalidad.
A su aburrida normalidad.