...por eso no podría amarrarte. Amarrarte iría contra mis principios.
Te lloraría en silencio. Pero no te pediría que vuelvas, no te rogaría.
Eso estaría en tus manos. Tu decisión. Tu elección de vida.
Compartirla conmigo, o salir a volar en busca de otro nido.
Si amaras también, serías libre de elegir dónde quedarte.
Atravesar esa puerta, o no.
Dentro o fuera.
Conmigo... o sin mí.