espirales de ilusión

¿Qué nos lleva a temer, a dudar?
¿Qué nos lleva, de pronto,
a tomar las riendas, acelerar,
para de repente abrir la puerta
y arrojarnos al piso,
sin poder parar de rodar?
Quisiera responder que son las dudas y los miedos,
los que nos llevan a temer y a dudar,
pero sería algo sin sentido justificar
la acción de dudar con la duda misma,
la acción de temer con el miedo mismo.
Simplemente se duda.
Simplemente se teme.
Quizás pisa fuerte el pasado,
quizás es la experiencia.
Quizás sólo la convivencia.
Pero hay una realidad:
el amor siempre gana.
El amor real, el amor puro y transparente,
ese que fluye y crece,
se infla, se engrandece,
y de a poco se fortalece;
ese amor tan abstracto,
pero reflejado concretamente
cuando se materializan
las caricias,
los abrazos,
los besos,
cuando se unen en uno solo
los cuerpos,
cuando se fusionan en una luz
los sueños, en aumento;
las miradas allí encontradas,
formando rayos en el aire:
energía que desprende
lazos de colores
que se giran entre sí
en espirales de ilusión:
ilusión compartida,
ilusión de dos,
que en un sentimiento
eterno se volvió.
Así, no sólo la duda
sino también el miedo,
quedan allí olvidados
en los primeros renglones,
las primeras frases,
las primeras estrofas.
Apareció el amor y nos hizo olvidar.
Todo lo anterior parece haberse esfumado;
pertenece a un pasado, algo tonto,
algo extraño, solitario, desahuciado...
Incomparable con la grandeza de esta realidad:
sintiendo un amor tan fuerte
con capacidad de hacernos renacer.


Dedicado a Maqui:
mi bichita hermosa que se me va a deshidratar.
Arriba, hermana del alma: todo va a estar bien.