Gástame los labios,
bésalos con tanta fuerza
hasta que me sangren:
y así descubrir que
el dolor es tan sólo
una simple cosquilla,
que aún el dolor que
quizás, me provoques,
es el dolor más bonito;
que la sangre que brota
es como un campo de rosas
surgiendo y creciendo
haciéndose hermosas.
Y así, en ese beso,
enséñame a volar
tan, pero tan alto,
hasta perdernos en el tiempo;
que cada uno de los instantes
sean por siempre eternos.
Déjame tu sabor
en cada porción de mi boca,
y que se detenga la Tierra
con el Sol iluminándonos:
hacernos brillo y brillar
con una luz infinita
brotando de las almas.
Déjame verte reír
y así día a día poder volver
a enamorarme de tu sonrisa
como aquella primera vez
que provocaste en silencio
que se desboque mi corazón.