No hay día que no tenga ganas de escribirte. Pero escribirte literalmente, escribirte y escribirme, escribirnos así, en unas simples palabras, en este blog. ¿Por qué? Aún no lo sé. Pienso que debe estar relacionado con mi maldita tendencia a querer recordar todo. Querer acordarme de detalles y de colores, de los personajes, los diálogos. Yo quiero recordarte todo el tiempo. Plasmarnos en un texto, una historieta, para releerlo y volverme a reír, volverme a emocionar, volver a llorar.
Pero por más que quiera, no puedo plasmar un sentimiento. Las palabras son vanas, muy vacías, ausentes. Hasta a veces son tergiversadas, provocando que se desate una tormenta. Y seguir con las palabras, y empeorarlo cada vez más. Por eso a veces desearía poder transformarme sobre el piso de tu pieza, teletransportarme, cerrar los ojos y aparecer allí.