mirada

Cierro los ojos y me siento feliz. Aún aunque no vea, percibo luz.
Al abrir nuevamente los ojos, tu mirada, directo frente a mí.
Descubrí que es la luz más hermosa que existe en el Universo.
Descubrí que es tan maravillosa que me dormiría,
cada día de mi vida,
mirándola fijo, perdiéndome en ella.
Es una mirada soñada, igual
-en realidad la palabra es: "mejor"-
a la que soñé toda la vida,
a la que, cada noche, de niña,
buscaba encontrar alguna vez.
Esa mirada que, de sólo mirarme,
me derrite por completo.
Me alimenta un fuego en el centro de mi alma,
cuidando que no me queme, que no me incendie;
que no me extinga ni me pierda.
Sólo se alimenta, manteniendo tibio el interior.
Así me siento protegida, cuidada, mimada.
Sólo con mirar tu mirada.
Sólo con percibirla, a lo lejos.
Sólo con pensarla, como en este momento.
Mágica mirada, mirándome.
Tan pura, tan sincera, tan real.
Real como nada jamás lo había sido.
Más real aún que cada día de mi vida,
que empezó a ser real cuando conocí tu mirada.
Cuando una noche, en plena calle,
con una tenue luz iluminando nuestras cabezas
me sonreíste dulcemente, recibiéndome,
abriéndome los brazos, dejándome abrazarlos.
Me abriste el corazón, y quise abrirte el alma;
cuando quise darme cuenta, te la había entregado.
¿Cómo no hacerlo, no?
Si es imposible no caer rendida
ante esa sonrisa, esa hermosa sonrisa...
y esa mirada tan hermosa,
que se volvió mi camino, mi sendero,
mi elección y oportunidad.