Tengo un sueño, y es que nunca nadie vuelva a lastimar un alma.
Pero cuando era chica me dijeron que los sueños son difíciles de realizar.
Que me sujete a cosas reales y tangibles, no a idealizaciones.
Pero mi realidad es que mis utopías y valores personales me hacen avanzar.
Sólo con ellos puedo sujetarme a la vida.
Sólo con ellos puedo constituirme como persona. Humana. Siendo, sintiendo.
Sino me vería a ser un autómata más.
Otro más amarrado a lo de siempre.
A la televisión, las noticias, las preocupaciones día a día.
Que "no llego", que "tardo", que "no hay tiempo".
No llegar a donde jamás se hubiese propuesto llegar.
Tardar por pensar en su tardanza.
¿No hay tiempo para darse cuenta que ya no hay tiempo?
Prefiero vivir viviendo aunque nadie entienda cómo.
Prefiero soñar que algún día sabré volar aunque se rían de mis ilusiones.
Porque son combustible y motor de vida, son la chispa para el alma.
Y me ilusiono y sonrío y me emociono y lloro.
Porque estoy viva y siento la alegría del vivir allí.
Al estremecerme, al ilusionarme, al cerrar los ojos y sentir la brisa erizándome la piel.
Allí está la vida. No soy solo yo.
Es el viento. Son las ganas. Las gotas de lluvia. La fuerza del amor. La derrota del olvido.
Es el Sol. Los rayos de calor. Su luz. Su brillo. La energía de su fuerza.