la tristeza ajena
es simplemente
una búsqueda
de un sentir
que parezca real,
para comprender
que existen
y viven
porque no logran
encontrar
otro sentimiento,
que las lágrimas
no brotan
sino salen
a la fuerza,
que la expresión
de dolor,
es simplemente
una mueca
y no un reflejo
del estado del alma...
Y ya no sabemos
en qué creer.
Así de rápido cambian los panoramas.
Ayer, por un momento, pensabas en lo dura que sería tu vida,
en lo difícil que se convertiría el camino,
de tener que soportar cada día
esa terrible situación,
de dolor, desprecio,
indiferencia,
resignación.
Hoy parece que las cosas van tomando su curso.
Aún estando conscientes de que la realidad
difiere por completo con nuestras verdaderas intenciones;
aún así dejamos proliferar el querer.
Simplemente liberarse y dar lugar a amar,
sin importar qué tipo de amor es,
sino con un sólo objeto en mente:
brindar amor puro,
gratuito,
sanador.
Buscar la felicidad en la sonrisa ajena,
buscar que esa sonrisa permanezca perenne...
Y vivir a la espera.
Pero nunca olvidarlo me permite saber por qué sufrí viejas heridas.
Siempre en guardia, analizando.
Cuidando que mis cicatrices no vuelvan a abrirse.
Y aunque quisiera creer que de esta manera
no habría forma de dolor,
ni manera de daño,
siempre habrán nuevas.
Siempre esos golpes que no atajamos,
que nos pescan desprevenidos,
distraídos,
sin poder prevenirlos,
llegan alguna vez.
Llegan
y quizás raspan un poquito,
y quizás corten un poquito,
y quizás masacren el alma.
Y siempre también presente
el miedo a que se aparezcan.
Mirando las agujas del reloj
avanzar cada segundo,
asustados de pensar que quizás
en el próximo segundo
podríamos llegar a desaparecer...
Pero, ¿de qué vale este miedo?
¿Cuál sería el sentido del vivir, entonces?
Simplemente eso: vivir.
Y tener miedo a dejar de existir
es el miedo más real.
Sólo no hay que dormirse en la espera,
sino vivir intensamente hasta el final.
No guarda ningún calor.
Ni el recuerdo de la sensación.
Parece todo tan lejano...
Indefectiblemente,
lo impredecible
se vuelve una obviedad,
cuando todo se va derrumbando
y de a poco, vamos cayendo.
Y si antes, la distancia
no era obstáculo
para la fuerza del sentir,
ahora el sentir
se siente vacío,
y no es por la distancia,
sino por el abandono.
Exhala repetidas veces.
Mira.
Está lo suficientemente empañado.
Espera treinta segundos.
Aún sigue empañado.
Sonríe, y dibuja un corazón.
Sus dedos sonríen.
Su cuerpo sonríe.
Mira.
Hay un corazón allí.
Sigue sonriendo.
Duerme.
Se despierta.
Respira.
Mira la ventana.
Vacía.
Sólo ve a través.
No hay nada allí.
Ni rastro
de su corazón.
De la nada,
desapareció.
Pero lo sabe.
Sabe que alguna vez,
existirá.
Será real.
Y persistirá.
Ejemplo:
"Yo lo había amado ya una vez. Luego lo odié. Pero, a fin de cuentas, después... lo volví a amar."
frasco de recuerdos
¿La realidad?
La realidad era que la realidad era un sueño.
Lo que había parecido real, esfumado,
se alejaba con el viento que cantaba en la noche.
Y los recuerdos quedaban
escondidos entre las sombras,
guardados en un frasco,
sellado, envuelto.
Nube de algodón,
se elevaba hasta el cielo;
allí deposita su frasco.
Baja, sonríe,
y con una lágrima en el ojo,
los despide.
Un millón de pensamientos
van muriendo a cada instante,
frases nunca dichas
quisieran ser libres
pero una pared se construyó
frente a las miradas amables
que brillaban a cada lado
observándose entre sí.
Pero la pared es un espejo,
y a través,
un brillo se distingue
aún sin apagarse.
Es duradero,
y en la emoción de descubrir
que podría ser perenne,
miran la nube en el cielo,
y piden que una lluvia
caiga suave sobre sus cabezas,
renovando,
limpiando,
removiendo las cenizas,
y dando nuevas posibilidades.
Estar donde deseamos estar.
Es sólo cerrar los ojos.
Liberar los brazos.
Y aletear.
Aletear como un bello pájaro, incandescente,
a la luz de la blanca Luna,
sedienta de noche, de mar, de luceros.
¡Ay, de la blanca Luna!
¡Ay, del bello pájaro!
Acaricia la espuma la orilla de esa playa,
y el viento mece suave las ramas de los médanos.
Es una canción de cuna para esas dos almas
arrojadas en la arena bajo la tibia oscuridad,
cubiertas por el manto de la negrura de la noche,
pero deslumbrados ante el brillo de las magnas estrellas,
que titilan, titilan, y vuelven a titilar.
Vibran sus cuerpos y se sonríen,
y aunque todo parezca oscuro,
sólo se dejan alumbrar.
El suave viento,
la canción de cuna,
y esas almas, como criaturas,
correteando por ahí,
salen a jugar.
el tiempo dirá
una mirada tras otra,
un silencio no incomoda,
y extrañeza del sentir.
Extraño de hace tanto,
y curioso se acerca,
un poco desorientado,
inentendible.
Sí, no se entiende,
no le parece lógico,
pero comienza a existir
un temblor por dentro.
No se anima,
entre la inseguridad,
pero "el tiempo dirá",
dicen algunos.
Sujetando esa frase
se sonríe.
Y por cada día que pasa, un 'te quiero' que se pierde.
Pero no es por no sentirlo,
sino por morderse los dientes,
para callar el sentimiento y hacer ameno el paso del tiempo.
Pero son sentires diferentes,
y difieren y lastiman.
Las palabras no dichas se guardan en un cajón,
junto con los abrazos que el tiempo acumuló.
Y segundo a segundo las agujas giran,
como alguna vez giró su cuerpo,
entre los brazos ajenos,
en la arena y en la orilla,
con ese agua salada,
oleando sobre sus pies.
Un mar testigo guarda
historias jamás contadas.
Sólo son recuerdos que relucen
cuando, quizás al mismo tiempo,
ambos miran la hermosa Luna,
y cierran los ojos despacio,
pensando en aquella luz
que una extraña mañana
iluminó suavemente sus caras
mientras el viento de la costa
su vestido le flameaba.
Un amigo imposible,
por más fuerza que haga.
"Warning...
― Chuck Palahniuk, Fight Club (1999)
Cerrando Círculos - Paulo Coelho
Es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer más allá del tiempo necesario, perderás la alegría y el sentido de todo lo demás.
Cerrando círculos, cerrando puertas o cerrando capítulos.
Como quieras llamarlo.
Lo importante es poder cerrarlos.
Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?
¿Se acabó la relación?
¿Ya no vives más en esa casa?
¿Debes irte de viaje?
¿La amistad se acabó?
Puedes pasar mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en regresar la cinta y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos destinados a ir cerrando capítulos.
A pasar la hoja.
A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos por qué.
Lo que pasó, pasó.
Y hay que soltarlo, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
No.
¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, dar presentes, cambiar de casa.
Romper papeles, tirar documentos, vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos internos de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.
El pasado ya pasó.
No esperes a que te devuelvan, no esperes a que te reconozcan, no esperes a que ”alguna vez se den cuenta de quién soy yo”.
Suelta el resentimiento; al prender tu “televisor” personal para ver y volver a ver el asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, amargarte.
La vida camina hacia adelante, nunca hacia atrás.
Porque si andas por la vida dejando puertas abiertas, “por si acaso”, nunca podrás desprenderte ni vivir el hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no terminan, posibilidades de “regresar” (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que te invadieron.
Si puedes enfrentarlos ya y ahora… ¡Hazlo! Si no, déjalos ir, cierra
capítulos. Di para ti mismo que no, que no volverá.
Pero no por orgullo ni por soberbia, sino porque tú ya no encajas allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio… Ya no eres el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.
Cierra la puerta, pasa la hoja, cierra el círculo.
Ni tú serás el mismo ni el entorno al que regreses será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por tí mismo, desprenderte de lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable.
Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir
porque cuando viniste a este mundo, llegaste sin ese accesorio, por lo tanto, se ha vuelto una costumbre vivir pegado a él y, es un trabajo personal aprender a vivir sin ese accesorio humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, repito, nada ni nadie nos es indispensable. Se trata de costumbre, apego, necesidad.
Pero… cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta.
Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir hacia adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!
calidez perenne
Y hay que mirar para abajo, o para arriba, o respirar hondo, mirar el camino, memorizarlo, y recorrerlo con los ojos cerrados. Pero al costado del camino ese brillo latente sigue estando, y no lo puede mirar, debe esquivarlo, porque no sabe si van a volver a iluminar. Simplemente se desliza en una nube de ensueño, recreando imágenes que se vuelven reales en una ilusión. Iba más allá de lo que separa la realidad de la ficción, era una ficción real, porque el recuerdo del calor es eterno, su calidez perenne.
La luz de una vela se enciende.
Sólo espero recibir el brillo.
Volver a brillar.
Pero todo a su debido tiempo.
Y aceptando lo que deba ser.
Lucecitas navideñas
En las lucecitas navideñas, cuando una lucecita se quema, a veces se corta el circuito. Algunas lucecitas siguen funcionando, otras no. Quizás en unas lucecitas con forma de red, sólo deja de funcionar esa que se quema. Quizás en unas lucecitas con forma de cable lineal, se quema una y todo deja de funcionar.
En la vida hay aspectos, diferentes, que dividen las áreas de interés. En cada área hay unas lucecitas en red. Y de cada lucecita, sale un circuito.
Iluminamos. A veces constantemente. Otras de lo tenue a lo fuerte. Otras con ritmo. Otras intermitentemente.
Y de repente, una lucecita se quema. Y todo un circuito se corta. Y ese circuito corta otro.
Nos quedamos sin lucecitas.
Ya no brillamos ni coloreamos.
Y el brillo se vuelve un recuerdo, y sin luz sólo se percibe un vacío, se percibe haber desaparecido.
Pero estamos allí. Colgados de la vida. A la espera.
Esperamos un repuesto. Unas lucecitas nuevas. Unos cablecitos para cambiar. Nuevos filamentos.
Sólo hay que dejarse ayudar para que alguien nos ajuste.
Y volver a brillar.
y no se llena de repente,
sólo te empuja y te hace a un lado
si pensás diferente.
a la música de la compañía
en un ambiente extraño
de sentir las almas
sentadas a cada lado.
Almas que se desconocen
pero en simples palabras
supieron comunicarse
acompañarse de pronto
en lo inmenso de la noche,
conectando sus energías
a traves del viento,
y expresar el anhelo
que ambos comparten.
Anhelan sentir,
y vivir existiendo.
Sentir el sentido de la vida
a partir del viviendo,
y no escuchando los cuentos
o lo que dice el resto.
Forjar el camino propio
que los hace diferentes,
pero no por eso
se creen más que todos.
Simplemente piensan
en la maravilla del existir
pensando cómo afrontar
cada momento,
en el que el corazón
va cayendo,
buscando tocar fondo
para salir,
emergiendo.
cuando uno existe
y es real
para tantos otros.
Pero,
¿cuál es el límite que separa
lo real de lo que no lo es?
Si en un sueño el calor de la piel se siente tan real,
quizás,
hasta más real que
en un encuentro.
Entonces,
desaparecer realmente,
podría no ser real.
Simplemente ser parte de un sueño.
Aunque quizás el sueño sea lo real,
y lo real, una gran mentira.
No temas
no le temas al silencio ni a la soledad.
No le temas al fracaso ni te fíes del éxito,
porque cuando no es duradero,
no siempre logra darte felicidad.
No le temas al miedo,
pues tenerle miedo al miedo
es sentir miedo igual;
y el miedo es cotidiano,
es algo natural,
está bien sentir miedo
aún cuando no lo puedes manejar.
No le temas al dolor y al llanto
que así como llegan, también se van;
ni le temas a las tormentas,
porque el Sol vuelve a asomar.
No le temas al abrazo
ni al beso que el alma
siempre quiso dar.
No le temas al paso del tiempo
que lo que tiene que llegar
a la larga o a la corta
siempre va a llegar.
No pienses en el "nunca"
porque nunca es imposible.
No le temas a las posibilidades,
porque son las que nos dan
las riendas del destino;
por eso tampoco le temas
a las opciones y los caminos,
las decisiones son necesarias,
así que tampoco temas decidir;
aunque sea difícil
elegir por dónde seguir
es una suerte tener diferentes rumbos
para poder seleccionar uno de ellos;
asi que no temas a encaminarte,
ni te eches hacia atrás;
siempre habrá tiempo
para tomar las decisiones
así que sólo decide
con convicción y seguridad.
No decidas en momentos
de tristeza extrema,
dolor o felicidad;
elige con la mente clara,
y aclara la mente de los demás.
No le temas al cambio
porque el cambio siempre llega
y no se puede evitar con facilidad.
Si el cambio se hace presente
a veces es una necesidad;
no le temas a la magia
de que cambie alguna amistad;
a veces así logramos
redescubrirnos un poco más,
volver a conocer un alma
en proceso de búsqueda.
No le temas a alejarte
de lo que te hace mal.
Si el alma se lastima
con el tiempo se romperá,
y cuando quiebre con fuerza
difícil será volverla a armar.
Así que no le temas a abandonar,
y no pierdas las esperanzas
de que siempre podrás volver a amar.
No le temas a la verdad,
porque la mentira sólo hiere,
y ennegrece el alma
cuando le da sufrimiento a los demás.
Sé sincero con tus sentimientos
y demuéstralos cuando lo sientas.
No respondas por compromiso
ni seas siempre condescendiente;
sentir es algo maravilloso,
pero si el sentimiento no existe
no es algo que se pueda inventar.
No le temas al mundo
aunque te reciba con lanzas
y pinches de metal;
no te enfermes peleando
si la pelea no te lleva
a un crecimiento personal;
ni enfermes al corazón
haciéndolo sangrar
pues las cicatrices de cada corte
se sienten cada vez más.
Vive el segundo a segundo,
ponte metas a cumplir:
no importa lo difíciles
o sencillas que sean;
importa la grandeza del esfuerzo
al tratarlas de alcanzar.
Y si un día te despertás
y sentís que el sentido se te va,
abrigate si hace frío,
y salí a caminar
sin destino ni llegada,
en búsqueda de nada,
pues nunca sabrás
qué podrás encontrar
a la vuelta de una esquina.
No le temas a esa esquina,
recibe con alegría todo lo que viene detrás.
raíces espirales
Unos acordes de fondo
que hacen más ameno
el silencio de la noche
agujereada de soledad.
Y palabras de sus dedos
brotando como raíces
profundas creciendo
terminando en espiral.
Son suaves y esponjosas,
fieles reflejos de esos
pequeños latiditos
sin color de rosa.
Se deslizan suavemente
y sus dedos van creando
borbotones de algodón
con un sabor algo amargo.
A noventa grados
La tenue luz del poste de la calle
ingresando como rayos a través de la ventana.
Su nariz apoyada sobre el vidrio
le parecería graciosa a quién la viera del otro lado.
Pero no sabe cómo hacer para volver
a causarse gracia ella misma.
En el desgano de la rutina monótona,
reaparecen fantasmas de dolor.
Se le va enajenando el alma,
saliendo en hilos hacia afuera,
de la boca hasta el cielo,
atravesando cada nube,
rodeando a algunos luceros,
enroscandose en la Luna.
Provocan una tormenta en cada ángulo,
pero el movimiento está en el cénit,
y no llega a divisarlo.
Hay un techo sobre su cabeza.
Y aunque el picaporte de la puerta
está al alcance de las manos,
las cadenas que le amarran
las venas y el corazón,
aprietan con fuerza
si se quiere escapar.
Pero su anillo es la llave,
y lo sabe.
Sólo le teme a echar su cabeza hacia atrás
y ver esa revolución.
El hecho de que lloremos no significa que seamos infelices. Sólo quizás hay un par de cabos que están sueltos, y no logramos amarrar.
Y cuando se siente todo flojo y suelto; y cuando las cosas en vez de música hacen ruido, un ruido constante, molesto, perturbador; y cuando las expectativas son paupérrimas en comparación a la realidad; allí buscamos aferrarnos, buscamos música, buscamos esperar sin idealizar.
Está en el hecho de ser seres humanos. Y lloramos para liberar el miedo que sentimos cuando pareciera que nuestra felicidad peligra, al darnos cuenta que, en tantos aspectos, está en manos ajenas.
confessions
Frío siente; siente frío
Frío siente entre sábanas,
siente frío dentro de ese mar,
frío siente aunque se tape más,
siente frío y no deja de temblar.
La fogata no se enciende ya,
unas llamas quiere reavivar,
pero la ceniza ya se le mezcló
con la arena que una vez pisó;
el perfume de ese gran amor
en el aire helado se perdió,
los recuerdos causando dolor
una espina en el corazón.
Cierra fuerte tus ojitos hoy,
y respira lento el calor,
ahí se asoma este nuevo Sol,
cada rayo llega con sabor.
Nuevos aires, nube de vapor,
que se mueve entre una canción,
lloviendo despacio a su paso va
versos tristes tiene que limpiar;
cómo olvida uno ese clamor
de un alma buscando el amor,
frío siente aunque haya calor,
siente frío y esboza un adiós.
que de repente el sentimiento
te emboca de costado
mientras "basta" va gritando;
y te encuentra amarrado,
duramente encadenado,
sin poder soltarte
de las sogas que te atan.
Acurrucado en una esquina
con menos rumbo que salida
con las yemas chamuscadas
de tanto raspar la pared;
las bolsas en los ojos
tan marcadas reflejan
innumerables noches
sólo y en vela;
y la mirada tan perdida
deja ver agotamiento;
alma triste, alma dolida
que flota lejos del cuerpo
cada vez vibrando menos
girando sobre si misma
de pronto, despareciendo.
legibles
Escritos.
Divididos en introducciones, capítulos, epílogos.
Dedicatorias.
Citas al inicio.
Aclaraciones de palabras.
Glosarios.
Numeración.
Palabras divididas al final del renglón.
Comas,
puntos seguidos,
apartes,
finales.
Y así nos entregamos al mundo.
Cerrados.
Algunos con doble candado.
Otros, con una sutil y dulce cintita bebé
color amarillo patito.
Algunos van directamente abiertos...
Otros, con una dentadura monstruosa
que amenaza con desgarrar
la mano que se atreva
a intentar abrirlo.
Serán diferentes novelas...
Pero si hay algo en común
entre todas ellas
es que
una vez que un tercero
toma el libro con sus dos manos,
lo abre
y comienza detenidamente a leerlo
nos convertimos en eso:
en palabras,
en historias,
en diálogos y testimonios.
Somos legibles,
y siempre en la vida
en algún extraño momento
nos damos cuenta
de que hubo alguien
que logró abrir la tapa
y pasar su mirada
palabra por palabra,
renglón por renglón,
página por página,
capítulo a capítulo,
sin ansiar el final,
sólo... leyendo.
laten acompasados
al ruido de un gran cañón,
-que dispara cada tanto un fuego espontáneo
que parecía extinguido-;
con un alma llena de preguntas
dice "¿por qué?".
Medita pensando en el silencio
producto de la resignación;
canción helada en el invierno
comiendo los dedos,
raspando piel y huesos;
el silencio es silencio
porque no hay nadie para escuchar.
Desespera, la luz penetra,
una ceguera ya no importó,
aún viendo negro siente el sabor,
huele el olor y ve el color;
toma su cara con sus manos
reconociendo las texturas
de toda la región,
Laten, laten, acompasados,
esperanza en melodía azul,
rojos son los rayos del cielo,
Sol deslumbrando se ve fugaz.
miedo a dar el más mínimo paso.
No poder avanzar, ir más allá,
la meta está y parece tan lejana
pero quizás no es una meta;
quizás ni siquiera hay
un punto de partida.
Tan sólo hay un campo
abandonado en la nada
y sus pies apoyados
en el centro del lugar.
Sin nada más que caída libre
hacia todas las direcciones
de esa porción extensa
de territorio impenetrable.
Es su lugar y su privacidad.
La libertad ahí nomás, pero su paz no puede ser alcanzada.
¿Qué es lo que necesita el alma para hallar la paz
si arrebató -sin permiso- la paz de un alma ajena?
nuevos recuerdos
de lo que nos quedamos?
De lo que se oculta,
de lo que se pospone.
Del sentimiento escondido.
Del secreto jamás dicho.
Qué hay de todo eso
cuando algún día
simplemente
lo olvidamos?
Dónde marchan?
Hacia dónde van?
La mente queda
conmocionada.
Es una marca que
queda allí.
Queda sin saber
por qué,
ni cuándo
se generó
porque el día
que se obtiene
el -a veces-
tan ansiado olvido
no se sabe
qué día llegó.
Sólo llega
y uno olvida.
Pero olvidar un hecho
una cara familiar
no dejará que se olvide
ese contacto neuronal
creado cuando
las dos pieles
sólo se rozan.
Quizás el olvido,
el destino y las casualidades
se pongan de su lado.
Pero si acaso
la vida,
las decisiones
y el porvenir
cruzan nuevamente
esos caminos sinuosos
para encontrarlos
en una intersección
nuevamente
entonces allí
el olvido podrá existir
pero las huellas
y las marcas
de la memoria
[como fluorescentes]
relucirán,
se encenderán,
y darán lugar
al acontecimiento
mágico y emocionante
de los nuevos recuerdos.
disparo en la noche
entre muros inertes
que aíslan de afuera
sin intromisiones.
Una gota en el ojo
y la sonrisa caducada
son gestos cotidianos
ante la eterna duda.
Y el frío es común,
como también el miedo;
disparos en la noche
sin dirección vuelan.
Alguna de todas
aquellas balas perdidas,
-sospecho- caerá
atravesando el viento.
Imposible determinar
quién saldrá herido;
parece cuestión de azar,
pero sólo uno posee el arma.
fluidez
¿Cómo se supone que se sentiría? ¿No debería ser lo correcto elegir lo que es mejor para uno? ¿Por qué cargar con esa mochila si no es lo que uno quiere, o peor aún, si no es lo que uno siente? Luego pasamos los días preguntándonos a nosotros mismos cómo podríamos actuar, qué hacer, de qué manera reaccionar, para que los resultados den la menor cantidad de heridos, derramen la menor cantidad posible de sangre, y solucionen las cosas de una forma u otra.
Es difícil: cuesta tomar decisiones. Y más cuando comprometen la felicidad ajena. Pero ¿no somos nosotros la prioridad? ¿en quién se supone que debemos pensar primero? Y allí aparece la gran pregunta: si somos realmente felices por nosotros mismos, o si resignamos nuestra propia felicidad por la ajena.
Y el interrogatorio continúa indefectiblemente, hasta que un hecho, una mirada, algo nuevo, un punto de inflexión, modifica la visión de las cosas, la perspectiva, y un nuevo cuestionamiento aparece, sin siquiera haber conseguido la respuesta del primero: ¿esto es lo que deseo para mí? ¿o mis deseos son muy diferentes a los del resto como para creerlos correctos y acertados...?
Y entre medio de tantas interrogaciones y cuestionamientos, la vida no se detiene. Sigue, surge, pasa. Y mil sucesos ocurren sin pensar qué decidir, simplemente dejándose llevar por las cintas que nos enriedan y van conformando esos extraños y casuales lugares donde justo ahí, allí, en ese instante, nos encontramos con el otro.
y libera un perfume que llega a la nariz,
los ojos se achinan y esboza una sonrisa.
La tierra habla cuando se humedece
y el alma canta al ver nacimiento,
vida que rodea, que se mueve,
que salta y baila.
El Sol también da vida y convierte,
las gotas se hacen pequeñas
y casi imperceptibles,
pero están allí, el aire las siente,
naturaleza en proceso,
fenómenos sorprendentes,
sorprenden sus maravillas,
sorprende lo que provocan
cuando el humano,
parte de la naturaleza,
se sienta a mirar,
analiza,
inspira,
inventa
crea,
y da vida
a una obra
hecha poesía.
el vaso y la flor
cae al piso
y estrepitosamentese
rompe el vidrio,
se destruye la forma
en mil pedazos;
y si una flor
se arranca
de la tierra,
se despoja
de sus pétalos,
se le quita
su savia
y el perfume
que es su esencia;
tanto el vaso
como la flor
seguirán existiendo,
seguirán siendo,
seguirán en lo eterno,
más allá
de que sean
rotos,
destruidos
y hechos pedazos,
pues quien
alguna vez
bebió de ese vaso
un elixir,
y quien
alguna vez
olió esa flor
alcanzando la esencia,
formó un recuerdo
impreso con fuerza,
que vence
la destrucción
y el despojo,
pues el recuerdo
se crea,
surge,
mancha el alma,
y queda intacto.