Ya la mano está fría.
No guarda ningún calor.
Ni el recuerdo de la sensación.
Parece todo tan lejano...
Indefectiblemente,
lo impredecible
se vuelve una obviedad,
cuando todo se va derrumbando
y de a poco, vamos cayendo.
Y si antes, la distancia
no era obstáculo
para la fuerza del sentir,
ahora el sentir
se siente vacío,
y no es por la distancia,
sino por el abandono.