Darse cuenta que
la tristeza ajena
es simplemente
una búsqueda
de un sentir
que parezca real,
para comprender
que existen
y viven
porque no logran
encontrar
otro sentimiento,
que las lágrimas
no brotan
sino salen
a la fuerza,
que la expresión
de dolor,
es simplemente
una mueca
y no un reflejo
del estado del alma...

Y ya no sabemos
en qué creer.