Hace una semana me pongo gotas en uno de los ojos cada 3 (Oftaldrop), 6 (Nevanac) y 8 (Ciclopentanoato) horas. Tengo 15 alarmas que suenan hasta en el medio de la madrugada despertandome para ponerme una gota. Hace una semana no puedo dormir más de dos horas y media seguidas, el sueño está entrecortado, y la pupila del ojo lastimado está dilatada, veo mal, me mareo y no puedo hacer ningún tipo de esfuerzo físico. Tomo pastillas (Aziatop y Mosar) para la gastritis crónica hace 10 meses. Tengo acidez, cardias dilatado, hernia de hiato, bilis derramada en el estómago, una pequeña úlcera, y problemas para digerir. Tengo que tomarme esas dos pastillas media hora antes de desayunar y de cenar, y ayer me agregaron otras dos (amoxicilina y otra que ya no me acuerdo el nombre) para tomar media hora después del desayuno y de la cena. Esas pastillas me dan dolor de estómago, ganas de vomitar, me sacan el hambre. Inclusive me hacen despertarme de dolor mientras duermo una de las pocas horas que puedo dormir. Y así va a ser durante doce días hasta que termine esta primer fase del tratamiento. Después seguir con las pastillas que prácticamente voy a tener que tomar de por vida porque mi acidez es crónica por defecto congénito. Mis vacaciones de invierno empezaron hace una semana. Hace el mismo tiempo tuve el problema en el ojo. Vacaciones que planeaba disfrutar con amigos, saliendo, yendo al gimnasio, saliendo a comer. La realidad es que tengo que hacer bastante reposo, me duele el ojo dilatado si veo luces fuertes, me siento cansada y agotada.
Tengo miedo de que mi retina quede lastimada y no vuelva a ver bien nunca más. Después de años de usar lentes y hacer tratamiento por la vista, tengo miedo de ver mal.
Pero...
En las poquitas horas que duermo, aún puedo soñar. Sueño miles de cosas, porque duermo lapsos cortos, y en todos sueño algo, que en la mayoría de los casos me acuerdo. Sueño cosas hermosas, abrumadoras, divertidas y tristes. Pero son sueños maravillosos, que me sacan de la cama y me trasladan a una casa ajena, a un boliche, a un patio de estacionamiento, a mi propia casa, a la barra donde trabajo, a una selva, al cielo, al espacio. Veo a mis amigos, a personas que quiero, a gente que conozco, y hasta caras desconocidas. Y sueño con mis sueños personales, mis metas, mis logros, mi deseo tan fuerte e intenso de ser médica. Y pese a tener que haber visitado un montón de médicos, que uno me deriva al otro, que me llenan de medicación, que ya me puede llegar a molestar, dar bronca y tener cansada... Quiero ser médica hoy más que nunca. Quiero estudiar y llegar a ser cirujana algún día. Quiero ir creciendo, aprendiendo, luchando, y preparándome para salir al mundo. Pero la realidad es que el mundo se va a tener que preparar para recibirme a mí. Porque mi espíritu cada vez está más fortalecido, porque cada experiencia que vivo se convierte en algo que analizo, cuestiono, me río de eso, y lo asimilo. Quiero ser feliz a pesar de que pase lo que pase. Y no me da miedo vivir. De ninguna manera me atemoriza. No me atemoriza el esfuerzo ni el sacrificio. Hay una meta? Sí. Deseo llegar a la meta? Sí. Con todo mi corazón. Este corazón que tiene un prolapso en la válvula mitral, que a veces se me pasa de latiditos cuando me pongo eufórica, me prohíbe hacerme tatuajes o piercings para prevenir exposición a infecciones, que tienen más tendencia a instalarse en esta válvula de mi corazón... Es este corazón el que me guía, el que me enamora, el que me da señales de que algo me emociona o no.
Es esa panza la que me hace ruidito si veo a una persona que me gusta, que se estremece en un beso, que mariposea en ilusiones.
Y son estos ojos los que ven cada día el sol, los colores, las bellezas de la naturaleza, la magnífica vida, y me permiten recrear imágenes en sueños y llevarme a imaginar mis deseos más profundos.
No, no soy hipocondríaca. Sólo tengo un par de afecciones. No me quejo y sé que hay cosas peores, que por suerte no tengo un cáncer, o leucemia, o diabetes. Pero aún así tengo afecciones y soy dependiente de horarios, medicación y cuidados.
Y la verdad... No puedo evitar no sonreír. No puedo mentir diciendo que estoy triste porque no lo estoy. La vida me hace tan feliz que no puedo opacar mi sonrisa ante todas estas rarezas que justo me pasan a mí.
Cuando tenía unos 7 años, en una discusión de familia, paré todo y dije la frase "dejá que pase". Y la verdad que hace 11 años que vivo con esa frase como estandarte.
Sucede? Bueno. Estás pasando algo? Bueno. Qué vas a hacer? Llorar? Querer dejar de vivir? La lucha nunca se detiene. Y nada puede privarnos el derecho y la voluntad propia de ser felices infinitamente. Está en cada uno encontrar la belleza de estar vivo, el incentivo, el sueño a cumplir, la meta por alcanzar. Y ser felices a pesar de todo, transmitendo una sonrisa que, quizás, hasta haga feliz a otro.