frasco de recuerdos

Buscaba realidad.
¿La realidad?
La realidad era que la realidad era un sueño.
Lo que había parecido real, esfumado,
se alejaba con el viento que cantaba en la noche.
Y los recuerdos quedaban
escondidos entre las sombras,
guardados en un frasco,
sellado, envuelto.
Nube de algodón, 
se elevaba hasta el cielo; 
allí deposita su frasco. 
Baja, sonríe, 
y con una lágrima en el ojo, 
los despide.

Un millón de pensamientos
van muriendo a cada instante,
frases nunca dichas
quisieran ser libres
pero una pared se construyó
frente a las miradas amables
que brillaban a cada lado
observándose entre sí.

Pero la pared es un espejo,
y a través,
un brillo se distingue
aún sin apagarse.
Es duradero,
y en la emoción de descubrir
que podría ser perenne,
miran la nube en el cielo,
y piden que una lluvia
caiga suave sobre sus cabezas,
renovando,
limpiando,
removiendo las cenizas,
y dando nuevas posibilidades.