Unos acordes de fondo
que hacen más ameno
el silencio de la noche
agujereada de soledad.
Y palabras de sus dedos
brotando como raíces
profundas creciendo
terminando en espiral.
Son suaves y esponjosas,
fieles reflejos de esos
pequeños latiditos
sin color de rosa.
Se deslizan suavemente
y sus dedos van creando
borbotones de algodón
con un sabor algo amargo.