calidez perenne

Y hay que mirar para abajo, o para arriba, o respirar hondo, mirar el camino, memorizarlo, y recorrerlo con los ojos cerrados. Pero al costado del camino ese brillo latente sigue estando, y no lo puede mirar, debe esquivarlo, porque no sabe si van a volver a iluminar. Simplemente se desliza en una nube de ensueño, recreando imágenes que se vuelven reales en una ilusión. Iba más allá de lo que separa la realidad de la ficción, era una ficción real, porque el recuerdo del calor es eterno, su calidez perenne.