Tener miedo de caminar es tenerle ya
miedo a dar el más mínimo paso.
No poder avanzar, ir más allá,
la meta está y parece tan lejana
pero quizás no es una meta;
quizás ni siquiera hay
un punto de partida.
Tan sólo hay un campo
abandonado en la nada
y sus pies apoyados
en el centro del lugar.
Sin nada más que caída libre
hacia todas las direcciones
de esa porción extensa
de territorio impenetrable.
Es su lugar y su privacidad.