Exhala sobre el vidrio.
Exhala repetidas veces.
Mira.
Está lo suficientemente empañado.
Espera treinta segundos.
Aún sigue empañado.
Sonríe, y dibuja un corazón.
Sus dedos sonríen.
Su cuerpo sonríe.
Mira.
Hay un corazón allí.
Sigue sonriendo.
Duerme.
Se despierta.
Respira.
Mira la ventana.
Vacía.
Sólo ve a través.
No hay nada allí.
Ni rastro
de su corazón.
De la nada,
desapareció.
Pero lo sabe.
Sabe que alguna vez,
existirá.
Será real.
Y persistirá.