Te veo dentro.
Cierro los ojos y ahí estás. Claro.
Tu rostro es un poco distinto al que solés mostrarme. Los ojos demuestran un gesto neutral. Tus labios están rectos, sin sonreir. Incluso parece como si estuvieras enojado. Pero no, más bien parece un rostro serio. Sin emociones.
Lo observo un buen rato. Mi parte humana, sensorial y mundana quiere preguntarte por qué tan serio, por qué tal silencio, o si te pasa algo. Mi energía interna, espíritu, alma, quién sabe qué, te mira y te entiende. Te responde con el mismo rostro. Te abraza y se siente a gusto. ¿Qué hay detrás de un abrazo?
No hablás, tampoco te hablo. No se necesitan palabras. Las usamos para otra cosa.
Esa parte de vos que vive en mí es una parte que me quisiste regalar. Así como yo quise aceptar. No sé cómo explicar, ni su origen, ni su objetivo. Pero parece atemporal y anespacial. Simplemente vive allí. Late allí.
Por momentos me despierto y te imagino al lado. Cerca. Viviendo. Respirando y latiendo automáticamente. Te imagino despertándote, saliendo de la habitación a prepararte el desayuno, mirando por la ventana si el día brilla. Pensando en el correr de las horas, en tu plan diario, en tu pasión.
Las pasiones movilizan. Las pasiones nos hacen recorrer, sin detenernos a pensar en lo que demandan, en lo que les damos, en lo que brindamos por ellas. Porque así son. Ilógicas. Distintas para cada quien.
Tu pasión late en tu corazón y al mirarte dentro te miro con ella. Sé que vivirla te motiva y en la motivación hallás un camino. Verte en el camino me llena de amor, y el pecho se entibiece. Cura.
Tu rostro sonríe un poco, otra vez, no de alegría, sino de paz. Internamente lo sé, porque lo siento.
¿Somos lo que sentimos, lo que hacemos, o lo que tenemos? ¿Nos define hablar de esto? ¿Nos define hablar de nosotros mismos como seres tenientes, hacientes o sintientes? ¿Impacta esto sobre nuestro inconsciente? ¿Sobre nuestra autopercepción?
Sentir. Qué complejo. Siento dentro y no puedo mostrártelo, salvo enebrar palabras una tras otra con un sentido y semántica tales que puedan contarte cómo me siento. Haciendo también puedo mostrarte lo que siento, porque cultural o históricamente, ciertas conductas se correlacionan con sentires. Y bueno, tener o no tener... Ya es otra cuestión. Y tu rostro sonriendo con paz, es paz para mi interior. Quizá también halle un estigma en tu frente. Y eso que te hace distinto es lo que me hace saber, más allá de cualquier paradigma que lo explique, que vivo dentro tuyo y vives dentro mío. Como si fuéramos la misma persona. Con cuerpos y mentes completamente diferentes. Con haberes que fueron, y dejaron marcas y signos. Cicatrices, de las que se ven, y las que no. Y todo eso haciéndonos hoy. Pero la esencia humana, y la consciencia de esta esencia. que se palpa y se siente en el centro, como si fuera un sol, o una tormenta, o el sonido de un ave recorriendo el cielo, o el viento golpeando contra la piel que le hace de obstáculo en su soplar. Certezas, certezas y ya. Aunque puede que esté sólo en la mente, pero todo lo que está allí es real. Y somos los responsables de elegir qué sí, y qué no.
Siento y lo sabés. Dentro tuyo corre un río salado que se mueve con ímpetu. Fluye con la suavidad del agua. A veces se torna un poco quiescente. Otras, sólo vibra en su sitio. Pero allí está. Es un río que elegiste. A veces es mar y oleaje. A veces marisma. Otras nube, e incluso lluvia.
Cambiante, pero siempre agua.