Se trata de aceptar su naturaleza.
Son parte de la vida. Luchar contra éstos es como amar al día, y por lo tanto, luchar contra la noche. Como amar al Sol y no aceptar a la Luna.
Nada existe sin su opuesto. El todo no es tal si falta una de sus partes.
Las lluvias y tormentas traen de la mano encuentros internos. Autoconocimiento. Aprendizaje. Humildad. Gentileza de corazón con las emociones del espíritu.
Al aceptarlos, la lucha se detiene, y se alcanza la paz.
Aceptar las nubes del presente hace que no se espere con ansiedad la salida del Sol. De esa manera, cuando el astro vuelve, nos sorprende. Y el alma baila, y canta.
Por eso, agradecer tanto al día de sol como al día gris.
La gratitud es un estado del Ser.
Los momentos de introspección también son necesarios.