aceptar

Imaginar. Puede ser un caos mental, o una guía de lo que se desea.
Cierro los ojos. Montaña, árbol, río.
El ruido del agua corriendo me arrulla.
Como una canción de cuna me introduce en un ensueño.
La luna se refleja en el agua.
Cuántas veces quise mirarla así.
Cuántas veces la soñé.
Recuerdo pocos encuentros como ese. No me los permití.
Quizá no les di la importancia que merecía.
Hoy me conozco un poco más. Hoy sé cómo me reconfortan las caminatas nocturnas bajo la luna.
La noche fresca. El sonido del agua.
Aquella vez fue primordial el Sol de la mañana, reflejado sobre el lago, cayendo en mi rostro por partida doble.
Cuánta paz. Cuánta montaña para recorrer y conocer.
Hay una mano que sujeta. Es la otra mano.
Me sujeto y me recuerdo el placer de ese mirar.
Me recuerdo el llanto de emoción al contemplar.
El corazón que no cabía en su sitio al llenarse de aire puro.
Aquel aire aún permanece en mi circulación.
Hay partes de él que ingresaron aquel verano y no pudieron salir más.
Quizá no las dejé.
Abrazamos para siempre lo que amamos. Lo guardamos y aferramos sin atar ni limitar. Sin construir muros ni paredes... Todo lo contrario.
Abriendo caminos y rutas infinitas. Como para darle varias vueltas a la tierra.
Como para hallarle un poco la vuelta a esta historia individual.
Esa que se vuelve más grata y simple cuando se recuerdan los rostros de los seres amados.
Se ama, se ama enserio, se ama y no se limita por lo impuesto por la cultura. Se ama sin restricciones ni posesiones, abrazando al amor en su estado más puro, tolerante y receptivo.
El único detalle es que sea retroalimentado. Parece cada vez más difícil.
Pero quizá es solo el sesgo actual, porque el del presente no lo es. Y hay una historia lista, preparada solo cuando esté preparada para recibirla.
Mientras tanto... acierto-error.
Tiempo que se reparte
entre su decantación
y su volatilidad.
Tiempo que avisa que no vuelve
así que pisa un poco los talones
mietras lo ves de atrás directo a los ojos
y lo soplas con suavidad y una sonrisa.
Tiempo que se dilata
cuando la mente ingresa
en el ensueño de la imagen.
Imagen de aquel lugar
que lo conocí y lo quise
tal como es.
Que pude vivirlo poco
pero lo suficiente para enamorar.

Al fin y al cabo el amor es eso.
Aceptar.