Para dejar líneas que me recuerden quién fui.
Por si algún día de pronto se me ocurre ir a buscar.
La historia enseña a no repetir.
Los patrones se hallan con sencillez, sólo hay que atender.
Quizá alguien piense que lo que permanece en la memoria basta y sobra.
Yo por mi parte soy de recordar lo que hizo bien. Por lo que "lo malo" acecha mi inconsciente, permanece allí, aletargado, y asciende a mi conciencia de distintas maneras. Me habla desde el instinto, desde mi conducta automática en respuesta a los estímulos. Algunos días, desde los sueños. Cada jornada, desde los pensamientos que se aparecen al meditar. Los veo claros. Son parte de mí. Parte que a veces subestimo y no permito fluir. Los veo e intento entenderlos. O ni siquiera: sólo observarlos. Quizá los etiqueto, a modo de ser conciente de de qué forma repercute ese pensamiento en mí. Y así, con gentileza, comprenderme un poco más, dejar de culparme, y seguir en el camino de autoconocimiento. Camino en el que hallo amor y aceptación hacia mí. Y en este proceso, logro amar y aceptar al resto.
Aún así hay épocas en las que alimento demasiado los sentidos y me alejo del plano espiritual para darle espacio al ordinario. Al tangible. Al clásico. Ese que alimenta la comida con resaltadores de sabor, sal y azúcar. Ese que recibe estímulos visuales llenos de colores, rápidos, tridimensionales. Que escucha en estéreo surround. Que palia el dolor con analgésicos, el sueño con cafeína, y el estrés con vino tinto. Que dibuja el miedo a la soledad con un amor obsesivo e incondicional. Plano del que creía haberme alejado hace tiempo, soltando de a poco las comodidades, lo simple y resuelto, lo fácil y concreto, para honrar a mis ancestros y conservar mi capacidad humana de crear, inventar, interpretar, razonar, curiosear, observar, contemplar, conocer, respetar y amar. Pero si bien me alejo, y por temporadas logro mantenerme al margen, siempre vuelvo.
Por eso escribo. Para recordarme el camino que hallé por si me alejo. Lo cual me suele llevar, paradójicamente, a escribir sobre caminos, elecciones y automatismos. Lo cual me hace analizar el presente, y descubrir de qué lado de la mecha me encuentro. Así caer en la cuenta de que estoy alejada de mí en sobremanera. Caer no me abre los ojos, sino que hace que esta certeza se aparezca clara frente a mí, pero no en el plano físico, sino en mi mente. Por lo que obturo los párpados con suavidad y gentileza, dando lugar al encuentro. Hallarme allí, conmigo misma, de nuevo. Más allá de lo que entra desde fuera, que pincha y corta, por lo que debo cuidarme para poder cuidar.
Así que cierro los ojos.. para ver mejor.
Solo se ve bien con el corazón...