Último día del año, y decido releer mis entradas desde las primeras hasta las últimas del año.
¿La realidad? Se me olvidó una parte.
Se me borró. Se fue, completamente.
Todo cambió desde el quiebre.
Todo se configuró, de una vez, para siempre.
De repente, algo cotidiano se hizo extraño.
Hasta insignificante.
Y algo nuevo, completamente nuevo,
se volvió mágico.
Increíble.
Me volvió plena.
Me dejó arriesgarme.
Me abrió la puerta para dejarme pasar.
Me dejó amar por primera vez.
Y para siempre. Eternamente.

Tangible. Especial. Real.

¿Qué pasará si le falla esa frase -tan famosa, quizás hasta trillada- que dice que "el tiempo cura todas las heridas"?
¿Qué sucederá si todo el procedimiento se echa a perder?
Es un tiempo para curar, un tiempo para sanar.
Acariciar despacio y besar sobre las heridas.
Borrar las cicatrices con las ondas sonoras que surgen del tono de su voz, extendiéndose en el aire, rozándole la piel, con suavidad.
Es un tiempo para abrazarlo y decirle "te amo".
Tiempo de mirarlo a los ojos y decirle "soy tuya".
Tiempo de hacerle saber que va a amarlo para siempre, porque el "siempre" se hizo real cuando sintió ese amor eterno, cuando se le paró el corazón al verlo.
Porque supo que el sentimiento ocupó su cuerpo cuando tembló de miedo al sentir que existía la posibilidad de perderlo, por pecar de insegura, por temer que se repitan de nuevo las mismas historias del pasado.
Historias que concluían con un corte en el pecho, un corazón ensangrentado, una bala atravesándole el cuerpo, para después recibir una sutura, débil, inconclusa.
Terminaba una historia cuando parecía sanar, pero una nueva, ordinaria, empezaba a comenzar.
Y cuando los puntos estaban a punto de cerrarse, otra vez, fallar.
Otra vez los tropiezos. La piedra filosa, raspando. Reabriendo. Volviendo a lastimar.
Nunca algo real.
Nada tangible, nada especial. Sólo tonteras de niños que sólo buscaban salir a jugar.
Sólo idioteces de ilusa que esperaba encontrarle un dulce sabor a la sal del mar.
"Que no se repita" se dice a sí misma.
Repetir, ¿qué?
Repetir la angustia, repetir el dolor.
Que no se repitan los llantos, el sinsabor.
Que no se repita la espera interminable, que se detiene poco a poco, pareciendo inacabable.
Que no se repita la pérdida.
Que de una vez y para siempre, las heridas desaparezcan. No sólo que cierren, sino que se vayan.
Que se queden en recuerdos que no valga la pena recordar. Que se queden en pasados que no se vuelvan a repetir jamás.
Que cada "te amo" reciba un "yo también".
Que "soy tuya" escuche un eco decir "soy tuyo".
Que el sentimiento sea mutuo, sean uno los dos.
Que esta vez sea tangible. Especial.
Que no sea un sueño, sino una realidad.
Nos envolví.
Me encadené.
Cerré el candado y me tragué la llave.
Te amé sin dudas y sin filtros.
Me entregué a lo más puro.
De una vez, y para siempre,
me quedé en vos.

entre los dos.

Nunca dejes de bailar ni de besarme como me besas,
porque pareciera como si se armara un candombe entre los dos,
con el fuego de la sangre y sintiendo el corazón
latiendo sin parar, latiendo con pasión,
encontrándose con tu alma en un profundo suspirar,
y profundos se ven tus ojos con la magia del mirar;
quién podría imaginarlo o llegar a entender
un sentimiento tan hermoso como lo es nuestro querer,
pareciera encenderse una fogata entre los dos,
pareciera encenderse el cielo con la sangre y la emoción.
Gozo y placer, nos vieron nacer,
y ahora se mecen a nuestro alrededor
en hamacas de colores que susurran nuestros nombres,
que se mueven sin parar
hacia delante y hacia atrás,
seduciendo estos dos cuerpos
y a tus manos, que sin cesar,
recorren la ciudad
que se extiende en mi espalda.
Te invito a jugar un juego entre los dos,
un acto de amor, que no tenga final,
una apuesta de entrega, prometiendo eternidad.
Y necesito, en este preciso instante, poder estar a tu lado, rozándote la piel.
Poder sentirte cerca, para escucharte respirar.
Amarte la noche entera, sin intenciones de parar.
Dormirme apoyada en vos, sintiendo tu pecho, tu corazón.
Poder despertarte de un beso, con suavidad...
Y derramarme en tu cuerpo, desfallecer en tu alma,
dejándome caer sobre tus brazos.
Que me abraces, me sujetes,
y me dejes abrazarte, me dejes sujetarte,
me permitas ser tuya, te permitas ser mío.
Que me dejes decirte "te amo" cuantas veces lo desee,
susurrándotelo al oído, o gritándolo a los cuatro vientos.
Que me dejes sentir este amor con toda la intensidad,
que me dejes disfrutarlo, que nos dejes ser.
Seamos, fluyendo, siguendo la corriente que nos guía,
cada vez que huelo tu perfume,
cada vez que vos olés el mío.
Cada vez que escucho tu voz,
cada vez que sentís mi calor,
cada vez que nos miramos a los ojos
encontrándonos en un universo eterno
que se extiende entre nuestras miradas
haciéndolas infinitas, maravillosas, brillantes...

Mi estrella.

Es esa estrella,
la única, una sola.
Es una estrella que me mira
me sonríe y me deslumbra.
El alma no se encierra
no hay paredes ni puertas
ni llaves ni blindajes;
lo que era de piedra
de pronto se disolvió,
lo que estaba trabado
fluyó como nunca.
Los agujeros siguen
pero parece que su brillo
los va rellenando
despacito, poco a poco;
el alma se plenifica
porque puedo bailar,
porque puedo cantar.
Y le canto y le bailo
a esa misma estrella,
y le escribo poesías,
y la miro fascinada
porque brilla hermosa.
Por eso es que me asusto
cuando empieza a titilar;
por eso es que me asusto
cuando una maldita nube
la trata de tapar.
Que no la oculten,
que no me la quiten,
porque mi estrella
es mi luz preferida,
mi paisaje más deseado,
mi destino tan soñado.
Es la que brilló siempre
en el medio del cielo
y un día le presté atención
como si nunca hubiera
estado allí impresa.
Porque un día se encontraron
allí, en el aire de la noche,
nuestras claras energías
que buscaban encontrarse
que buscaban chocar.
Colisionaron, sí,
y se fusionaron en un beso.
Y esa estrella me besó,
me besó la frente,
me besó los hombros,
me besó la cara.
Así fue mi estrella favorita,
así la besé y la abracé,
así la quise domesticar,
y la recibí para que sea mía.
Y ahora nos unimos,
entrelazándonos, para siempre,
esa estrella tan hermosa,
y mi alma de niña,
que desea ser eterna,
que desea que su estrella
le sonría sin parar
la envuelva en sus brazos
para protegerla del temor
de los fantasmas del pasado
de las dudas del existir;
porque mi alma está enamorada:
se enamoró por primera vez
de esta estrella amarilla,
que da calor,
que da sabor al vivir,
que camina de mi mano,
derramando su brillo sobre mí.

mi regalo de navidad.

Cuando me preguntaron qué quería para esta navidad, me puse a pensar en los regalos que me han dado, en lo que recibí años anteriores, en los regalos de la vida, los regalos que me da la naturaleza día a día...
Y caí en la cuenta que el regalo más grande que alguna vez recibí fue mi propia vida.
Pero, ¿qué es mi vida, hoy en día? ¿Qué es de mi vida?
¿Por qué vivo, dónde voy, con qué fin?
Nací hace 19 años, renací hace 5 meses. Un 11 de julio, precisamente, cuando entraste en mi vida en menos de una hora. Cuando te abrí las puertas y descubrí esa energía que tanto latía, tanto me alcanzaba, tanto me envolvía.
Renací al conocerte, así que morí para nacer de vuelta, morí para nacer en vos, para vos, por vos.
Renací y me acunaste en tus brazos, besándome la frente con dulzura, despacio, tierno. Suavemente posaste tus labios marcándome la piel, me hiciste un lugar al lado de tu alma, justo en tu corazón, para estacionarme, para sentarme a descansar para siempre.
Te amé en un instante, te amé de pronto, rápido, quizás antes de tiempo, pero así me surgió, así lo sentí: te amé, mi alma me pedía amarte porque tenías los ojos de mis sueños, porque tu calor era más fuerte que el del Sol, porque en vos quería vivir, para vos, por vos.
Ese fue el regalo que recibí. ¿Qué más puedo pedir, que el saber todos los días que tu sonrisa sigue brillando, y que yo soy uno de tus motivos para sonreír? Ese es mi regalo. Saber qué soy para vos. Saber quién sos para mí. Saber que somos, no singulares, no vos, no yo: somos, nosotros, los dos, siendo uno.
Fuiste mi regalo. Sos mi regalo cada día. Sos una razón, una luz, un millón de destellos en el aire que respiro a cada minuto. Sos un millón de destellos en mi mente que aparecen segundo a segundo. Sos un millón de destellos en el cielo que se vuelve eterno, inmenso y maravilloso.
Te abro los brazos, te abro el alma. Me siento a esperarte para verte venir. Verte llegar, que puedas abrazarme, besarme, y volverme infinita. Somos infinitos, somos interminables, somos una pasión que se enciende en cada roce, un fuego que crece sin pausa, sin detenerse. Cada vez más grande, cada vez más fuerte, cada vez más poderoso.
Llegaste como un regalo, y me regalás tu existencia día a día.
¿Qué otro regalo puedo llegar a querer?
¿Qué otra cosa debería desear?

felices fiestas.

Sólo pido un regalo,
y es poder seguir siendo feliz.
Lo demás no importa.
Es mi único deseo.
Pase lo que pase,
sea como sea,
quiero seguir sonriendo
aunque caiga una tormenta;
salir afuera
y bailar debajo de la lluvia
hasta descostillarme de risa.
Quiero disfrutar la salida del Sol,
así como ver la Luna
cada noche
atravesando el negro cielo
con su luz tan blanquecina.
Quiero que la semántica
de la frase "felices fiestas"
no pase desapercibida:
quiero pasarlo feliz,
con el alma regocijándose,
recordando lo que ya no está
y amando lo poco que tengo,
esperando conservarlo.
Que sea como tenga que ser.
Quedar a disposición del porvenir...
pero saber ser feliz.



Olvídense de la religión y de esas giladas. Deseen amor y felicidad.
A la humanidad le sobran deseos mundanos y carece de deseos tan puros.
Quiero robarte un pedacito de tu esencia,
y guardarla en un frasquito de vidrio.
Taparlo firmemente,
para que no se escape
ni el más mínimo detalle.
Agregarle bálsamos,
mezclarla con aceites.
Miraré sus brillos
miraré sus destellos.
No le daré forma
ni la haré llamativa...
Sólo la conservaré,
así de pura, increíble,
envolviéndola en lo eterno.
Podré crear un elixir,
el aroma más hermoso.
Podré crear esa pócima
y me volveré inmortal,
ya no tendré miedos,
ni tendré dudas,
ni me asustará el vivir.
Podré crear esa sustancia
que quizás se vuelva veneno;
y si así fuera...
sería la muerte más deseada,
porque rociaría toda mi vida
perfumándome de vos.

tengo ganas.

Tengo ganas de cantarte una canción
que describa cada sueño que tengo con vos.
Pero no me es suficiente,
no encuentro las palabras
para hablar de algo tan grande,
tan perfecto y tan real,
tan brillante, tan especial.
Tengo ganas de inundarme de vos
y después ahogarme lento
por debajo de tu piel;
que me revivas de un beso,
que apoyes tus labios
en cada centímetro de mi cuerpo,
despertando nuevamente
el calor de mi ser.
Tengo ganas de aprender a volar
para poder llevarte a recorrer
el cielo de punta a punta;
respirarte en el lugar más alto,
y mirarte a los ojos cerca del Sol;
imprimir tu brillo en mi mente,
hacer eterno el momento,
y recordarte para siempre.

Sé.

Sé el primero. Y el último.
Sé el que provoque la primer sonrisa del día.
Sé el único que tenga la capacidad
de hacerme enojar
al punto de querer
besarte hasta perder la noción.
Sé mis sueños y mis pesadillas.
Sé quien aparezca en cada momento.
Sé lo que pienso cada vez que respiro,
cada vez que me lleno de vida.
Sé la razón de mi vida,
lo único que la pondría en juego.
Sé el Sol de cada día,
el alimento, la energía,
los cuentos, los sabores,
los olores y las poesías.
Sé luz y sombra,
así como el fuego y el agua,
así como el aire y la tierra.
Sé hielo pero procura derretirme.
Sé mi montaña, sé mi llanura,
sé mis praderas, mis montes,
mis sierras.
Sé la primera estrella del alba,
sé el rayo que se deposite sobre mí,
sé la cúpula donde subirme
para ver el horizonte.
Sé el camino de ida y el de regreso,
sé las indicaciones, sé la dirección,
sé el sentido y los nombres de las calles,
sé el camino y cada kilómetro.
Sé la frase, la palabra, la letra.
Sé la enfermedad y nunca dejes de ser la cura.
Sé ruido y silencio a la vez,
así como también el viento descontrolado,
el caballo desbocado.
Sé el amor de hoy, el amor de mañana,
así como fuiste el amor de ayer.
Sé el presente, como fuiste el pasado,
y procura ser futuro.
Sé mío. Seré tuya.

Para siempre.

Y no habrá nada que cambie, jamás,
lo que siento,
lo que tenemos,
lo que somos,
porque esto es eterno,
esto es "para siempre",
este nosotros
no tiene fin,
no hay nada que lo detenga
ni nada que lo destruya
porque jamás nadie podrá sentirme
como vos me sentiste
desde el primer día,
porque jamás nadie podrá sentirte
como yo te sentí
desde aquella mirada
que percibí entre la gente
y se imprimió en mi cabeza
quedándose... para siempre.
No hay forma de huir,
ni forma de deshacerme
de este sentimiento
que no hace más que crecer
que no hace más que engrandecerse
que no hace más que invadir
cada centímetro de mi cuerpo
cada célula de mi sistema.
Soy tuya por completo
y te siento mío cada día
cada vez que me despierto
y te veo a mi lado
durmiendo plácidamente
o mirándome sonriendo,
(y confieso que no hay nada
más maravilloso
que dormirme abrazada a vos
desnudos, los dos.)
Si alguna vez soñé
con conocer lo que era
el amor, y enamorarse
sin lugar a dudas
pude descubrirlo
luego de encontrarte.
Me das vida, minuto a minuto,
me llenás el alma, cada vez más.
Sin vos no soy.
Sin vos no quiero ser.
Sos mi vida entera...
y no quiero nada más,
sólo tenerte... para siempre.
Y no sé borrarán esas palabras de mi cabeza,
ni aunque pierda la consciencia o se borre mi memoria,
porque se grabaron en cada sitio de mi cuerpo
que besaste suavemente,
imprimiendo tus labios,
tu sabor, tu calor,
imprimiendo tu perfume,
tus sentimientos,
acariciándome despacio,
abrazándome por la espalda,
presionándome fuerte
contra tu pecho, contra tu alma,
y escuchando un silencio
que rompíamos con cada suspiro,
cada respiración, cada gemido,
y de pronto tus palabras,
entre un beso, entre una mirada,
que me llevan a desearte para siempre,
a prometerte el infinito,
la eternidad.

"te amo Luciana, te amo muchísimo, te amo con todo mi cuerpo."

Felices tres meses amor.
Sos mi vida entera.

plena. completa.

Y si estoy en vos
no le temo a nada;
no me asusta perder,
ni me asusta morir.
Estoy donde más quiero,
a donde pertenezco.
Estoy plena, completa.
Estoy entre tus brazos,
respirándote despacio,
cerrando los ojos
y viendo a través tuyo.
Estoy sintiendo sólo tu calor;
no hay sol que valga
ni fuego que sirva,
sólo el de nuestras almas
que se estremece y alimenta
con cada caricia,
cada beso,
cada suspiro...

Por eso una vez más,
abrázame de vuelta
por la espalda
como bien sabes hacer
para que termine enloqueciendo.
Abrázame y bésame,
los hombros y las mejillas,
y aprieta mis manos con fuerza.
Apoya tu cuerpo en el mío,
hazme sentir tu piel por completo.
Que descansen nuestras manos
sobre esta pared de colores,
y solo escuche el aire
pasando por tu boca
en ese eterno respirar.
Que descansen allí nuestras manos
y los cuerpos tiemblen,
inexplicables, sincronizando
cada espasmo, cada sacudida.

Sonrío y muerdo mis labios,
y con mis dedos acaricio tu cara;
oigo un suave "te amo",
y... estoy plena, completa.

Volvé.

Te extraño.
Y no sólo te extraño.
Te necesito.
Te necesito más que a nada en el mundo.
Te necesito para vivir. Para ser.
Para poder sonreír. Para tener fuerzas.
Para ser humana, y no convertirme en una autómata.
Te extraño porque tu aroma es vida.
Tu piel me completa.
Tu mirada provoca que ya no sea invisible.
Porque día a día
todo vuelve a ser como la primera vez,
porque todo sabe diferente,
brilla diferente,
se siente diferente,
siempre que te tengo conmigo.
Te necesito porque quiero compartir
cada detalle y parte de mi vida
con vos.
Quiero vivirla con vos.
Sujetarme a vos.
Amarte por el resto del tiempo.
Amarte sin medida ni prisa.
Amarte alocadamente.
Obsesionada, apasionada.
Desde que te amo no puedo imaginar un sólo día
sin sentir este amor dentro.
Desde que te amo sos el motivo
de mis risas, y algunos llantos,
que brotan de lo más profundo
anhelando sentirte,
tocarte, mirarte,
temblar en tus brazos,
y no de frío ni de miedo
sino por el amor que me surge
desde el centro de mi ser
cada vez que nos enrroscamos,
cada vez que nos amamos,
cada vez que somos nuestros.

Por primera vez en mi vida, no quiero irme. No quiero que pasen estos quince días previos a dejar todo y partir para la costa. No es un capricho ni mucho menos una idea fija, pero la realidad es que no quiero estar allá.
Descubrir a dónde se pertenece es un suceso único en la vida. Un día pasa, así sin más, y de pronto descubrís que ese es tu lugar en el mundo. El lugar donde se alcanza la plenitud del alma. La paz. La serenidad.
En este momento no me encuentro allí, estoy en este lugar; no es malo ni me desagrada, pero conocer ese sitio tan especial hace que todo el resto pase a segundo plano. Son sensaciones increíbles, realmente indescriptibles. Sólo puedo compararlo con poner un ejemplo como haber comido lechuga toda la vida, y de repente, después de muchos años, descubrir que existe la carne. Jamás la lechuga va a saber igual, va a ser desabrida, insuficiente, hasta desagradable.
Es como nacer mirando un cielo nublado y después de muchos años descubrir que el cielo se despejó, y no sólo existe un celeste eterno con un sol radiante, sino también, al anochecer, una luz blanca y brillante de la Luna, con una infinidad de estrellas que descansan sobre la negrura de la noche.
Es como vivir años y años en el desierto, muerto de sed, sin otro paisaje que el de médanos de arena... para descubrir de pronto una selva, el vivo verde, el rio y su corriente, la lluvia, el dulce, el cantar de las aves.
Parecen cosas simples y sin sentido. Pero la realidad es que es la única forma que encuentro para describir cómo cambió mi vida desde que esa alma me interceptó. Allí fue que descubrí que mi lugar en el mundo, no importa dónde, en qué ciudad, país o poblado sea... mi lugar era a su lado.
Así me di cuenta que ese sitio que tanto placer me daba sólo se había convertido en un lugar más. Sí, era mágico y maravilloso... Pero ya no sería lo mismo.
No será lo mismo porque nada es lo mismo. ¿Cómo explico, entonces, que durante cada momento en el que hago lo que sea que haga, pienso en su voz, su calor, su aroma y sus latidos, rondándome? ¿Por qué todo lo que haga sin él se vuelve tonto e inconcluso? ¿Por qué sólo le encuentro sentido a crear para él y no por simple afición? ¿Por qué sólo busco su mirada entre la gente de la calle, y no otra, sino esa: la que me llena de vida y me da todo lo que necesito para ser feliz?
Lo único que espero es encontrarte. Donde sea y cuando sea. Poder encontrarte al girar en una esquina y besarte suavemente hasta perder la consciencia. Poder besarte y repetirte una y mil veces lo mucho que te amo, cuánto te deseo, cuánto me alimentás el alma, me llenas de vida.

¿Cuándo entenderás que yo también tengo defectos?
Que no soy perfecta, que puedo equivocarme.
Que soy frágil y sensible, me lastimo de la nada,
a veces me autoflagelo, dramatizo y me torturo,
vulnerable me vuelvo, desarmada estoy.
No quiero lastimarnos, no quiero provocar
que lloremos de dolor al sentirnos lejanos;
no quiero llorar sangre segundo tras segundo
que pasa sin sentirte, sin poder abrazarte.
Me da tristeza y desazón,
me deja ciega, sin palabras,
pierdo el tacto, no escucho,
me inunda de temor,
me abofetea la cara y vuelve en sueños:
pesadillas que se repiten una y otra vez,
mis miedos más profundos,
que me hacen temblar del horror.

Sos mi única satisfacción.
Espero, despacio, el segundo exacto;
el momento preciso, ese especial,
diferente, certero.
Espero para poder dar el golpe,
atacar, suavemente, tu alma,
rozándote la piel
encontrándote en lo profundo.
Es tu piel, sí,
y su aroma.
Es sólo eso, así de justo,
así de simple y sencillo.
Nada más. No más.
Me basta y sobra para vivir.
Y la necesito.
Para vivir.
Para ser.
Para entender
qué es la felicidad.
En mi mundo es injusto no poder abrazarte cada vez que lo necesitás,
o que no puedas abrazarme cada vez que lo necesito,
o que no podamos abrazarnos cada vez que lo necesitamos.
Porque es injusto que, habiendo tanto amor,
no pueda largarlo, ni dejarlo ser,
y sólo reprimirlo...
             (pero esperando con ansias el momento,
             la llegada, el reencuentro...)
explíqueme alguien
cómo hacer
para no amarte
con toda mi alma
si desde lo más
hondo y profundo
de mi corazón
se escucha cómo
deletrea tu nombre
latido tras latido
llenándome de vida
en cada momento
volviéndote la vida
que recorre mis venas
la sangre
la piel
los órganos
los huesos
El ¿dolor/placer? de darse cuenta que tomó el control completo de la propia vida.
Que nada parece ser propio. Todo se lo doy. Todo se lo regalo. Todo es suyo.
Es tuyo. Porque soy tuya. Porque deseo que seas mío.
Para siempre. Por siempre.
Porque deseo que me ames.
Para siempre. Por siempre.
Porque quiero morir a tu lado,
o morirme si no estoy a tu lado,
porque el significado real
de vivir, de sentir,
me lo regalaste desde el día aquel
que en un tierno beso
me conquistaste como nadie antes
como nunca hubiese imaginado,
como nunca pensé amar.

En el mundo pasan cosas horribles.
Cosas que duelen.
Cosas que lastiman.
Pasan cosas que terminan cortando la piel,
dejando una herida sangrante,
que no puede detener el curso
de esa sangre saliéndose,
de esa vida, escurriéndose,
alejándose del cuerpo
que alguna vez la albergó.

Pero así también suceden cosas hermosas,
que dan noción de lo bello del vivir,
que dan la luz suficiente
para no temer lo que vendrá
sino, abrazar el futuro.
Cosas que maravillan,
que enloquecen y alimentan.
Cosas que no sólo hacen
que la herida pare de sangrar,
sino que la cierran,
la cosen,
la besan.
Cosas como tu existencia.

REJAS

«No te imaginas, no tenés una idea cuánto te amo, con qué magnitud, con qué fuerza. Vos no tenés idea de la cantidad de minutos que te tengo cada día inundándome la mente. No te imaginás cómo te siento en mi sangre, recorriéndome el cuerpo todo el tiempo. No se te puede ocurrir cómo te siento latiéndome en el corazón, abarcando el alma entera, cualquier tipo de idea o de ocurrencia... Ahí aparecés. Siempre. Todo el tiempo. Sos como omnipotente. Sos mi dios. Mi seguro de vida. Desde que te conozco que renací, que te siento en cada célula de mi cuerpo. Los minutos, las horas, tomaron un valor inigualable desde que las comparto con vos. Sos el amor de mi vida. Por vos deseo formar una familia, vivir eternamente, mirarte durante años y años, poder celebrar uno y mil aniversarios. Sos la luz que me ilumina cada despertar todos los días, no porque cada día duermas conmigo, sino porque cada día me despierto pensándote. Te amo. Te amo como jamás amé a nadie. Vos le diste sentido a la palabra "felicidad". Vos me hiciste saber lo que significa "ser feliz".
Me hiciste saber, y me lo hacés saber cada día.
Sin vos no soy.
Te amo así. Sos imperfecto, pero para mí sos lo más hermoso que hay sobre la tierra.
Tus defectos te hacen hermoso.
Te hacen quién sos.
Amo absolutamente todo de vos
Te amo bien, te amo mal, te amo cuando te reís, cuando me celás, cuando estás mal.
Te amo cuando te pones inseguro.
Más todavía te amo cuando te enojas.
Y cuando más te alejás, más te amo... Porque sé que es cuando más necesitas que te ame.
Sé quién sos, sé lo que necesitás, te observé, te descifré.
Sé qué te hace bien y qué te hace mal.
Y te amo más que a nadie en el mundo.
Jamás vas a alejarte de mí, amor. Siempre que quieras mantenerte cerca mío, yo voy a estar.
No pienses en conformarme.
Pensá en amarme.»

whisper

Y si me preguntan si te quiero,
la respuesta es negativa,
porque no es sólo querer
lo que brota, lo que siento,
es amor, es entrega,
es la pasión que me acelera,
que surge en lo más profundo,
que se expande a cada lado,
a lo ancho, a lo largo,
a los costados;
que me abraza eternamente,
en lo oscuro, cada noche,
cuando cierro los ojos,
y antes de dormirme
susurro tu nombre
para encontrarte en todos mis sueños,
y así soñarte aquí acostado,
para darte un beso en la mañana,
cada día, en mi cama,
para desearte en mi futuro,
allí presente, combatiendo lo oscuro,
dándome vibra para seguir
haciendo especial el sentir,
recordándome qué es vivir,
haciéndome siempre tan feliz.
-Will you still love me in the morning?
-Forever and ever.

Hay lluvias que caen de repente, sin tener la posibilidad de anticiparlas. Tan solo llegan, de pronto, asustándonos. Todo se nubla, y en un segundo, se cae el cielo.
Así a veces es el llanto. Simplemente rompo en lágrimas. Y me lastima el corazón, a la vez que siento una liberación. Pero lloro y no puedo evitarlo, aunque quisiera evitar las razones que me provocan llorar.
¿Cómo ser indiferente a esa sensación?
No puedo ocultarla, ni tratar de esconderla.
Es simple: no se puede sentir por igual.
Ni reaccionar de la misma manera.
Todos somos personas diferentes,
por completo diferentes,
desordenadas, quisquillosas,
pulcras, descuidadas,
tímidas, extrovertidas,
detallistas, completas,
armadas y desarmadas...
No se puede pretender igual reacción.
Ni la misma forma de actuar,
de desenvolverse,
de llevar a cabo cada movimiento,
en cada ocasión.

Lo que sí se puede pretender es que cada persona individual reaccione siempre de forma similar.
Sino, una caja de sorpresas se presenta ante nosotros, decorada con signos de pregunta que no hacen más que ridiculizar el ejemplo de la metáfora.
Allí dentro, quién sabe qué. Pero algo hay, algo existe, algo real que sale cada vez que algo sucede.
Y siempre cambia. Y siempre sorprende.
A veces para bien. Para mejor, para avanzar.
Otras veces duele. Y cuánto.