Por primera vez en mi vida, no quiero irme. No quiero que pasen estos quince días previos a dejar todo y partir para la costa. No es un capricho ni mucho menos una idea fija, pero la realidad es que no quiero estar allá.
Descubrir a dónde se pertenece es un suceso único en la vida. Un día pasa, así sin más, y de pronto descubrís que ese es tu lugar en el mundo. El lugar donde se alcanza la plenitud del alma. La paz. La serenidad.
En este momento no me encuentro allí, estoy en este lugar; no es malo ni me desagrada, pero conocer ese sitio tan especial hace que todo el resto pase a segundo plano. Son sensaciones increíbles, realmente indescriptibles. Sólo puedo compararlo con poner un ejemplo como haber comido lechuga toda la vida, y de repente, después de muchos años, descubrir que existe la carne. Jamás la lechuga va a saber igual, va a ser desabrida, insuficiente, hasta desagradable.
Es como nacer mirando un cielo nublado y después de muchos años descubrir que el cielo se despejó, y no sólo existe un celeste eterno con un sol radiante, sino también, al anochecer, una luz blanca y brillante de la Luna, con una infinidad de estrellas que descansan sobre la negrura de la noche.
Es como vivir años y años en el desierto, muerto de sed, sin otro paisaje que el de médanos de arena... para descubrir de pronto una selva, el vivo verde, el rio y su corriente, la lluvia, el dulce, el cantar de las aves.
Parecen cosas simples y sin sentido. Pero la realidad es que es la única forma que encuentro para describir cómo cambió mi vida desde que esa alma me interceptó. Allí fue que descubrí que mi lugar en el mundo, no importa dónde, en qué ciudad, país o poblado sea... mi lugar era a su lado.
Así me di cuenta que ese sitio que tanto placer me daba sólo se había convertido en un lugar más. Sí, era mágico y maravilloso... Pero ya no sería lo mismo.
No será lo mismo porque nada es lo mismo. ¿Cómo explico, entonces, que durante cada momento en el que hago lo que sea que haga, pienso en su voz, su calor, su aroma y sus latidos, rondándome? ¿Por qué todo lo que haga sin él se vuelve tonto e inconcluso? ¿Por qué sólo le encuentro sentido a crear para él y no por simple afición? ¿Por qué sólo busco su mirada entre la gente de la calle, y no otra, sino esa: la que me llena de vida y me da todo lo que necesito para ser feliz?
Lo único que espero es encontrarte. Donde sea y cuando sea. Poder encontrarte al girar en una esquina y besarte suavemente hasta perder la consciencia. Poder besarte y repetirte una y mil veces lo mucho que te amo, cuánto te deseo, cuánto me alimentás el alma, me llenas de vida.
fue un
lunes, diciembre 16, 2013