Tangible. Especial. Real.

¿Qué pasará si le falla esa frase -tan famosa, quizás hasta trillada- que dice que "el tiempo cura todas las heridas"?
¿Qué sucederá si todo el procedimiento se echa a perder?
Es un tiempo para curar, un tiempo para sanar.
Acariciar despacio y besar sobre las heridas.
Borrar las cicatrices con las ondas sonoras que surgen del tono de su voz, extendiéndose en el aire, rozándole la piel, con suavidad.
Es un tiempo para abrazarlo y decirle "te amo".
Tiempo de mirarlo a los ojos y decirle "soy tuya".
Tiempo de hacerle saber que va a amarlo para siempre, porque el "siempre" se hizo real cuando sintió ese amor eterno, cuando se le paró el corazón al verlo.
Porque supo que el sentimiento ocupó su cuerpo cuando tembló de miedo al sentir que existía la posibilidad de perderlo, por pecar de insegura, por temer que se repitan de nuevo las mismas historias del pasado.
Historias que concluían con un corte en el pecho, un corazón ensangrentado, una bala atravesándole el cuerpo, para después recibir una sutura, débil, inconclusa.
Terminaba una historia cuando parecía sanar, pero una nueva, ordinaria, empezaba a comenzar.
Y cuando los puntos estaban a punto de cerrarse, otra vez, fallar.
Otra vez los tropiezos. La piedra filosa, raspando. Reabriendo. Volviendo a lastimar.
Nunca algo real.
Nada tangible, nada especial. Sólo tonteras de niños que sólo buscaban salir a jugar.
Sólo idioteces de ilusa que esperaba encontrarle un dulce sabor a la sal del mar.
"Que no se repita" se dice a sí misma.
Repetir, ¿qué?
Repetir la angustia, repetir el dolor.
Que no se repitan los llantos, el sinsabor.
Que no se repita la espera interminable, que se detiene poco a poco, pareciendo inacabable.
Que no se repita la pérdida.
Que de una vez y para siempre, las heridas desaparezcan. No sólo que cierren, sino que se vayan.
Que se queden en recuerdos que no valga la pena recordar. Que se queden en pasados que no se vuelvan a repetir jamás.
Que cada "te amo" reciba un "yo también".
Que "soy tuya" escuche un eco decir "soy tuyo".
Que el sentimiento sea mutuo, sean uno los dos.
Que esta vez sea tangible. Especial.
Que no sea un sueño, sino una realidad.