¿Cómo ser indiferente a esa sensación?
No puedo ocultarla, ni tratar de esconderla.
Es simple: no se puede sentir por igual.
Ni reaccionar de la misma manera.
Todos somos personas diferentes,
por completo diferentes,
desordenadas, quisquillosas,
pulcras, descuidadas,
tímidas, extrovertidas,
detallistas, completas,
armadas y desarmadas...
No se puede pretender igual reacción.
Ni la misma forma de actuar,
de desenvolverse,
de llevar a cabo cada movimiento,
en cada ocasión.
Lo que sí se puede pretender es que cada persona individual reaccione siempre de forma similar.
Sino, una caja de sorpresas se presenta ante nosotros, decorada con signos de pregunta que no hacen más que ridiculizar el ejemplo de la metáfora.
Allí dentro, quién sabe qué. Pero algo hay, algo existe, algo real que sale cada vez que algo sucede.
Y siempre cambia. Y siempre sorprende.
A veces para bien. Para mejor, para avanzar.
Otras veces duele. Y cuánto.