Espero, despacio, el segundo exacto;
el momento preciso, ese especial,
diferente, certero.
Espero para poder dar el golpe,
atacar, suavemente, tu alma,
rozándote la piel
encontrándote en lo profundo.
Es tu piel, sí,
y su aroma.
Es sólo eso, así de justo,
así de simple y sencillo.
Nada más. No más.
Me basta y sobra para vivir.
Y la necesito.
Para vivir.
Para ser.
Para entender
qué es la felicidad.