la hoja vacía por delante
la maraña dolorosa por detrás
un intérprete en el medio intentando comprender
procesar
transformar
trata y no lo logra fácilmente
trata pero a veces no hay nada que explicar
el alma no puede ni hablar
está muda, pálida, tétrica
indefensa y oculta, escondida en el placard
en esos días de introspección
los que duelen más y soportan más aún
los que fortalecen desde el núcleo

la hoja vacía a veces puede ser el peor desafío

esta mañana dejé la cabeza abajo de la lluvia
la dejé un rato mientras Ella estaba en la cama
la dejé antes de abrir la puerta para que Ella no se entere de que había llegado
no quería que se entere porque siempre viene y me dice que entre, que me tape, que no me moje
no quería que lo sepa porque no me entiende, no entiende que no es una molestia
que todo lo contrario, que amo hacerlo, que me llena y fortalece,
no me debilita como Ella cree
no me asusta ni me desagrada ni me enferma
me revive y plenifica

por eso dejé la cabeza ahí, mientras las gotas se engrosaban, mientras aumentaba su intensidad,
dejé la cabeza y abrí los brazos, cerré los ojos, levanté el mentón
respiré hondo el aire impregnado del aroma de la geosmina
me nutrí por completo, me mojé de pies a cabeza
me quedé ahí, por un rato, o por un día o dos,
en silencio, contemplándome el alma,
sin que Ella sepa, porque sino me iba a querer cuidar, como hace siempre, como siempre hizo

pero esta vez quería cuidarme yo

flatworld

encontrame donde acaba el mundo
donde la Tierra termina
allí en los bordes que sostienen
los elefantes y las tortugas
allí a donde los navegantes
no se animan a llegar
encontrame allá porque no voy a volver
estoy lejos de todo
nadie quiere llegar ahí
porque les da miedo
y me sienta bien que así sea
porque nadie llegará

si no hay nadie es más difìcil
que vuelva a haber dolor
porque el dolor surgió cuando Él
levantó la mano
el dolor surgió, y no vino solo
sino acompañado de sangre y cicatrices
y si Él pudo cualquiera podría

así que encontrame acá
aunque sé que no vendrás
porque hay mucho en Tierra que te anhela
y yo no anhelo nada
sólo quería que cruces el océano
un rato nomás
y hablar un poco de eso
que me sigue atormentando
y otro poco del clima
como todo el resto de la gente habla
y reírnos de las cosas que nos hacen reír siempre
como siempre que reímos
y olvidamos el paso del tiempo
así me olvido un poco de que sigo acá
y no me quiero ir
porque estoy bien así
porque supongo que estoy bien
supongo que esto es estar bien
y espero el impacto
el terremoto, la inundación,
o la llegada de una embarcación
que me avise que todo fue un sueño, nada real
que fue una mentira, que ya pasó
que me despierte y vuelva a vivir
a brillar como acostumbraba a hacerlo antes
y salga un poco de la sombra que me vino a abrazar

López y Planes


Se despierta de imprevisto. No, no lo vio venir, estaba durmiendo. Pero aún así no pensó despertarse tan tarde. La marca de la almohada en la cara es profunda. Esa marca, tan particular, que le demuestra que existió durante el tiempo que pasó desde que cerró los ojos hasta que los volvió a abrir. Esa marca que le hace de recordatorio lo bien que le vendría dormir así un par de días a la semana.
Bosteza con todo el cuerpo, se estremece. Mientras se mira en el espejo, se le estampa en el consciente un flashback de una memoria. Memoria reciente, un sueño quizás. Decodificando las imágenes resuelve una cara. Resuelve dos, la suya, propia, también. Distingue manos, un jacarandá, las luces disminuyen, las sombras se realzan. Ese mundo de sombras donde los tamaños son relativos y se es alto o bajo según la hora del día. Ese mundo de sombras donde sin luz no existen, sin ojos que las vean, ni cuerpos que las generen. La sombra de ambos se observa, caminando por Juncal. Son las 19 y los edificios se encargan de que anochezca más rápido.
Divisan el gomero, la plaza está abierta, se meten a caminar. Un hombre ofrece flores, y él sonríe diciendo "no, gracias", y él la mira, y ellos se ríen. Se ríen juntos de la situación, de ellos mismos. Se ven allí, como si el tiempo no hubiera pasado, aunque pasaron dos inviernos y ahora están ahí de nuevo.
Y lo quiere pero lo calla porque quizá es demasiado tonto.
Se sientan bajo el gomero a esperar que les digan que la plaza va a cerrar. Se sientan y se cuentan historias: él siempre tiene más, siempre más para contar. Y eso a ella le gusta porque siempre es ella quien habla en todos lados. Ahí puede disfrutar, sentir el placer de callar para escuchar. El tiempo pasa y no son muy conscientes de esto. Las horas pasan y se hace tarde, aún así no les importa, porque hay años que contar y memorias que recordar. Se ríen de la vida, de la plaza, de los edificios. Se ríen plenos.
Se siente plena, pero él no puede saberlo.
El guarda los alumbra con la linterna; la plaza cierra. Emprenden camino por Uruguay hasta Córdoba, no quieren irse, se hace tarde y no quieren despedirse otra vez. Vislumbra una luz del colectivo esperado, se acerca y la abraza, le besa la frente, le apreta los brazos.
A ella le florece el pecho, pero él no puede saberlo. Le da el cielo cada vez que hace eso.
Las imágenes se tornan borrosas, el universo flaquea. El sueño perdió fuerza, se está acabado (y no quiere). El origen de ese sueño, reviviendo ese día... Parecía tan real, ese abrazo, ese sentimiento, la voz temblorosa, los ojos brillando. Emoción pura, reencontrarse después de extrañar con el alma. Reencontrarse después de haberse perdido.
Otra vez ellos, ahora en Plaza Houssay, y él tiene que irse y ella que no quiere, y él llega tarde pero no la suelta, y quieren hacer eterno el momento, y el colectivo se acerca, y el recuerdo del sueño parpadea, quiere inventar la continuación pero no puede, porque no la hubo, porque ahí termina, porque cinco años después el alma sigue ahí, buscando esos ojos, avellana, miel, marrón claro. Esos ojos que una vez la vieron desde la vereda de enfrente, cuando aún eran pequeños y no pensaban en todo lo que venía por delante. Cuando no significaban, o apenas empezaban a significar. Cuando empezaron a escribir la historia, que tanto anhela continuar, pero se abstienen; repite en sueños, se turna para apreciar, lo recuerda una, y otra, y otra vez.
Que se grabe a fuego y no se vaya nunca más.
Que le traiga un beso en la frente, que le acerque el cielo al pecho una vez más.

la mano en la mejilla

Un día más. Llega al fin, y dentro de poco hay que cerrar los ojos.
Mañana arranca otro dia y no entendés por qué el de hoy ya terminó.
No entendés por qué, aún así aceptás. Porque así es, porque no lo podés cambiar.
En el silencio de la noche, el ventilador te hace de fondo. Ayuda a acallar lo que pensás. Ayuda y acalla lo que te viene a atormentar.
Afuera hay viento. Adentro un huracán.
Todo tan calmado, tan poco iluminado. Sólo un foco de por ahí le derrama su luz sobre un hemicuerpo.
La mano en la mejilla como siempre que se acuesta.
La cara sobre la mano, la mano en la mejilla.
El cuerpo solo, echado en la camilla, como un paciente que quedó en internación.
Y quizá así está, internado, desorientado. Así sería de ahí en adelante.
Sólo por un tiempo, porque todo pasa.
Sólo por un tiempo, la camilla estrecha, la incomodidad del cuerpo acurrucado.
La cara sobre la mano y la mano ahí porque está desocupada.
La mano puede agarrar y no tiene qué. La mano es sagrada, pero está vacía.
La mano le acaricia la mejilla pero no hay respuesta. Porque es la mano que le daba, y ya no. Porque las cosas simplemente se terminan. Como el día, como el mañana, como un pasado. Las cosas se terminan, se dilatan, se desacomodan, y vuelan en pedazos.
Pero terminan ellas y termina el dolor... Oh, o quizás persiste por un tiempo.
O quizá persiste por un tiempo, pero ¿cuánto tiempo más podría durar?

cantate una canción

El clima se presta para la postal.
Hay veces que llueve el día.
Otras veces lloran ellos.
Las gotas caen sobre el techo y aturden como si fuesen piedras.
Pero el ruido está adentro, y por más que la tormenta cese, no se va a ir.
La melancolía se respira, y no hay alma que no se estremezca con una simple melodía.
Surge la escritura, se inspiran las manos.
Surge la introspección. La charla en los adentros.
Las tripas que se mueven, la panza vibra. Esas cosquillitas hoy brotaron gracias a tu propia voz. No hay terceros responsables, sólo vos con vos. Solo cielo, lluvia y dolor.
Dejá que así sea y aprovecha para sanarte.
Mimate el alma, cantate una canción. Que cuando la tormenta pase y salga el Sol, vos también vas a amanecer. Romper el dolor, hacerlo amigo, volver al color y sanar el corazón.
Tu voz calma, calma como quizá ninguna otra pueda calmar.
Y eso no lo sabés. Aún así, seguís hablando.
Y no te das una idea lo bien que hacés.

azul

¿Quién pintó en vos
esa sonrisa, esa risa
y esa peculiaridad
de transmitir tranquilidad?
El viento calma, se torna una brisa;
callan los truenos, para de llover.
Una boca se mueve, ejecuta la voz.
Voz tenue que apacigua la catarata de pensamientos que tengo en la cabeza.
Vos, tu voz.
Balbuceás, reís entre medio
               (es inevitable).
Salen palabras, frases, cuentos.
Sale luz, yo me ilumino.
Sale magia, y yo la disfruto.
Observo la escena atentamente.
No me quiero perder nada. Grabo todo, es fundamental.
Movés las manos y me distraés.
No puedo dejar de reír. Parece un cuento.
Parece un cuento y lo es. Es tu cuento, y me lo contás.
Y me calmo y me calmás.
Y sin moverte me abrazás.
Es ese beso en la frente que todos esperamos.
El abrazo está en el aire, rodea las cabezas.
Lo respiro, lo huelo, lo hago mío.
Cómoda y feliz, como si estuviera en casa.
Sonriendo y escuchando, abrazando el renglón favorito de tu historia más preciada.

No te calles nunca, por favor.
No dejes de narrarme tu color.

Tocó el último acorde y apagó la canción. La voz raspaba un poco de tanto cantar.
Tiene los ojos cansados. Piensa un poco, quiere seguir. Aún así, deja la guitarra en el soporte.
Se recuesta sobre su cama a mirar el techo. Lo más entretenido de los últimos días.
Quizá allí encuentre reflejado el recuerdo más sensato de que todo fue real.
Como si fuese un registro holográfico, proyecta en lo blanco el cielo azul, el verde pasto y la casita de Temperley. Un labrador corre en dirección al porche. La puerta cancela está a medio abrir y todos temen que torpemente, se la lleve por delante. Eso no sucede pero aún así ríen, de sólo imaginarlo, como si hubiera pasado.
Cierra los ojos, se ve lastimada. Ese recuerdo representado es una daga al corazón.
Cierra los ojos para no mirar, pero se refleja en la mente.
No puede escapar del pasado. Es imposible.
No puede dejar todo atrás.
Acepta. Espera. Se hace pequeña.
Apoyándose sobre su costado izquierdo, flexiona las rodillas y se abraza las piernas.
Serán largos los días a partir de ahora.

"Todo tiempo pasado fue mejor" dicen algunos.
Prefiere quedarse a la espera de comprobar que esa frase no es real.
Sentada en un asiento del colectivo, atravesando la ciudad. Auriculares puestos, sus ojos fijos en un apunte.
Acalla los gritos de la mente con un poco de música. Le asusta el tiempo libre que la lleve a pensar.
Pero ya no queda nada por analizar.
El miedo se llevó todo.

mimo

Ventanas abriéndose, cosa extraña para el día de hoy.
La inundación baja y reaparecen las islas.
No hay tanto amor que haga eso en estos tiempos de violencia.
Brisas tibias alcanzando las mejillas. Se extrañaba tal calidez.
Son mimos al corazón, Suaves como algodón, depositándose en la piel.
Si pudiera verlo se daría cuenta desde lejos.
Aunque no fuese observable, vería la plenitud del ser.
Rebosa el alma y le brillan los ojos.
No es casual que todo de pronto se ilumine.
Los espejos reflejan y todo rayo la alcanza. Sí, alguien puso más espejos.
La rodean y ella baila.
La rodean y ella llora. No hay que asustarse, es emoción.
La emoción le toca el pecho y brota el cielo.
Levanta vuelo, se eleva bien alto. Muy alto. Más, más alto.
Está allá arriba, iluminada, encantada.
Se sujeta a sí misma. Ya no es la tierra debajo de los pies.
Los hilos salen de sus propias manos. Su cuerpo tiene el control.
Y da vueltas. Vira en el aire. Cierra los ojos y siente el viento.
Es fresco, renueva. Es cierto: aprendió a volar.
Retorna a la superficie. Se da la mano, y sale a caminar.
Hacer las paces con el corazón es más sencillo
cuando llega desprevenido un mimo colorido,
lo toca, lo abraza y lo convierte en canción.
dejate querer un poco
dejate que te digan lo que sienten
dejate decirlo
dejate dejarlos
dejate sentirlo y aceptarlo
dejate merecerlo
dejate responder
dejate corresponder
dejate de joder
dejate quererte
querete un poco
que si seguís sin quererte jamás vas a poder querer a nadie más
No te prives de la luz que hay afuera.
No dejes la persiana cerrada. Si te hace mal, si sabemos todos que te hace mal...

Ya no hay propietarios de llaves. No hay quien sepa cómo entrar, quien tenga prioridad.
Vos sos toda dueña y aún así no lo hacés.

Dejate salir, sacá la cabeza.
No te prives de la luz que hay afuera.

sin la existencia de la maldad la contraparte de bondad no podría florecer
¿qué sería de las vacaciones si no existiera el trabajo?
o el frío sin calor, lo áspero sin suavidad,
la vida sin la muerte

parte y contraparte
cara y seca
lo opuesto, necesario

¿quién admiraría la luz si no hubiese oscuridad?
el universo se expande y se mantiene en equilibrio
gracias al balance de los opuestos
no podemos escapar de ello
no podemos pretender
ser pura bondad
pura luz
pura virtud

que el defecto exista
asimilarlo y dejarlo ser
que forme parte nuestra
que no preocupe ni sea un pesar
que exista el alma como es
que se deje vivir libre
y acepte la realidad

almita que baile
que disfrute
que llore y ría
que sienta, que sea

almita de niño y de adulto,
joven, sabia, torpe, curiosa
alma del ser que sediento vive

no te alejes del vivir,
sé, errá, equivocate y aprendé
y luego recién buscá acertar

no se aprende sin antes haber tropezado
al menos una vez
por los senderos de la vida

azul, quizá verde

se respira la duda en el aire
no se sabe bien qué va a pasar
aún así, espera

climatiza el salón un viento de invierno
algo desubicado para la época del año
aún así, espera

la sombra de una mano se vislumbra
apoyándose en la pared de concreto

está vacía, es sólo sombra, es luz ausente

la sombra de la mano desaparece
porque la mano esperada nunca llegó

mano sin cuerpo,
¿y el cuerpo manco dónde quedó?

la sombra de la mano avisa su presencia,
espera luego ver uno
el cuerpo que acompaña y que la lleva la mano

ese cuerpo ausente
esa luz que se fue
avanzó con el tiempo, insensato

desordenó la razón
siguió los instintos

(se destruyó un reloj al sonar la última campana)

sublime pasado que se aleja
así sin más, coloreándose azul

incierto futuro que espera
así sin más, esperando otro azul
(quizá verde)
Sale el Sol por el Este. Amanece entre medio de las nubes que tapan levemente a la Estrella, mientras se alza ante los observadores. Quienes la ven desde la orilla conocen su forma a la perfección. Cómo se va achicando en la medida que sube. Cómo va aumentando su intensidad, que nadie puede mirar fijo sin enceguecerse (o enamorarse).
Quienes ven desde la orilla gozan del espectáculo de cada día. Y aquellos que no tienen la dicha de esperarlo ahí parados, simplemente se conforman con verlo alzarse sobre el edificio más alto que cruce la cuadra. Quizá, recién a eso de las 11 de la mañana, cuando alcance superar las torres de Microcentro. Quizá no aguante y corra hasta Plaza de Mayo para sentirlo más rápido. De espaldas a la Casa Rosada, juega a dibujar sombras con los árboles y sus copas. Juega y se divierte, y la gente se conmueve con los rayos que atraviesan. Intermitentes sombras que reflejan en sus retinas un mapeo de los alrededores. Tal vez, hasta el tamaño y la forma de la hoja, que sigue allí arriba, meneando con el viento, dibujando una sombrita, o una sombra, o una sombrota. Grande o pequeña, la hoja está allí, tapa la luz, resultando en algo oscuro. Luz aparece y provoca la llegada de oscuridad. Porque todo lo que se atraviesa en su camino hace sombra, porque el balance es necesario, porque lo que el Sol ilumina, también lo tiene que apagar.
Sale el Sol por el Este, y en algún momento se va a sentar sobre el horizonte Oeste para esperar que pase el tiempo, la Tierra rote, y se vuelva a guardar. Guardarse es más que lo que parece, guardarse por tiempo obligado, guardarse y que nadie lo vea hasta que alcance de nuevo un horizonte más. Es cuestión de esperar un poco, que pasen las horas, aguardar el amanecer siguiente. En la orilla del mar o en Paseo Colón, en el medio de un bosque o en una plaza en la Capital, donde sea que estemos, el Sol amanece, y luego se va. En cualquier parte del mundo, respetando ese ciclo, horario exacto, variando un poquito según la época del año. Despejado o no, nuboso o tormentoso, el Sol va a salir. Aunque haga frío, o sea invierno, o el otoño seque todo el verde color, o aunque la lluvia se abra paso en verano con el calor, el Sol sale por el Este. Sale cada día, se alza, y se acuesta sobre el Oeste. Abre paso a la noche, su contraparte oscura, que aún con tanta negrura sabe brillar con las estrellas. Se extiende durante horas, esas que los enamorados saben conquistar. Se extiende hasta que nuevamente, el Sol se abre paso. Sale por el Este. Y siempre así será. Porque pase lo que pase, va a salir igual.
Decile al corazón que no se ilusione con las promesas cantadas.
Canción dedicada no es poema del alma, simplemente tomar una idea prestada.
La razón tiene que hacer las paces. Equilibrarse, balancear con el deseo.
La semántica de cada palabra, detrás de cada frase, construyendo cada verso.
Que se corte el tire y afloje porque sino lo que se va a cortar es lo que están tirando y aflojando.
Hacele caso a la mirada, a ese gesto, la sonrisa desprevenida, el pensamiento espontáneo en el momento justo, coordinado con el otro, en otra punta, otro lugar.
Hacele caso a la promesa silenciosa. Las que menos se escuchan son las que más se sienten.
La mejor expectativa es no tenerla.
El alma grita,
el pecho habla,
y las razones para sonreír
se incrementan exponencialmente.

Para todo aquel que creía que era posible sin amor.

coraza

Surge de la piel prolongándose, sinuosa, a 5 o 6 centímetros de su superficie corporal. A pesar de esas sinuosidades, logra estar firme allí, gruesa y estática. Cada estímulo que viene a perturbarla no lo logra, es inatravesable. Se transporta junto con su cuerpo a todos lados. Es parte ya, es una extensión. La textura es acartonada, un poco más suave que el cartón ordinario. Como si fuese una caja hecha a medida. El color no es sólido, tiene cierta translucidez. Va variando, a veces más transparente, otras más opaco. A veces más verde, a veces más clarito, a veces más oscuro. No se aleja tanto como para llegar al negro, pero hay algunos días en los que su opacidad asusta, y ni siquiera se le identifica la cara. La caja es uniforme, no cambia nunca, sólo deja ver (o no) lo que hay debajo. Y es su cuerpo el que se va moviendo. Él viene con su caja, que no todos ven. Algunos no le prestan atención porque su cuerpo se puede vislumbrar. Y si se ve relativamente bien, entonces la caja no importa. A nadie le va a importar. Pero es que alí es bastante transparente... en esas circunstancias en las que se le mueve el alma.
Ahí fue donde lo conocí yo. En medio de ese titubeo entre la caja que protege y la caja que está demás. Ya se construyó, no puede romperla tan fácil. O quizá, no puede romperla nunca. Pero aún así, se las arregla para que pase desapercibida. Son momentos de pasión, ese sentimiento enorme de pertenecer, el placer de transmitir lo que ama. Ahí la caja se hace extraña y nadie la sabe notar. No importa que esté, no genera tanto contratiempo.
Pero después de conocerlo ahí, lo conocí fuera. Quién diría que es la misma persona...
La caja se opacó. El verde se oscureció, perdió el brillo. La escala de colores pareció haberse reducido en un segundo a un verde moco y un verde musgo. Fluctuaba entre esos. Era extraño e incluso perturbador. La caja era rígida siempre, pero ahí parecía aún más dura, aún más terrible. Daba sensación de encierro. Su cara, tras esa cubierta, declaraba un dejo de decepción. Hacia quién o hacia qué, no pude descubrir. Pero el gesto era diferente, los ojos no brillaban mucho y él estaba ahí dentro, moviéndose poco, aislado y desencontrado.
No sé bien por qué, aún así, intenté atravesarla. Supongo que el desafío se planteaba prometedor, o no tenía demasiado porcentaje de conciencia activa como para temerle. 
Comprobé que era irrompible pero no inaccesible. Las cajas tienen pliegues, aberturas, pegotes de voligoma cerrando la cavidad. No iba a ser tan difícil meterme si me lo proponía. Quería ir a ver si desde allí dentro había algún control que modificara las condiciones de esa pequeña-gran cárcel que lo tenía encerrado.
Y no, no fue difícil entrar. Entré por un agujerito que desapareció automáticamente luego de ingresar. Lo vi ahí, con la mirada perdida, intentando vislumbrar algo por fuera de la caja. Estaba oscura como nunca, algún que otro fotón llegaba a atravesarla, pero él no podía verlos bien. La desesperación se agotaba para darle espacio a la resignación, dejando a un lado los intentos de escape, aceptando la realidad, aceptando ese color, esa opacidad, ese encierro. La coraza era dura, pero yo estaba dentro, Era mi momento. Abrazaría fuerte y esperaría un cambio. Y abracé. Y esperé. Y la caja vibró, cayó polvo de los pliegues. Y la caja se perturbó, quizá se aclaró un poco, pero se ensanchó, se agrandó, engordó... y él sonrió un poco. Y al soltarnos, se veía un Sol de fondo. No era un gran Sol, quizá ni siquiera era el Sol. Capaz era un farol. Una parrilla. Una vela. Pero se detectaba su presencia allí y era más que suficiente.  Luego de un rato de estar estáticos presenciando ese Sol, esa luz casi cálida que venía con aires de sanación, un escalofrío me recorrió. Fue ahí que caí en la cuenta (¿cómo no fui a considerarlo antes?) de cuál era la real preocupación actual... Si él, durante tanto tiempo, no pudo salir (o no quiso)... ¿cómo iría a hacerlo yo ahora?
Aunque, al final de cuentas... él sonreía. Y eso bastaba.

confesiones

qué miedo hablar
de aquello que el ser
ocultó profundo
durante tanto tiempo

qué miedo decirlo
porque hacerlo verbo
lo vuelve real

qué miedo admitir
que el corazón se atonta
que quedé resagada
ante toda esta historia

¿qué similitudes comparte
con aquel hombre necio
que se queda en la orilla
por miedo a enfrentar el mar,
su furia y su tempestad,
por miedo a no soportar
tal vorágine emancipadora?

Todo.

Señales.
Señales que no hay que dejar pasar desapercibidas.
Percibir, mirar más allá.
Observar en lugar de ver simplemente.
Observar, recordar cada detalle.
Marcar al corazón. Fijar un recuerdo.
Construcción de la memoria. La luz de los cuerpos se hace ver. Brillante, enceguese. Y esa silueta se distingue entre todas las demás.
Es ese, el momento particular.
La huella mnémica hace lo suyo.
Y será prolongado a la eternidad del ser.
Será repetido una y otra vez. Generando sentimientos.
Quemando a fuego.
Marcando en silencio.

el de bambalinas

Dar, dar, dar. Dar una y otra vez.
Dar sin recibir nada a cambio. Dar, vaciarse, sin poder llenarse de nuevo.
Quién desearía la suerte del boxeador, que si da sin recibir, se lleva la victoria.
Quién querría ser el vacío, el dejado.

Tras bambalinas se esconde. De vez en cuando asoma la cabeza.
Todavía nadie lo vio.

Pero cuando ella está, las luces del escenario se encienden.



PRIMER ACTO

ESCENA PRIMERA


Ella grita. Todos la escuchan.
Ella grita y puede porque ese es su libreto.
Ella grita y puede porque está en el frente del escenario.
Los gritos desgarradores desarman a más de uno. Se escuchan los suspiros de los presentes. Una mujer de la primera fila se lleva las manos a la boca.
Ella grita, y al instante, cae al piso. Acto seguido, se escucha un ruido tras bambalinas.
Alguien había caído allí también, pero nadie lo ve. Él se esconde allí esperando el momento justo para salir, pero por ahora parece un caso perdido.
Él oculto, ella ahí. Delante de todos, sufriendo.
Es el único sufrimiento que se logra ver.
Todos la ven. Todos la escuchan, y la sienten.

(Telón.)


PRIMER ACTO

ESCENA SEGUNDA


Ella está sentada en una silla, con los codos sobre la mesa. Ella tiene la comida delante suyo pero prefiere no comer. Ella es su humor y su humor está malo, así que decide simplemente dejar la comida enfriar. Que la comida se enfríe, se eche a perder, se pudra.
Ella se levanta de la mesa sin levantar el plato porque a ella no le corresponde. No le toca. Ella no está para hacer eso. Tiene otras cosas que hacer, no comer, no lavar, no ser humana.
Se aleja de la mesa en dirección a una puerta, simula ser una habitación. Abre la puerta y la cierra con fuerza.
Las luces bajan. Todos piensan que termina esta escena, pero un cuerpo se asoma entre las sombras.
Alto, algo flaco, de pelo despeinado. La silueta aparece y avanza con pasos un poco torpes.
Se acerca a la mesa y mira el plato.

Él (moviendo la cabeza con preocupación y en tono de susurro): No comiste nada...

No se escucha respuesta. Levanta el plato. Camina hasta la cocina y lo deja apoyado en la mesada. Con la cabeza gacha, desaparece del escenario.

(Telón.)


PRIMER ACTO

ESCENA TERCERA


Luz baja. Se ve un sillón. Una montaña de humano allí tirado, de espaldas al público. Desde lejos se ve el movimiento del cuerpo, rítmico, cíclico, con cada respiración. Se escucha la inhalación seguida de la exhalación. Son profundas, completas. Pareciera que hablara mientras respira de esa manera.
De fondo se escucha un llanto. Es suave, pero insistente. Su origen está fuera del escenario.
Un reloj sobre la pared marca las 4:05. Es madrugada pero ella llora todavía.
Él levanta la cabeza una y otra vez.

Él: No llores más... por favor...

No escucha respuesta. Se acomoda sobre su otro costado. Suben un poco las luces alumbrando a su rostro. Ahora se percibe su cara, pensativa, algo entristecida. Se perciben sus ojos, semiabiertos, celestes, transparentes. Piensa en lo que debe pensar el público pero aún así no se levanta a defenderse. El libreto no dice eso. No le toca diálogo ya. Su defensa no le importa a nadie... ni tampoco tiene fuerza para hacerlo. Ya la debilidad es más fuerte que él mismo.

(Telón.)

*           *           *
La sed no se calma.
No calma nunca.
Entre medio de tanto, busca algo que la detenga.
Pero no hay nada, porque todo ya pasó, ya fue, terminó.
El último fruto fue comido.
La última hoja cayó del árbol.
Se secó, en el suelo. Se rompió en pedazos de tantos que le caminaron encima.
No es más que una hoja rota y seca. No es más que lo que quedó de un vasto verano.
De esos en los que el Sol hace estragos con el alma de los enamorados.
De esos en lo que todo florece, pero nada es constante.
Lo efímero es simplemente una ilusión.
Ay, de los ingenuos...
Qué débil el ser, cuando el punto quiere convertirse en coma.
No lo busca pero inevitablemente cae en ese juego. Ese tire y afloje tan particular.
Y las voces que le llegan son todas diferentes. El color, el tono, el volumen.
Graves, bajos, altos, medios, agudos.
Corchea, semicorchea, fusa, semifusa.
Silencio.
Redonda, blanca, negra.
Silencio.
El dos por cuatro que suena de fondo le recuerda un tiempo pasado. Tiempo que ya fue, de esos que no van a volver nunca. Porque la muerte se llevó todo.
De esos en los que ella se hacía feliz de sólo salir por el balcón a mirar el Sol.
Ahora no había cambiado demasiado, solo que la felicidad era más deseada, pero menos duradera.
Los tiempos corren y la arena se lleva los planes, de un lado al otro de la ampolla de vidrio.
Que alguien ponga el reloj boca inversa en algún momento.
Necesito que la arena le devuelva a mi corteza un poco de realidad.

conexión
deseo del ser
es intrínseco al alma
(no podemos escaparnos de eso)

Se abren las puertas con la facilidad de las ventanas.
Quizá las salidas ya no cuestan tanto.
Quizá resolver se volvió más simple.
Se resquebraja la coraza y el mundo se da cuenta.
Ella también lo sabe. Aún así no le importa.
La coraza se deshace pero deja salir sus brazos.
Los dedos se estiran para aprender a sujetar,
pero también aprenden a desprender.
Reflejos inconscientes que se hacen voluntarios,
el propio ser jugando mientras comprende cómo crecer.
Descubre la energía brotando del pecho.
Intenta controlarla (falla en el primer intento).
Intenta dominarla (el impulso es más fuerte).
Intenta atravesarla (la consciencia está lejos).
Intenta hacerla parte (ahí estaba la respuesta).

Asimilación.
Sed de ser, que lucha incansable con la convención preestablecida de frenar.
El famoso "bajar un cambio", invento del hombre, hoy le juega una mala pasada.
Lo preestablecido es una cagada, dicen.
Pero el orden no se puede mantener solo.
El alma es débil, la carne no aguanta.
Asimilar ser humano. Sufrir las consecuencias.
Y extrañar los momentos difíciles cuando se está tranquilo.
Siempre es así.
Y, ¿cómo no va a serlo?
Si la estabilidad es un embole...
necesito del Sol
que seque todo el resabio de lo que fue
que ilumine la incertidumbre de lo que será

romper la coraza no es suficiente
porque el barrio sigue pintado del mismo color
porque las calles se bañan de hojas secas
para luego ser del viento
y volver a florecer
y el calor explota
y hierve la cabeza
abunda el placer

pero la sequía vuelve
ciclo sin fin
abunda la fobia
un círculo aparece
y no se puede salir de los límites
ni quedarse detenido por un momento

vamos a ir caminando por la cornisa
porque nos gusta vivir así
arriesgándonos
en un número pi de radios
una y otra y una y otra vez
No te rindas ante la espera.
No decidas antes de tiempo.
No elijas por miedo.
No te quedes con lo que no llena.
Sino nunca estarás pleno.

Si se trata de soltar, entonces soltemos.
Dale que la soga está tirante y te va a lastimar.
Somos lo que soñamos.
El deseo del alma, lo más anhelado.
Somos también lo que escuchamos,
lo que atendemos, lo que callamos.
El primer pensamiento de cada mañana
que brota incesante como flor de primavera,
como brota el sonido del viento costero,
entre mar, entre arena,
esa brisa húmeda, sureña,
que emociona hasta el alma del insensible.
Somos el sueño y el deseo humano,
porque así es nuestra naturaleza.
Así es el destino del hombre,
y mágica es la sensación en el aire.
La energía surge en el momento exacto
en que el alma desea.
Es ahí, justo ahí
cuando astros, luna
y todo cuanto se halle en el espacio
se alinean tras los rayos disparados
desde el pecho del soñador.

Rebotan. Vuelven.
Y se depositan justo allí
donde se encuentra el receptor.
El dueño de todo.
El poseedor de la otra energía,
la que pega con esa
que se fue al espacio y volvió

El soñador debe ir y reclamar su energía.
Pero, quizá hasta la quiera compartir.

No tardarán mucho en unirse.
En el momento en el que ella comprendió lo que estaba sucediendo, ya se había hecho tarde. Sí, era tarde pero mucho no le importaba, porque había comprendido. Y eso era grande.
Caminar por esa calle no iba a ser lo mismo. Así son los sucesos. Así cambian la vida.
Detalles, pequeños, eventos fortuitos. El azar abriéndose paso en el flujo de energías entre su cabeza luminosa y quién sabe qué.

Ella camina, y la condensación de los aires acondicionados de los rascacielos le hace pensar que por ahí está lloviendo, por ahí regaron una planta o la vecina del quinto A de ese edificio anaranjado sobre avenida Córdoba dejó el lavarropas descargando y se fue a trabajar sin saber que el día anterior la columna se había terminado de tapar provocando una inundación sin control que pocos advertirían y quizá no modificarías la vida de nadie salvo la de ella y su piso de parquet,  y del vecino de enfrente si es que el agua le llegó, y quizá la de abajo sufra la humedad del techo y que Alberto el portero trabaje doble para apañar las quejas y secar la escalera y tener más ganas todavía de que de una vez por todas le llegue la jubilación, pero la jubilación no sale y no tiene más ganas de trabajar pero tiene que seguir así es la rutina de cada día.
Y mientras tanto, mientras todo eso pasa, el alma de ella se alegra y regocija. Y sabe que esa calle es especial. Porque nada pasa desapercibido. Porque ahí es ella, sensible, iluminada. Camina y flota y paso a paso marca el camino sin saber exactamente qué recorrido, pero conociendo el destino a la perfección. Y la calle no será la misma. Y la calle será esa calle parar siempre porque ahí descubrió que lo que veía era especial y le pertenecía.
Y no habrá gota condensada que ahogue tal sentimiento. Ni aunque allí mismo se transformara el cielo en una tormenta de verano de esas que añora el campo y asusta a los pueblos bajitos. De esas que, por lo general, limpian el suelo, la tierra y el alma.
Pero su alma ya había crecido. Sentía, era. Real, aniñada. Pero sagaz, amazona, sedienta.
Alma resuelta pero en pleno descubrimiento. 
Alma haciendo camino, sin apuros, tras el destino que busca alcanzar.

brillá Cielo
despejate
brillá, dale Cielo
sin miedo
¿a qué le temés?

buscás el error
te hacés la cabeza
y terminás ahogado
en un vaso de agua

el invierno es crudo y frío
pero el fuego aún persiste
(no por difícil la vida pierde la hermosura)

brillá, Cielo
no cierres los ojos
encandilan a más de uno
que se detiene a mirar

brillá, Cielo
dejame ver al mar
en tus ojos
violento, voraz,
intenso, infinito

brillá, Cielo
soplemos las nubes
la tormenta no va a ganar esta partida

de esas cosas que nadie conocerá ni será consciente
de esas que se guardan en lo profundo

esas que hacen temblar la repisa

una sonrisa o un gesto son especiales
especial en relación a todo lo demás
que también es especial
pero no tan sonrisa
no tan gesto

sonrisa y gesto
deposítanse en el límbico
potenciándose una y mil veces

el largo plazo haciendo efecto

razón y realidad
imaginación y delirio
cuatro diferentes
parecidas y opuestas
pero conviven
porque no podemos escapar de ninguna

somos seres humanos, ¿qué se le va a hacer?

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Entrar, buscar. Salir.
Siempre igual. Todos los días lo mismo.
Entra con un motivo pero nunca logra alcanzarlo.
No sabe qué busca. No sabe por qué necesita entrar ahí y ver si hay.
Pero entra inevitablemente. Apenas puede o tiene unos segundos libres.
Ve lo viejo otra vez, y otra y otra.
No actualiza, no repone, no renueva. Y ella espera algo nuevo.



Sentimientos extraños que surgen en el día a día.
De esos que mejor que nadie los sepa.
Porque quizá son muy poco correspondidos.
Porque quizá no se puede, no se debe.
Y el Superyó siempre triunfa.

aún así

El techo está vacío. Esta vez, sentarse a mirarlo no significó nada.
Buscaba una charla y no la encontró. Simplemente, hubo silencio en su lugar.
Le extrañó un poco porque nunca hay silencio. Años de ruido, barullo, susurros. Todo allí, allí mismo, arriba de su cabeza. Su propia voz cambiando de color, los graves, los agudos. Todo dependía de qué pasaba. Del sentimiento involucrado. De lo que titilaba en la mente.
Y ahora quiso volver a hacerlo, y no pudo. No había nada. Dolía un poco pero no molestaba. Era simple desgaste. O estrés, como gustan decir.
Se asustó después de tanto silencio pero algo la mantenía, aún así, tranquila. Algo le hacía pensar que esa anormalidad era, en realidad, un viraje. Una transformación. Algo nuevo que estaba por venir.
Sintióse alegre, y sólo sonrió.
Aún así, en silencio y sola, sonrió.

marioneta

Es un día.
Un día cualquiera para algunos. Un día crucial para otros.
Uno de esos días que hace que hasta el más paciente se impaciente.
El Sol, otra vez. Pega de lleno.
Hoy lo fue a buscar porque no aguantaba seguir lejos.
En el balcón, se escuchan cantores. Melodiosos, incansables. Cabecita negra, jilguero, mulita. Juegan entre ellos a inventar una canción. Pero no saben volar.
El pájaro enjaulado no es más que una marioneta. Del humano para el humano. Cantan y sonorizan. Y el humano se divierte con su grata adquisición. Les pone música y cantan más fuerte todavía. Como haciéndole de fondo. No conocen el afuera más que atravesado por barrotes miniatura. Y no saben volar.

Y ella ahí. En el balcón. Encerrada en el balcón. Con el Sol de lleno. Allí y no en otro lugar. Tampoco debería estar en otro lado. Quizá quiere, pero se propuso no procrastinar. Se propuso metas que debe?quiere? cumplir. Objetivos y logros. La sociedad impone ciertas pautas y uno simplemente las adopta. Sistema de valores morales. Costumbres establecidas. Cultura. Invento del hombre. Del humano para el humano.
Y ella tampoco sabe volar.
¿cuál es la diferencia?

Romperse, rearmarse, volverse a romper.
Infinitos ciclos infinitos. Pero multiplicar el infinito por el infinito es absurdo.
Aún así, si lográramos llevar a cabo esa incongruencia, las cuentas no darían. Sería insuficiente.
Romperse es parte del día a día por la condición de ser humanos. Rompe, quiebra, cruje. El otro ruido no se escucha. Sólo el propio.
Adelante del espejo, observa los límites. Se recuerda a sí misma que su cuerpo es un continente. Su identidad. Está separada de todo lo demás. Límites. Entre ella y el mundo. Entre ella y el afuera.
Afuera, el mundo. Afuera hay distracción pero no puede ir allí. El Sol y la libertad del afuera no serán goce si primero no vierte su espíritu por acá, un rato. Se lo pide, se lo ruega, se hace necesario para vivir.
Porque es la única forma de rearmarse cuando está rota.
Volver al inicio (o al fin) del ciclo.
Se levanta y corre a las escaleras.
En un rato vuelve.
Me metí adentro de tu alma
y ahora no puedo salir.
Me quedé encerrada del lado de adentro
y por alguna extraña razón,
alguien se llevó el picaporte.

Y yo no tengo llave.
La pulsión
El eco del espíritu.
Racionalidad vs. impulsividad.
Una sonrisa que se dibuja.
Palabras que salen de la boca sin sonido. O quizá, sonó, pero la música está muy fuerte y no te dejó escuchar.
La columna del bar hace de columna vertebral. Mis rodillas no responden bien, pero ¿a quién culpar? si ya sabía que la cerveza haría eso.
Miro fijo y balbuceo de nuevo. Y te acercás para escuchar.
No puedo volver a hablar. Tu olor es increíble. Me deja estúpida.
Te sonreís porque sabés que lo lograste. Yo me sonrío; me encanta que lo hayas logrado.
Tenés los ojos achinados y una cerveza en la mano. Me convidás, y sabemos que va a exacerbar la languidez de mi postura. Y quizá, también haga lo suyo con mi raciocinio.
Espero respuestas, pero estás taciturno. Como siempre.
Sos un misterio y no te logro descifrar.
Pero inspirás una pulsión. Y no soy buena controlando los impulsos.

Frenar el auto. Escuchar sólo nuestras voces, y un tema de Audioslave sonando bajito en el estéreo. Nos miramos sin saber nada y sabiendo todo a la vez. Porque te conozco y me conocés, porque así fueron las miradas desde el primer momento. Me mirás y me mirás y sé que todo esto va a ir mal, pero es inevitable estar ahí. No pude irme así como si nada. No pude mirarte desde el otro extremo y hacer de cuenta que mi alma no tira hacia vos. Es el cuento de nunca acabar si nosotros no hacemos el esfuerzo. Pero, ¿por qué gastar energía en terminar con algo que nos llena?

el autor hace a la musa
y la musa lo hace al autor
mutan juntos
todo el tiempo
son una obra

El autor mira a su musa y la idolatra. Y la musa muere, y la llora. Del llanto surge el arte. Y la musa se hace eterna.
El arte fluye desde el centro del pecho, ahí donde algunos esotéricos indican que está el alma. Ahí donde duele cuando el amor sale mal. Ahí donde brota la energía cuando arrancan las caricias con el ser más deseado. Ahí donde se estremece si lo rozan Esos pulpejos. Sólo Esos, no otros. Los especiales, los particulares. Los que me usan de musa, y me dejan usarlos como fuente de vitalidad. Nacimiento de mi arte. Este arte que me convierte en inmensa, que no conoce límites, que va más allá de la vida o de la muerte.
Se refleja allí, y me desespero. Pero aprendo a ser paciente.

the head on the door II

Suena sinking.
Ya termina el disco.
El sonido del hi-hat y el redoble juegan con mis manos y mis pies a marcar el ritmo.
El bajo se me mete en el pecho.
Un semáforo en rojo atrasa la llegada.
Pero yo ya llegué hace rato.

the head on the door

Suena Kyoto song. Otra vez este cd. Pero es que no me puedo desprender.
El colectivo viene con Sol. Son las dos de la tarde y pega de lleno contra uno de los laterales. Lo deseo tanto, pero hasta acá no llega.
Estamos en Septiembre y el tiempo corre más rápido que nunca. Los exámenes ponen a prueba más que el conocimiento. Esta vez evalué resistencia, perseverancia, y cómo-no-caer. Pero caer, caigo siempre. Quiero volar pero no tengo alas.
Mientras, un nene que apenas se para en sus miembros inferiores, va de un lado al otro en el colectivo. Si mi premisa fuese real, debería caerse. Pero no se cayó. Sigue jugando y pone la cabeza al Sol. Él jugando y yo no. Él al Sol y yo deseándolo, aunque lo tenga tan cerca.
Si el niño no cayó, yo no tendría por qué caer siempre.
El alma pide revancha. Se levanta desde el suelo y quiere batallar de nuevo.
Ahora suena Six different ways. ¿Se habrá planteado alguna vez Robert Smith lo que su música provocaba en los demás?
De repente volé. El sonido de la melodía me dio el impulso. Salí a volar, me fui lejos (que no pare de sonar). Me fui lejos (como siempre que suena). Me fui lejos (alto y claro suena). Me fui lejos (se hizo parte de mí).
Y cuando menos lo esperaba, el niñito invicto y su mamá bajan; el colectivo dobla. El Sol ahora me toca. El alma canta, y en cada verso respira una bocanada de aire lleno de infrarrojos.
Suena A night like this. Se me estremece el alma. El Sol me acaricia la cara, mis mejillas se maquillan sin necesidad de polvos. Tengo la luz dentro, ya me atravesó. Espero con ansias el momento en el que vuelva a doblar, y el Sol vuelva a marcharse. Y así pararme e ir donde él esté. Ya lo decidí. Saldré a buscarlo. Esperar a que llegue es un martirio.
Y quizá no siempre caiga.

abraxas

El alma no habla. Grita. Grita sin cesar. Pero si nadie la escucha, nadie se puede enterar.
¿Quién habla de ruido si no hay un oído que lo pueda interpretar? Alma abandonada, ¿qué estás haciendo ahí, gritando sola, en el medio de la noche? Todos se fueron. No te diste cuenta, almita ingenua. Tenés los ojos abiertos de par en par, pero aún no lográs verlo.
Ay del alma inocente! Alma enorme y pequeña a la vez. Sé paciente, tierno pichón. Pronto romperás el cascarón. "El huevo es el mundo, y el que quiere nacer tiene que romper un mundo."
Se hace tarde. Hay que recargar energía, sino ¿cómo pensás crecer?
Andá a dormir, dale. No me hagas renegar.
y necesito volver a vernos riendo
volver a oler el humo del tabaco
de ese cigarrillo que encendiste
sin que haya pasado mucho tiempo
desde el último que habías fumado
necesito los gestos, las muecas,
las eternas carcajadas a viva voz
rompían en pedazos el equilibrio
para desestabilizar todo el salón
y convertirnos en los actores,
los protagonistas, lo principal
quienes se llevaban toda mirada
sin pasar desapercibidos
porque éramos el alma, el centro

eso de estar llenos de luz
y que tanto nos sobraba
que teníamos para regalar
El cuchillo entró hondo. La luz que salió por detrás era tanta que encandilaba.
Brotaba carmesí y no había forma de hacerlo frenar. No iba a parar. Faltaba para eso.
Son de esas cosas que suelen avanzar rápido, pero uno quiere ralentizar. Y luego vira de color.
Se va del rojo al violeta. Pasa por verde, por amarillo. Un día vuelve al original.
Contra el piso, contra la pared, contra el escalón. Siempre golpea y no puede esquivar.
Quizá se dio cuenta tarde pero es muy tarde para eso.
Quizá se lo habían advertido pero advertir no sirve. Sin el golpe no es nada.
Camina más ligero, o eso le parece, porque la realidad se distorsiona, y no deja de sangrar.
Y delira, alucina, piensa que corre. Pero en realidad está volando.
Pesa menos y no siente ni el cuerpo propio. Manos frías, pies fríos, la vista se apaga.
Las miradas se perdieron, las palabras no existían, pero eso no sorprendía. Ya estaban en silencio desde antes.
Y su cuerpo cayó al suelo.

autopsia



dos almas se miraban, la una a la otra,
sin decir una palabra, sólo contemplándose

todo se hacía luz (o eso parecía)
todo se iluminaba en esa compañía

estaban en silencio, cuando de pronto,
sin avisar, su cuerpo cayó contra el suelo

lo alcé en brazos con una fuerza extraordinaria, lo llevé a la camilla
lo cubrí con una manta y lo arrastré hacia la mesa
metálica brillaba, haciéndole de espejo
a las luces que iluminaban sobre ella
uno, dos, tres, cuatro, cinco
puntos blancos intensos
haciendo notar más
la blanca palidez
era tu rostro
pétreo

silencio
conecté la sierra
su sonido me estremeció
pero se convirtió en una música
desde el esternón hasta el hueso púbico
desde el manubrio hacia cada uno de tus hombros
esa Y sobre tu pecho me hacía llorar como nunca antes
desplacé la piel, rompí las costillas, saqué los órganos, limpié
pesé, tomé muestras, observé con detenimiento cada lugar, cada sector
tenía que encontrar la razón, un por qué, una respuesta para poder comprender

pero tu cuerpo no hablaba, y mirar no hacía nada,
los signos no eran tu voz, ni tus letras
no eran tus frases, no estaban, no hablabas,
ni me mirabas, ni te reías conmigo,
no me respondías, no me explicabas,
no me demostrabas, como siempre lo hacías

tu alma se había
                      perdido
la barca la llevó
                      lejos
pero será eterno aquello
                      perenne
vivís en tus cuentos
                      historias
vivís acá adentro
                      en mí
y me quedaré allí
                      tu interior

temporal

El reloj despide una llamarada. Se prendió fuego, pero aún así no se detuvo.
Miró las agujas como si fuesen cuchillas, intentando esquivarlas, pero sin éxito. Otra vez se salió con la suya. Otra vez.
Lo que ahora se había encendido era el corazón del hombre. El fuego había llegado hasta ahí.
Revolea el reloj por la ventana, y corre a mirarse en el espejo. Se mira, y todo sigue igual. Abre la boca, abre los ojos, pestañea. Contrae el macetero, apreta los dientes. Se muerde la lengua. Se mira, y las cosas no parecen cambiar.
Pero hace un rato tiró el reloj. Antes. En el pasado más cercano, pero pasado a fin de cuentas. Y el tiempo no se detuvo. Sigue sin lograrlo.
Quizá era hora de dejar de intentarlo.
Observa desde el balcón los restos del reloj. La avenida hizo lo suyo. Transitada como nunca, viernes casi sábado. Alguna ambulancia arranca con su sirena, anunciando la llegada de un paciente en grave estado. Él sí necesita que paremos el tiempo. O quizá que lo adelantemos. Quizá, movernos en la línea intentando conocer lo que va a pasar. Para intentarlo o no. Para hacer lo correcto. Para no equivocarse. Para volver atrás y evitarlo. Para volver atrás y que la ambulancia esté a tiempo. Pero no puede hacer nada. El reloj sigue allí, sufriendo el paso de los neumáticos a toda velocidad, destruyéndose un poco más, y un poco más. Y el tiempo sigue corriendo.
Se queda pensando un momento. La ambulancia llegó al Clínicas y a él todavía le resuena la sirena, repetitiva, en la cabeza. Quiere saber el destino del ser que viajaba en su interior. Sus codos apoyados en la baranda del balcón duelen un poco. Caen un par de gotas sobre su rostro, y otras bailan por las mejillas. Se mezclaron, no sabe cuál es cuál.
Pero la del alma es más salada. 


atemporal

No existe el tiempo. Ni hacia delante, ni hacia atrás.
Buscó ver si existía. Hizo mediciones y cálculos, pero al final, no pudo comprobarlo. No puede comprenderlo.
Septiembre se abalanza y es uno más, sólo uno más de tantos, víctimas del tiempo que tanto pesa pero poco se expresa. Quizá se da a conocer en líneas de más en el rostro, o en la fruta que se olvidó en el fondo de la heladera, y hoy, llena de moho, contaminó todo el cajón. "Alguna vez fue fresca", piensa. "Alguna vez fue fresca, alguna vez estuvo en el árbol. Si todo eso sucedió fue un tiempo pasado" sigue razonando. Y ve ahí al tiempo ponerse de manifiesto, pero aún así siente que el instante es eterno. Que el ahora se perenniza porque es ahora constantemente, porque ahora es ya y no hay otro momento que no sea este. Porque somos conscientes y hacemos tacto sobre la línea de tiempo sin poder movernos en ella con libre albedrío, sino condicionados a su avance imparable, condenados a depender del tiempo. De ese tiempo que está y no está a la vez. De este Septiembre que recibió el equinoccio y no sabe cómo, si tan sólo ayer parecía Abril. Si el tiempo a veces corre más rápido, o más lento. Si realmente es así o sólo es su impresión. El tiempo existe porque hay lugar para que ocurran eventos, y un evento precede a otro que precede a otro que precede a otro. Y así sucesivamente. Y si hay sucesivos, hay tiempo. Pero, ¿dónde está? ¿cómo lo puedo modificar? ¿cómo dominarlo? E intentan, una y otra vez, construir el tiempo por sí mismos, enfrentar el paso, evitarlo. Pero el tiempo desaparece ahí, y se vuelve a convertir en esa dimensión intangible. Y la cara, las manchas, el dolor en las articulaciones... Él lo nota. Lo sabe.  El tiempo se le viene encima y aún así sigue gastándolo. Intentando detenerlo.

de la risa al llanto
del dolor al alivio
en un abrir y cerrar de ojos
un detalle cambia al mundo
y el mundo te modifica
como quien empieza a buscar
las respuestas en el silencio
porque sabe que sólo así podrá escuchar la voz interna
la voz del goce y el placer
o la misma que autoboicotea
y recela con detenimiento
para prolongar aún más
ese sentimiento extraño
de obstaculizar al propio ser
dos vías tan contrarias
comandadas por el mismo capitán
que intenta dar consignas
insta a seguir pautas
pero el orden establecido
es el desorden mismo
y se retroalimentan sin respiro
-quilombo adentro es quilombo afuera-
y es así y así fue siempre
¿cuándo lo vamos a entender?

me duele
me dolés
y me va a seguir doliendo
porque las heridas que no cierran
queman, expuestas
y mientras me hundo
en el lago oscuro
de los recuerdos que me quedan
a los que me aferro
y que sólo son eso
recuerdos
no más
no hay nuevos
son escamas desprendidas
de algo que fue historia
de esa línea de tiempo
saltatoria, limitada,
que inició y terminó
así como pasan
el verano y el invierno
primavera, otoño,
año tras año,
y quizá estas cosas
terminan también
pero yo no lo puedo ver
y quizá terminen
y tarde o temprano
descubra amor muerto
en el interior del ser
y quizá terminen
o quizá sea perenne
como sentí que sería
desde el primer día
porque así se siente
cuando es toda la vida
porque así duele
pensar en posibles
porque así asesina
hubiera, hubiese
maldito enemigo
acecha la mente
del débil con insomnio
que al intenter caer dormido
imagina mil futuros
sin poder manotear ninguno
y sigue el dolor
porque todo se termina
se termina pronto
y aún aunque viésemos
al fin necesario
duele igual
y duele saber
que el mañana quizá
duela más
no
no es fácil
no es fácil en lo más mínimo
no es para nada fácil
ni un poco
jamás
dejar fluir la calidez
para olvidar un poco
el invierno
el invierno frío
que había hecho colonia en el alma
como siempre que sentimos
que algo perturba
y nos cerramos
porque es más fácil
es más simple
negar el todo
quedar en la nada
porque es más fácil
y el alma pide
salir ilesa
dejar de recibir
tanto golpe
tanto ruido
tanta quemazón
porque es más fácil
o quizá más difícil
porque se atraviesa solo
se atraviesan miedos
cortando el sendero
haciendo todo
mucho más complejo
pero mucho más intenso

A veces duele, pero no tenemos por qué prestarle atención al dolor. Hasta que se hace tan gigante, enorme, supremo, que ni el más grande esfuerzo por ignorarlo puede hacer que nos deshagamos de él. Y sí, el alma intenta luchar por dejarlo ser, dejarse ser, que el dolor fluya y el tiempo siga. Pero yo detengo el tiempo, rompo el reloj, detengo al alma, la sumerjo en el agua, la ahogo, la acallo. La mantengo en stand by, abriéndome paso en el camino, para seguir viviendo como máquina y no como ser humano. Para seguir el ritmo y no perderme en la carrera. Para no quedar atrás, abrazándome al alma, que acongojada pide, suplica, grita. Me dice que la ayude. Me dice que no puede más. Pero no hay tiempo para eso. No queda tiempo para explicarle que no hay tiempo.

hombre del sur

hay una playa
y hay un mar inmenso
y hay rayos de luz
que atraviesan el cielo
y veo el muelle
escucho un sonido
que parece música
del viento bailando
al compás de las olas
y hay algunos bichos
que no molestan
porque estoy en paz
estoy en mi pueblo
en mi barrio querido
y hay sensaciones
con todo lo que veo
y lo que siento alrededor
y soy sólo yo
pero quizá haya otros
y quizá esos otros
no estén muy lejos
o quizá están cerca
y puedo sentirlos
aún lejanos
aún cercanos
me miman
me acarician las mejillas
me tocan el alma
que no se fue
no viajó
está acá
sigue acá
se quedó acá
en el viento frío
en el sonido intenso
del corazón latiendo
en el sur, tierra mía
el lugar de mis amores
no sólo late el corazón
también late el alma
y late el cuerpo

late acá, y allá también
allá,
entre edificios,
entre libros y gentío,
entre sueños y caminos;
allá,
donde en lo alto,
las paredes de concreto
no son límite de pensamientos;
allá,
entre el ruido,
la carrera contra el tiempo,
la lucha contra el olvido,
allá,
donde añoro con dolor
pero no sin alegría
deseando volver
a tener la nariz helada
pero la sonrisa en la cara

y cierro los ojos de nuevo,
para volver a hacerlo real
y sentirme acá, por un rato,
y no tan allá.


para los que dejan el hogar
buscando romper fronteras
no sin antes dejar también
un trozo de corazón
rompiéndose en el camino
¿qué es un suspiro?
¿existirían los suspiros sin alguien que los produzca?
¿existirían, sin quien los inspire?
¿existiría sin la seguridad de que existo para los demás?

existir vs sentir

Soy.
No soy.
Siento, existo.
¿Qué va primero?
¿Sentí luego de existir?
¿Existí después de sentir?
¿Cómo compruebo la existencia si no la siento?
O quizá son dos fenómenos congruentes, que inician en un mismo momento, cargados de humanidad vana -o no tanto-, cargados de sutilezas, de alevosías, de connotación visual, olfativa, táctil, sonora, gustosa.
¡Sí, Eureka! Los sentidos toman el mando.
Se alzan frente al timón no sin antes echar por proa y popa todo aquello que molesta (porque todos nos alejamos de las sensaciones que perturben a cualquiera de nuestros sentidos).
Pero, ¿qué sería del ser sin estos comandantes de la conducta humana?
¿Qué sería de nosotros si nadie escuchara? ¿Qué lugar ocuparía el idioma, tan complejo, que define gran parte de nuestra inteligencia y nuestro potencial evolutivo históricamente desarrollado? ¿Qué serían los instrumentos si no pudiésemos interpretar sus sonidos? Un grito sin la expresión que lo acompañe no tendría sentido alguno. El bocinazo en la avenida no haría que me apure, ni la sirena de la ambulancia sería indicadora de nada si no logro divisar esas dos luces verdosas intermitentes que oscilan continuamente estimulando más de una convulsión.
¿Qué sería de nosotros si nadie viera? La concepción de los colores, los brillos, los contrastes. La luz y la oscuridad. No de cerrar los ojos adelante del Sol o una luz fuerte y jugar a apretarlos y a aflojarlos viendo cómo nuestros párpados cerrados/muy cerrados/no tan cerrados van cambiando la percepción de la iluminación (y no me lean con gesto de "y esta loca qué está diciendo" porque estoy más que segura de que muchos lo han hecho y no soy la única). No, lo que planteo va más allá de eso... La ceguera pura y real, desde el nacimiento, no tener ningún tipo de conocimiento acerca del ver, de qué es, cómo se siente, cómo se graba en la cabeza, cómo se imagina...
¿Qué sería de nosotros si nadie sintiera? ¿Cómo podría comprobar si tengo frío, calor, si voy a resfriarme o no? ¿Cómo comprobaría yo si debería o no abrigarme después de verme la piel transpirando como gordito en una maratón en Plaza Italia el 15 de enero? Quizá, en realidad transpiré porque caminé rápido por la calle en pleno invierno y si me desabrigo y me seco con el viento fresco de agosto no va a terminar en algo muy copado para mi persona. Y ahí llego a casa, me acuesto a dormir. No sé si estoy calentita o no, no sé si la sábana me tapa, si no me tapa. Apagué la luz y no veo nada. Pero tampoco siento. Y no sé si estoy tirada en la cama o estoy tirada en el piso porque no siento formas, ni texturas, ni bordes, ni calor, ni frío, ni dureza, ni suavidad. Y lo peor para mamá, ¿cómo comprobar si estoy durmiendo tapada?!?!?
¿Qué sería de nosotros si nadie saboreara ni oliera? Y pongo estos dos conceptos juntos porque van de la mano, sí. Porque oler algo en mal estado hace que ni se me vaya a ocurrir comerlo, así como mandarme a la boca directamente un pedazo de naranja que estaba medio blandita pero igual me la comí porque estaba demasiado distraída mirando un capítulo de Dr. House, y que apenas entró en contacto con la lengua, reconocí su sabor estrepitoso y "poco agradable". Acto seguido, abrís la boca, escupís ese trozo de fruta del infierno y corrés a hacerte buches con el estómago revuelto. Igual que cuando te juntás con tus amigos a comer asado en un quincho que sólo se pisa los findes, y uno se olvida un pedazo de carne en la parrilla. La semana siguiente no sólo lo abundan moscas y sus larvitas horripilantes y saprófitas, sino que un aroma a putrefacción que no es demasiado amigable se desprende de ese trozo de (pobre) vaquita que, hacía sólo (!) una semana, estaba siendo ingerida por todos. Claramente nadie va a pensar en comerlo, porque huele mal, probablemente tenga un sabor muy feo (que espero que nadie compruebe nunquita), lo veo lleno de moscas y, para colmo, escucho el aleteo. Y se para una en mi brazo, y me toca con esas patitas finitas y puntiagudas, llenas de gérmenes. Y me da escalofrío, y lo siento, y puedo ver a mi piel estremecerse, mis pelos erizarse, y lo siento aunque no lo viera. Escucho el ruido que hace mi panza ante la impresión que me genera, lo siento. Y siento también una necesidad enorme de darme media vuelta y correr a buscar el mameluco de papá, un barbijo, guantes, borcegos de seguridad y una pinza de esas que usan en metalurgia para agarrar las cosas calientes, lejanas e inaccesibles para nuestras humanas, sensibles y debiluchas manos.
Después de todo esto, de toda esta sarta de pavadas sin demasiado sentido (o algunas más que otras), termino, entonces, preguntándome... ¿Qué sería del humano sin los sentidos? Del humano, del animal, la naturaleza en sí... Desde el sensorio hipermegadesarrollado que establece la complejidad táctil del humano hasta la quimiotaxis que ejerce un macrófago para ir a atacar a toda bacteria que se te metió en esa bolita roja que, te aseguro, va a terminar amarilla y llena de pus. Desde la capacidad de nuestra mente de interpretar la dirección de un sonido y la de los murciélagos, delfines y todas esas especies que envidiamos para ubicar objetos mediante ecolocalización. Desde la posibilidad de ver algo por verlo, es decir, detectar una forma y reconocerla, ver un color y saber cuál es, establecer cuán intenso es o no es su brillo, un valor dentro de RGB, Lab, HSB, RYB, CMYK etc etc etc el que elijan (y eso se lo dejo a los diseñadores, es tarea de ellos y no mía), e interpretarlo en relación a un recuerdo, a un sentimiento. Como ver un corazón pintado de rojo (hecho que, escribí "corazón pintado de rojo", y todos automáticamente pensamos en esto ). Así también, como ver una lija y pensar en su textura, y el dolor que generaría que alguien nos la pasara por la cara. O escuchar un llanto infantil e imaginar un bebé. O pensar en una cama y sentir el calor de la frazada. El Sol y el brillo. La playa y la humedad. El sur y el frío.
Y así, seguir, hacer alusión a miles y miles de posibles situaciones en las cuales estén involucrados nuestros sentidos, que son, básicamente, todas. Porque somos humanos y percibimos nuestra existencia mediante nuestros sentidos. Sin ellos no seríamos nada, no podría detectar qué letra estoy apretando, reconocerla, saber cómo escribir la palabra, suponer la cantidad de letras que lleva cada una de ellas, armar la frase, organizarla de alguna forma tal que gane armonía y se haga suave ante la mirada del lector, transmitir una sensación, vincular al sentido con el recuerdo, generar cosas en sus almas cuando lean esto, y por sobre todo, explotar al máximo la capacidad humana de la percepción. Porque no era más que esto, un simple juego para rememorar que sin los sentidos, no sentimos. Si no sentimos, ¿cómo comprobamos que somos? ¿Existir como consecuencia de sentir, o sentir como consecuencia de existir?

knock out

y todos los miedos se van a volver flores
como alguna vez predijiste
porque así va a ser
porque dará fruto tu llanto
regará una semilla del pecho
y por la boca brotará una planta
y por la nariz respirarás el aroma
de la flor de las heridas
sangrantes o no, antiguas, actuales,
que se abren y se cierran,
dejan marcas en la piel
eternas, simultáneas,
para recordarte el dolor,
para saber reconocerlo,
para verlo venir
cuando ciertos aspectos de la vida
se empeñan entre sí
en acabar con lo estable,
y acechar la mente
para ver qué tan preparados estamos
qué tan asimilados tenemos nuestros miedos
qué tan real es esta sencillez con la que planteamos la vida
y comenzar el duelo
fantasmas vs. raciocinio
el miedo y el dolor intentando derrotar
o quizá, detrás de todo,
sólo vienen a enseñar
para que el alma débil se fortalezca
y renazca luego del knock out
quiero verte reír de una vez
otra vez
y que todos esos demonios que te acechan
se asusten de tanto brillo
que expenda tu sonrisa
y les tiendas una mano
y ellos te brinden la suya
y te hagas amiga de tus miedos
que no los alejes ni los olvides
sino que los asimiles
para saber que existen
para que siempre consideres
que estamos hechos
de una cosa y su antónimo
de luz y oscuridad
de amor y de miedo
de tormentas y sol
y ambos coexisten
porque uno no es sin el otro
porque nada es sin su contrario
que estabiliza el universo

¡animate, dale!
estabilizá tu propio universo
sé una humana feliz
no te arrastres más por la vida
no dejes de luchar
no te rindas ante las complicaciones
salí a disfrutar, a sonreír
regalate más sonrisas
para vos
y nadie más
y que si el resto las ve, ¡se embelezca!
pero son tuyas
y nadie te las puede
(ni debe)
quitar
y lo niega
y lo refuta
y lo agarra lo cambia y lo transforma
y no sirve de nada

cada negación es represión
y la represión vuelve modificada
convertida en nervios
porque hay algo que no está siendo como corresponde

está siendo forzado
y esa fuerza es insoportable para el alma

el alma necesita fluir y nosotros no la estamos dejando
Conocí a una sola persona en el mundo que lograba hacer que mis nervios cesaran. Ahora esos nervios volvieron cuando yo pensaba que nunca iban a aparecer otra vez. Era algo que temía. No puedo controlarlos, No tengo control ni de mi propia mente. No soy estable, no tengo frenos, no tengo límite. Soy una amenaza para mí misma. Soy un dolor de cabeza para quienes me rodean. Soy una bomba de tiempo, una bola que se echa a llorar al piso retorciéndose, mordiendo la almohada, gritando desde el centro del pecho. Soy un hongo, tóxico, que se mete en las vidas del resto para oscurecérsela en vez de luchar por hacerlas brillar. Soy un palo en la rueda, soy la pérdida de tiempo. Soy un hombre que está parado en el medio del camino sin poder avanzar. Rebobinando continuamente, yendo en dirección opuesta al progreso. Sigo así, sigo así siempre y no sé cambiarlo. Me creo todopoderosa para después derribarme ante una mala experiencia amorosa. No puedo definir, no puedo enfrentar, no logro seguir adelante sola. Le temo al olvido, le temo a la soledad. Le temo al conformismo, a tener que quedarme con algo que nunca deseé. Le temo a la mayoría de las cosas y si no avanzo con las personas que amo siento que me voy a dejar consumir por el sistema. Siento miedo todo el tiempo porque soy eso, soy puro miedo, todo lo contrario al amor. Siento que ya nadie ve en mi lo que alguna vez vieron porque todo eso que alguna vez fui está muerto. Mi psicología maldita se encargó de mandar al diablo esa niña iluminada llena de vida y sonrisas eternas para regalar. En su lugar quedó un pedazo de ser humano que no sabe cómo entablar una relación interpersonal sin que una de las partes salga lastimada. Me duelo, les duelo, soy un estorbo, soy un dolor de cabeza, una noche de desvelo, un golpe en la frente, una uña clavada en el brazo. Soy una bolsa de órganos y huesos que se mueve por inercia siguiendo el rebaño. Soy un bebé de pecho, no la adulta que debería. No tengo poder de decisión ni de amor sobre mí misma. No tengo amor por mí. Si estoy así, si no me quiero a mí... ¿cómo puedo pretender querer al resto?

Tolerancia.

          El último grito pone el punto y aparte a la discusión que, hasta entonces, parecía interminable. La mesa que separaba esos dos cuerpos parecía un puente cortado en hora pico. Por encima de ellos, la luz de la lámpara similaba ser un Sol que venía a amortiguar ese dolor inminente que acechaba las almas de los seres que, buscando una solución, se sumergían en ríos de argumentos que no hacían más que hundirlos en un pantano de dudas. Los dedos de ella resonaban contra la madera haciendo un ritmo peculiar y repetitivo, que ya comenzaba a ser molesto. Él, mientras tanto, jugaba con un maní de la canastita a medio consumir que había venido acompañando la cerveza que habían pedido. La cerveza a medio tomar no era buen indicio, hablar tanto les había secado la garganta y aún así no tomaba del dolor que le causaba que ese siempre néctar hoy se comportara como lejía, por culpa del nudo que le enmarañaba el esófago y le dificultaba el habla. Los ojos se perdían del piso a la mesa, de la mesa a la barra, de la barra a ella. Ella, con su nariz respingada y su boca de ensueño. Ella, de melena rubia y ojos avellana, brillantes y profundos. Ella, que tanto le generaba, que tanto le movilizaba el alma de un lado para el otro, estaba allí, enfrentando una discusión a su lado. Vaya a saber uno por qué, una vez más, habían discutido.
          Quince minutos sin emitir sonido bastaron para que alguno de los dos decidiera comenzar una nueva charla. Una lucha silenciosa de egos decidía quién iba a ser el que rompiera el silencio. Fue ella quien tuvo la palabra.
—Dejemos esto de una vez por todas. Necesito estabilidad. No puedo seguir así. Discutir no sirve de nada. ¿Con qué fin discutimos? ¿Qué objetivo tenemos, qué buscamos con tanto palabrerío?
—Y, qué querés que te diga... Esto no es a propósito. Y vos lo sabés. Yo no busqué que así sucediera. Es igual que la rotación de la Tierra sobre sí misma. Imaginate esta situación. Un grupo de ingenieros desarrollan un sistema por el cual se detiene la rotación de la Tierra. Por mucho que pensemos que la Tierra podría dejar de girar sobre sí misma y así detener el paso de las horas, el correr del tiempo sería inminente. No podríamos cancelarlo. Si bien la percepción sería diferente para aquellos que viven del lado del globo que quedó a la luz del Sol, para los desafortunados (o afortunados, porque sobre gustos no hay nada escrito) que quedaron del lado oscuro, la noche sería eterna, y no podrían aprovechar el tiempo de la misma forma que el selecto grupo iluminado. Y no te lo estoy diciendo porque se me ocurrió recién, sino porque está comprobado científicamente que la luz solar ayuda a sintetizar ciertas hormonas y a liberar algunas sustancias que permiten un correcto desempeño durante el día. Así como la luz te hace despertar, la oscuridad te hace dormir. Imaginate qué pasaría si yo, entonces, intento quedarme detenido en un estadío constante, eterno y equilibrado. Imaginate que pasaría si yo respondo al cambio negativamente, si me niego a convertirme, a ir aceptando el paso del tiempo y lo que él trae para regalarme. Imaginate qué pasaría si toda tu ocurrencia de la estabilidad se hace real, ¿qué sería de nosotros en unos meses? ¿qué alimentaría la lucha del día a día? ¿qué sería lo ideal de la estabilidad luego de un año de haberla obtenido? Si mi año fueran once meses de vacaciones y un mes de trabajo, el mes trabajado sería el ansiado. Las vacaciones serían lo cotidiano y perderían la magia. Pero si trabajo once meses, el mes de vacaciones se convierte para mí en lo más preciado. Lucharé y me esforzaré por alcanzar ese mes y poder disfrutarlo día a día, antes de volver al ruedo de los meses de trabajo. ¿Qué nos queda a nosotros, entonces? Quiero encontrarte todos los días con una nueva idea, con un espacio para discutir algo que no compartamos, que no coincidamos en lo más mínimo. Quiero descubrir lo que tenés para decir, cómo defendés tu idea. Quiero verte apasionada ante tus creencias, ante tus elecciones, y poner el pecho para confrontarte con las mías. No te quiero estática ni estable, te quiero cambiante, mutante, iluminada de a ratos, oscurecida en otros. Quiero que seas todos los aspectos y no sólo los mejores. No reprimas, no escondas, no modifiques el ser para hacer más ameno nuestro encuentro. No quiero eso, y si así debe ser, dejame decirte que entonces me disconforma el bienestar constante. Peleemos sin faltarnos el respeto, discutamos aceptando el argumento contrario, aprovechemos la capacidad de libre albedrío que nos da la condición de ser humanos. No está mal pelear, ni discutir, ni discernir. Si simplemente se hace insostenible, el tiempo decantará y nos dará la razón. Y quizá sí, no debamos estar juntos. No debamos reunirnos ni tener más conversaciones. Pero mientras tanto, ¿quién pone los límites más que nosotros mismos? Si sentís que estás perdiendo el tiempo, te propongo levantarte de esta mesa. Yo invito la cerveza, no te preocupes.
          Los ojos de ella brillaban intensamente. Una leve y tensa sonrisa se le dibujó en el rostro, y quería decir algo, pero no podía articular palabra. Al cabo de unos segundos, la mueca aflojó la tensión, y se suavizó el rostro. Esos gestos suaves no podían indicar algo malo.
—Y a ver, contame... ¿qué hormonas son las que regulan eso que dijiste antes con la teoría de la Tierra que dejaba de girar?
          Y empezaron a hablar de ese tema, que justo a él tanto le gustaba, y que ella tan poco entendía, pero que aún así, le encantaba escuchar. Porque él se fascinaba cuando hablaba sobre su vocación, y ella adoraba verlo así, excitado, alegre, feliz. Y aceptó esa charla para dar lugar a otra sobre las cosas que a ella le fascinaban, y así a otra sobre los cambios de clima, y así a otra sobre una teoría alocada sobre la cantidad de cerveza que deberían tomar para curarse una gripe, y así a una infinita cantidad de conversaciones que no decantaban en ningún lado, y quizá eran pensadas de una forma absolutamente diferente por ella o por él... y aún así, aún con tantas diferencias, había algo pequeño pero no poco importante que tenían en común, y eso era la tolerancia.
los mimos al alma
de esos seres
que vienen a salvarnos
como extraterrestres
por el mundo
recolectando cuerpos
para devolverlos a la vida
para darles la alegría
la fórmula química
de la felicidad

los cuerpos de aquellos
que alguna vez cayeron
transitando el camino
descubriendo el destino
de ser un humano
aferrado, arraigado,
que siente, que grita,
que llora y se entristece,
que muere en sentimiento
y resucita en el momento
que la mano de un alma amiga
se acerca a la suya
envolviéndola en un apretón
regalándole su corazón
y cantándole esa canción
que le sopla cálido viento
al pecho que frío estaba
que dejándose morir se hallaba
congelado, desarraigado,
nadando en un mar oscuro
bajo un cielo negro
sin estrellas ni soles
pero lleno de almas pobres

algunos van, otros vienen,
otros salen, otros vuelven,
pero siempre están ellos
pobres que vagan
una tras otro
esperando un pago
ante tanto tiempo
doliendo en el fondo del pecho...
Las estrellas bailan,
y ella ya está bailando allá con ellas.
Y nosotros un día también vamos a estar
bailando en el cielo,
danzando y riendo,
por toda la eternidad.

Porque así mimamos al alma,
porque así creemos que no hay límite para amar,
ni la vida, ni la muerte,
ni el tiempo, ni el espacio,
ni el Sistema Solar,
ni la Vía Láctea,
ni el Universo en su totalidad.

Porque así mimamos al alma:
guardamos el sentimiento en una cajita,
que soporte el paso del tiempo,
las mareas y la tempestad.

Porque es naturaleza de humanos:
nos aferramos, no queremos soltar...
Y es hermoso que así seamos.

que nadie sepa

Al final de todo, la copa se llena,
y rebalsa su boca arrojando rencor.
El dolor del alma se echa sobre la mesa,
mientras las lágrimas, mojando la cara,
convierten salado su dulce sabor.
Escucha y avanza, despacio, descalza,
escucha el silencio de la soledad.
Es ese llanto el que la libera,
y sus manos se abrazan a su penar,
y a su cuerpo, abandonado en la cama.
Se inventa palabras y escoje razones,
tratando de hacer a su mente volar.
Piensa la vida de colores,
pero la oscuridad empieza a colmar
el mirar que cansado se vuelve a apagar,
pero las nubes que cubren el cielo
avanzan sobre el sol, dejándolo atrás.
Corre entre árboles, selva perdida,
su verano en invierno se convirtió.
Sabe que el frío se está haciendo eterno,
mas no habrá promesa que le haga sentir
calor en su cuerpo, tierna suavidad.
Las risas que siempre inundan su alma,
ahora entristecen, enterradas allí.
Mueren despacio, están agonizando,
no pueden vivir sin el gramo de locura
que lleva su mente a la felicidad.

Y prefiere llorar sola, quedarse con ella,
despacio, apagada, hasta recuperar
un respiro que devuelva su alma a la vida.
Y que nadie se entere que estuvo llorando,
que tiene debilidades, que su coraza quebró.
Que nadie escuche sus lamentos solitarios,
o sus latidos sonando con fuerza y dolor.
Que sigan creyendo que es de cemento
que puede soportar cada tempestad,
cada malestar,
cada tornado que la viene a tirar,
cada palabra que lastima su mirada,
cada grieta que se va trazando en su corazón...
hasta hacerla estallar.
Es como si nunca lo hubiera conocido.
Como si nunca lo terminara de conocer.
Como si fuese un desconocido.
Ella y él, como dos almas vagabundas, una en cada punta del mundo,
que sigue rodando, impaciente, sin parar para que ellos abran los ojos,
se detengan, y se giren a mirarse.
Mirarse y detenerse.
Detenerse y mirarse.
Mirarse en uno.
Detenerse en el otro.
Y dejarse llevar, escuchando al corazón.

nunca digas "nunca"
y siempre que escuches "siempre"
mantente con cuidado
sin bajar la guardia
porque tarde o temprano
vuelven los miedos
a acecharte la cabeza
con la voz silenciosa
que habla en la mente
entonando las estrofas
del poema más doloroso
que algún ser le ha escrito a otro
del recuerdo de cómo
se pierden las llaves
del corazón de uno mismo
cuando le entregamos el control al resto
de cómo la mente
sufre la persecución
de esos rostros sin cara
de esos cuerpos sin alma
que se apropian del equilibrio
y asesinan al bienestar
llevándose la luz del Sol
el brillo de los ojos
la capacidad de soñar
dejándonos pesadillas...

...que mejor ni recordar

es bello saber
quiénes son los que nos quieren
y que los que nos quieren
son los mismos que quieren
vernos bien
flamantes
alcanzando los logros
batallando la vida

que nos ven lindos
por luchar
que nos ven lindos
por sonreír
a pesar de las tormentas
por buscar la felicidad igual
aunque por momentos parezca
haberse extinguido
de la faz de la Tierra

es lindo saber
quiénes son los que nos quieren
es hermoso saberlo
tenerlo bien claro
es maravilloso
porque son esas almas
las que caminan a nuestro lado

qué cosa extraña
del ser, del sentir,
cuando dos energías tiran para un mismo lugar
cuando la inspiración que viene de un sitio
se acomoda para nutrir la mente
de la pequeña poeta
que intenta acomodar en frases
las palabras tiernas que le brotan
incansablemente del alma

burbujean su semántica
dejando en el aire
un aroma a cielo
un calor de ensueño
una brisa de verano
de Esas que por la mañana
se roban nuestras palabras
cuando caminamos por la orilla
y el Mar nos baña los pies
haciéndonos olvidar de la Tierra
y elevándonos en el Aire
para sumergirnos en el Cielo
a danzar con las Nubes
y alzar el alma al Viento

cantarle al Sol
que acerca sus rayos a nosotros
para recordarnos lo que es el calor
y lo bien que se siente
entre tanta soledad

seremos eternos

"Nuestras acciones nos hacen eternos."
se dijo a sí misma, en tono alto y claro,
"No es el hombre sino el acto,
no es el hombre, es su idea,
no es el hombre, es la impronta.
Jamás moriré si dejo una huella
jamás moriré, me haré eterna:
seré prócer, seré un símbolo,
seré clave hacia delante
seré futuro, seré perenne
seré un pensamiento,
un poema, un principio,
una ley en algún código,
una cura de una peste,
una obra de un museo,
un mimo en el pecho
de un pequeño abandonado,
una frase en el oído
de un amigo devastado.
Seré eterna porque no es el cuerpo
sino mi alma
quien tiene el control.
Seré eterna porque no me detendré
hasta que el mundo haya cambiado.
Hasta convertirme en un verbo,
y prolongarme en el tiempo."

neuro-psiquiátrico

ese lugar del mundo
donde algunos muertos
se despiertan y levantan
y andan y hablan
aunque nadie esté ahí
para que sean escuchados
y tienen un jardín
donde salen al Sol
que les hace sonreír
aunque ni siquiera sepan el por qué

quizá sea la única calidez
que reciban hoy
y aunque no llueva mañana
sus almas no dejarán de llorar jamás
añorando lo que alguna vez fueron
pero no pueden recordar

"hay un cierto placer en la locura que sólo el loco conoce"

poema XI

debo admitirlo: tuve miedo
pero aún así fue disfrutable
aún a pesar de eso,
fue increíblemente disfrutable

intentaré recordarlo
de pé a pá
de principio a fin
de la a al zinc

intentaré recordarlo
porque sos parte de esto
lo que provocas, lo que haces sentir

intentaré recordarlo
porque te vas afianzando
siendo lo que soy, sos vos también

intentaré recordarlo
porque me diste el empujón
ese noséqué que le faltaba al alma

intentaré recordarlo
porque ante todas las cosas
sos el que me besa el corazón
lo más profundo posible
hasta mimarlo todo
llenarlo de abrazos
dejándolo manso, quieto,
taciturno con el resto
con pura gana de abalanzarse sobre vos
con pura gana de expresarte el latido
la fuerza de la sangre
el impulso vital
que fluye por el cuerpo
vena-arteria, arteria-vena
del corazón al capilar
consiguiendo las ganas
de la sensación que se genera
cuando tus dedos de cristal
acunados en el arte
me dibujan sobre el cuerpo
palabras de amor
que detenidamente atenúo
para calmar el hambre
que voraz intenta abalanzarse
bajo tu cielo vital

poema IX

me da amor
tu sonrisa, tu piel
tus dedos alargados
tu pelo despeinado
me da amor
tu calor humano
tu beso en la frente
tu impronta en mi mente
me da amor
esa barba suavecita
que crece mal y despareja
perfectamente imperfecta
me dan amor
todas tus ideas
tus palabras espontáneas
tu locura improvisada
me da amor
tu cara de anonadado
cuando me tenés al lado
imprimiendo nuestros pasados
me da amor tu perfume
el olor de tu piel
y esa mezcla con tabaco
que me gusta igual
               [porque viene de vos]
y me dan amor tus gestos
tan particulares
y esa nariz respingada
que se clava en mi cara
en cada beso en la mejilla
me da amor tu voz
cuando cambia de tono
la hacés más grave, más aguda
la distorsionás
y me hace reír
y reís conmigo
y me ves feliz
y me besás las cicatrices
con cada segundo de felicidad
que venís a compartir
sintiéndote mi amigo
compañero de risas
tripulante de la nave
que se encamina a mis sueños

quiero fundirme en un abrazo tuyo
y a esperar la eternidad

poema VIII

te convertiste
en lo que deseo
soñar
en lo que deseo ver cuando me despierto
te convertiste en mi sonrisa espontánea:
esa razón para sonreír de la nada
cuando te recuerdo de pronto
mirándome a la cara
sonriendo entre dientes
tan simple, tan vos
tan brillante y sereno
tan real y humano
como me gusta a mí
como nos gusta a nosotros;
ser auténticos, verdaderos,
ser humanos, asustados,
pero fijos tras el riesgo
de agarrarnos de la mano
besarnos el alma
y dormirnos abrazados

Qué susto cuando surge necesidad de escribir. Cuando la escritura se hace necesaria por el hecho de descomprimir el pecho. Y que haya algo que descomprimir indica que hay algo comprimido. Comprimir en el centro del alma como si fuéramos una prensa, para intentar mantener marginado algo que quiere liberarse. Y mantenerlo entre márgenes implica una fuerza extra (que no estaría teniendo). Porque esforzarse para evitar que algo suceda es más difícil que manejar el suceso. Porque evitar un suceso es más antinatural que la duda existencial ante cómo lidiar con las consecuencias. Y dudar es propio de la racionalidad, no se puede escapar de eso, no podemos pretender clarificar los hechos como si no hubiesen grises, como si todo fuese negro o blanco, sí o no, hola o chau. Racionales y humanos, pretenciosos y dubitativos, con una mezcla de temor y excitación por lo que viene, un cariño en particular por lo que se fue, un análisis imparable del ahora, del momento, que pelea con la impredecibilidad de la vida, con lo fortuito del instante. Instantáneo presente que se escurre entre los dedos de las manos a cada segundo, escribiendo un pasado, definiendo un futuro. Y ahí estamos, vos, yo, los de siempre, los que se ven las caras por elección, los que hacen al presente una consecuencia de la decisión de juntarse para compartirlo, de mirarse a los ojos y grabar el momento. Escribiendo una historia que alguna vez será narrada, vanagloriamos al destino por cruzarnos la mirada, planeando un porvenir que nos quema la paciencia, porque elegimos esta forma de sentirnos humanos, sentirnos acompañados...

Se toma el último trago de café. Siente el sabor amargo pasar por cada centímetro de la boca, para luego ir a parar a su faringe y depositarse con fuerza en el estómago. Cayó frío y como piedra, parece como si pudiera sentir la corrosión sobre la mucosa.
Aún frío, le encanta el café. Se le convirtió en un vicio. Alguna vez había dicho que no le gustaba, que era una infusión de "personas grandes". Pero en ese momento, ella no era grande, y sin embargo, así estaban: ella, sus apuntes, su café. Nada más.
O quizá sí era grande. O quizá sí había algo más. Algo oculto tras la ventana. En el fondo de la taza de café. Adentro del apunte. Quizá había algo metido en la bebida y ella lo había consumido. Quizá había alguien haciéndose notar, y estaba nadando en ese néctar amargo que la ayudaba a mantenerse despierta en la eterna noche de estudio. Quizá ese nadador arriesgado y empedernido había llegado hasta ahí para quedarse en su interior y moverle las tripas, colgándose de su lengua, su garganta. Estaba tan lejos como tan cerca de ser cierto eso que cuando descubrió esa verdad se asustó. Se tocó el abdomen y allí seguía la misma sensación de corrosión. Se miró las manos y estaban frías, pero suaves. Se sintió asustada porque un escalofrío le recorría el cuerpo. Y quiso seguir leyendo, pero no podía concentrarse. Quiso prestar atención pero le costaba la existencia. Pensó que era un veneno, o mejor dicho, una droga.
—Debería dormir— dijo en voz alta, para convencerse a sí misma de la opción correcta.
—Debería dormirme ya antes de que el café me lo impida— y apagó la luz.

• • •

No podía echar un ojo. El nadador seguía en su vientre desde el último trago de café. "Maldito vicio" se repetía, y se molestaba por haberlo terminado. Y el nadador recorría su panza, rodeaba el ombligo, se iba hacia la espalda. De golpe empezó a sentir un cosquilleo, desde su centro se irradiaba, hacia los miembros, hacia su pecho, su cara. Era definitivo: el nadador había pasado a la sangre. Estaba allí, en una arteria, en la otra, capilar, vénula, recorriendo los tejidos, intentando sostenerse. Estaba allí recorriéndole el cuerpo y el cosquilleo no le calmaba. Sintió cómo tocaba sus pies, como un susurro le erizaba los pelos de los brazos. Cómo un suave beso se posaba en cada porción de su cara. Sintió un deseo y un calor verdadero, desde el centro del pecho, allí depósitado, esparciéndose hacia los lados. Claramente el nadador había encontrado de dónde agarrarse. Estaba en una válvula del corazón, sostenido con fuerza, rebotando en cada latido, manteniéndose en calma, esperando algún motivo para soltarse y seguir haciendo todo ese lío. Y ella lo sentía pero le hacía gracia que él quisiera estar en su interior. Y sentía una arritmia pero estaba demasiado concentrada en saber qué era lo que el nadador quería de ella. Quién era, como había logrado ese tamaño. Por qué en el café, por qué en ella, por qué se agarraba del corazón.
Y mientras pensaba, sintió un dolor desgarrador. El nadador no había soportado las fuerzas de la sangre fluyendo, y salió disparado, con un trozo de válvula en la mano. Ella quiso gritar, pero le dolió tanto que no alcanzó porque el dolor la acalló. Fue dolor seguido de miedo, miedo de que se quede con esa parte de ella. Que empiece a sangrar. Que nunca se la devuelva, que sólo esté para dañar. Miedo de que su corazón sufra esa lesión, que falle y se rompa, que sea el final de su emoción. Y se desmayó.

• • •