Las estrellas bailan,
y ella ya está bailando allá con ellas.
Y nosotros un día también vamos a estar
bailando en el cielo,
danzando y riendo,
por toda la eternidad.
Porque así mimamos al alma,
porque así creemos que no hay límite para amar,
ni la vida, ni la muerte,
ni el tiempo, ni el espacio,
ni el Sistema Solar,
ni la Vía Láctea,
ni el Universo en su totalidad.
Porque así mimamos al alma:
guardamos el sentimiento en una cajita,
que soporte el paso del tiempo,
las mareas y la tempestad.
Porque es naturaleza de humanos:
nos aferramos, no queremos soltar...
Y es hermoso que así seamos.