dos almas se miraban, la una a la otra,
sin decir una palabra, sólo contemplándose
todo se hacía luz (o eso parecía)
todo se iluminaba en esa compañía
estaban en silencio, cuando de pronto,
sin avisar, su cuerpo cayó contra el suelo
lo alcé en brazos con una fuerza extraordinaria, lo llevé a la camilla
lo cubrí con una manta y lo arrastré hacia la mesa
metálica brillaba, haciéndole de espejo
a las luces que iluminaban sobre ella
uno, dos, tres, cuatro, cinco
puntos blancos intensos
haciendo notar más
la blanca palidez
era tu rostro
pétreo
silencio
conecté la sierra
su sonido me estremeció
pero se convirtió en una música
desde el esternón hasta el hueso púbico
desde el manubrio hacia cada uno de tus hombros
esa Y sobre tu pecho me hacía llorar como nunca antes
desplacé la piel, rompí las costillas, saqué los órganos, limpié
pesé, tomé muestras, observé con detenimiento cada lugar, cada sector
tenía que encontrar la razón, un por qué, una respuesta para poder comprender
pero tu cuerpo no hablaba, y mirar no hacía nada,
los signos no eran tu voz, ni tus letras
no eran tus frases, no estaban, no hablabas,
ni me mirabas, ni te reías conmigo,
no me respondías, no me explicabas,
no me demostrabas, como siempre lo hacías
tu alma se había
perdido
la barca la llevó
lejos
pero será eterno aquello
perenne
vivís en tus cuentos
historias
vivís acá adentro
en mí
y me quedaré allí
tu interior
tu interior