Conocí a una sola persona en el mundo que lograba hacer que mis nervios cesaran. Ahora esos nervios volvieron cuando yo pensaba que nunca iban a aparecer otra vez. Era algo que temía. No puedo controlarlos, No tengo control ni de mi propia mente. No soy estable, no tengo frenos, no tengo límite. Soy una amenaza para mí misma. Soy un dolor de cabeza para quienes me rodean. Soy una bomba de tiempo, una bola que se echa a llorar al piso retorciéndose, mordiendo la almohada, gritando desde el centro del pecho. Soy un hongo, tóxico, que se mete en las vidas del resto para oscurecérsela en vez de luchar por hacerlas brillar. Soy un palo en la rueda, soy la pérdida de tiempo. Soy un hombre que está parado en el medio del camino sin poder avanzar. Rebobinando continuamente, yendo en dirección opuesta al progreso. Sigo así, sigo así siempre y no sé cambiarlo. Me creo todopoderosa para después derribarme ante una mala experiencia amorosa. No puedo definir, no puedo enfrentar, no logro seguir adelante sola. Le temo al olvido, le temo a la soledad. Le temo al conformismo, a tener que quedarme con algo que nunca deseé. Le temo a la mayoría de las cosas y si no avanzo con las personas que amo siento que me voy a dejar consumir por el sistema. Siento miedo todo el tiempo porque soy eso, soy puro miedo, todo lo contrario al amor. Siento que ya nadie ve en mi lo que alguna vez vieron porque todo eso que alguna vez fui está muerto. Mi psicología maldita se encargó de mandar al diablo esa niña iluminada llena de vida y sonrisas eternas para regalar. En su lugar quedó un pedazo de ser humano que no sabe cómo entablar una relación interpersonal sin que una de las partes salga lastimada. Me duelo, les duelo, soy un estorbo, soy un dolor de cabeza, una noche de desvelo, un golpe en la frente, una uña clavada en el brazo. Soy una bolsa de órganos y huesos que se mueve por inercia siguiendo el rebaño. Soy un bebé de pecho, no la adulta que debería. No tengo poder de decisión ni de amor sobre mí misma. No tengo amor por mí. Si estoy así, si no me quiero a mí... ¿cómo puedo pretender querer al resto?