Qué débil el ser, cuando el punto quiere convertirse en coma.
No lo busca pero inevitablemente cae en ese juego. Ese tire y afloje tan particular.
Y las voces que le llegan son todas diferentes. El color, el tono, el volumen.
Graves, bajos, altos, medios, agudos.
Corchea, semicorchea, fusa, semifusa.
Silencio.
Redonda, blanca, negra.
Silencio.
El dos por cuatro que suena de fondo le recuerda un tiempo pasado. Tiempo que ya fue, de esos que no van a volver nunca. Porque la muerte se llevó todo.
De esos en los que ella se hacía feliz de sólo salir por el balcón a mirar el Sol.
Ahora no había cambiado demasiado, solo que la felicidad era más deseada, pero menos duradera.
Los tiempos corren y la arena se lleva los planes, de un lado al otro de la ampolla de vidrio.
Que alguien ponga el reloj boca inversa en algún momento.
Necesito que la arena le devuelva a mi corteza un poco de realidad.