Somos lo que soñamos.
El deseo del alma, lo más anhelado.
Somos también lo que escuchamos,
lo que atendemos, lo que callamos.
El primer pensamiento de cada mañana
que brota incesante como flor de primavera,
como brota el sonido del viento costero,
entre mar, entre arena,
esa brisa húmeda, sureña,
que emociona hasta el alma del insensible.
Somos el sueño y el deseo humano,
porque así es nuestra naturaleza.
Así es el destino del hombre,
y mágica es la sensación en el aire.
La energía surge en el momento exacto
en que el alma desea.
Es ahí, justo ahí
cuando astros, luna
y todo cuanto se halle en el espacio
se alinean tras los rayos disparados
desde el pecho del soñador.

Rebotan. Vuelven.
Y se depositan justo allí
donde se encuentra el receptor.
El dueño de todo.
El poseedor de la otra energía,
la que pega con esa
que se fue al espacio y volvió

El soñador debe ir y reclamar su energía.
Pero, quizá hasta la quiera compartir.

No tardarán mucho en unirse.