La inundación baja y reaparecen las islas.
No hay tanto amor que haga eso en estos tiempos de violencia.
Brisas tibias alcanzando las mejillas. Se extrañaba tal calidez.
Son mimos al corazón, Suaves como algodón, depositándose en la piel.
Si pudiera verlo se daría cuenta desde lejos.
Aunque no fuese observable, vería la plenitud del ser.
Rebosa el alma y le brillan los ojos.
No es casual que todo de pronto se ilumine.
Los espejos reflejan y todo rayo la alcanza. Sí, alguien puso más espejos.
La rodean y ella baila.
La rodean y ella llora. No hay que asustarse, es emoción.
La emoción le toca el pecho y brota el cielo.
Levanta vuelo, se eleva bien alto. Muy alto. Más, más alto.
Está allá arriba, iluminada, encantada.
Se sujeta a sí misma. Ya no es la tierra debajo de los pies.
Los hilos salen de sus propias manos. Su cuerpo tiene el control.
Y da vueltas. Vira en el aire. Cierra los ojos y siente el viento.
Es fresco, renueva. Es cierto: aprendió a volar.
Retorna a la superficie. Se da la mano, y sale a caminar.
Hacer las paces con el corazón es más sencillo
cuando llega desprevenido un mimo colorido,
lo toca, lo abraza y lo convierte en canción.