Último día del año, y decido releer mis entradas desde las primeras hasta las últimas del año.
¿La realidad? Se me olvidó una parte.
Se me borró. Se fue, completamente.
Todo cambió desde el quiebre.
Todo se configuró, de una vez, para siempre.
De repente, algo cotidiano se hizo extraño.
Hasta insignificante.
Y algo nuevo, completamente nuevo,
se volvió mágico.
Increíble.
Me volvió plena.
Me dejó arriesgarme.
Me abrió la puerta para dejarme pasar.
Me dejó amar por primera vez.
Y para siempre. Eternamente.