Sólo me queda apoyar mi cabeza contra la almohada. No logro ver lo que escribo, sólo dejo a mis dedos tocar estas teclas, suavemente, liberando el sentimiento. Siento un corazón, latiendo débilmente, pero a la vez con fuerza. Siento la respiración entrecortada, los ojos brillosos, cristalinos. Qué me sucede? No lo sé. Quizás es la dosis de miedo que se me inyecta directo a la sangre cada vez que te siento lejos. Cada vez que detecto un distanciamiento. De repente, de la nada, las almas se desconectan. ¿Dónde quedo yo? ¿qué papel jugamos, en estos momento, los dos? ¿no es más que una tonta discusión? ¿"no es más que un roce"?. ¿cuántos? ¿cuántos más? ¿cuánto tiempo más? ¿realmente es sólo eso? ¿podrá sobrevivir a muchos roces? ¿se harán cada vez más fuertes e imposibles de sobrellevar? ¿qué es lo que falta, confianza? ¿entendimiento? ¿conocimiento? No podría imaginar una ruptura. Una caída. O lo que sea, que implique que mi alma se distancie de ese punto de luz. Es mi Sol, mi vida, mi todo, entero, completo. Sin él no podría vivir.