Abrazame fuerte.
Dejame abrazarte también.
No temas, no llores,
cierra los ojos.
Todos los miedos sucumbirán,
los fantasmas van a perderse.
¿Sientes esto?
Es mi mano sobre tu cabeza.
Jamás sentí una textura tan suave
como la de tu pelo, despeinado.
¿Sientes esto también?
Es mi otra mano
recorriendo tu espalda.
Es mi ruta perfecta.
Arrancar en tu cintura,
seguir en tu abdomen,
subir por tu pecho,
terminar en tu espalda
para rozarte la nuca
y estamparte un beso.
¿Sientes, debajo de tu oreja?
Eso que sientes en mi pecho.
Así de acelerado late
desde que te tomé de la mano.
Desde que te miré a los ojos
y me sonreíste eternamente.
¿Sientes mi respiración?
Parece entrecortarse,
pero estoy hipervenilando;
aunque ya no me dan más
los pulmones, la nariz,
para poder oler aún más fuerte
tu perfume, tu piel.
Abrí los ojos.
Mirame.
Estoy llorando, sí, pero...
Mirá mi sonrisa.
¿Lo entendés?
La gente le dice amor.
Yo simplemente te abrazo.
Y te doy mi tiempo.
Te lo regalo.
Mi tiempo y la vida.
Es todo tuyo.