mujer-halcón

Una ventana estallada:
dejó su forma en las roturas.
Quizás hasta algún trozo
pequeño de sus vestiduras.
Gotas de sangre en el suelo,
cartas prendidas fuego,
y un silencio que estremece
a la muerte se parece.
Ella es una mujer-halcón
que escapó a recorrer el cielo
será porque quizás
no se acostumbra al suelo.
Las cadenas no le agradan,
sólo es amiga del viento.
Es luz: sol y luna a la vez,
desplegándose brillando
a lo largo del manto que cubre
y que no es techo de nadie.
Vuela sin límites dejando atrás
los restos de alguna carne
que se detuvo para garronear;
víctimas ciegas, inocentes.
Es parte de sueños ajenos
pero sólo busca uno propio.
No logra compartir el alma,
sólo entregarla a los rayos del alba.
Y cuando llega la noche,
firme en alguna cima,
recuerda su última morada
pero no siente ganas de volver.
Un leve dolor le atraviesa,
y una lágrima se seca al amanecer.
Seguirá de montaña en montaña,
nómade, hambrienta de almas,
transformándose cada día
en una dulce y tierna niña,
sedienta, perdida,
encegueciendo a todos esos
espíritus sin salida,
que caen a sus pies,
arrojándose, conquistados,
que abriendo su camisa
dejan expuesto al corazón,
para que este ave garroñera,
lo destroce en pedazos.