No ver nada nuevo,
volver a entrar y que siga igual,
aumenta cada vez esta ansiedad
que va corriendo por las venas,
y despacito llega al corazón.
Entonces no me pregunten
por qué corro, salto y tiemblo,
por qué me llevo todo por delante
o por qué se mueven mis dedos.
Son los síntomas de una abstinencia
que cada vez más se hace notar,
enfermedad en los huesos,
la sangre más espesa,
y se sienten latidos,
golpeando más fuerte.
Pero sólo yo los escucho...
Nadie más.