Tuviste que respirar hondo
y retirarte de allí lo mas pronto.
Y cuando se volteó a mirarte,
no estabas en ninguna parte.
Tu alma estremecida recorriendo,
dolorida,
pasaba en medio de caras poco iluminadas,
con caretas deformadas
que danzaban posesionadas,
al ritmo de unos sonidos
que no querían escuchar tus oídos.
Y corriste entre ese humo,
y entre esos colores fluo.
Sólo buscabas la puerta para salir de esa fiesta.
Y tus manos y tu alma
arrojándose a la nada,
quedaste emocionada,
sola y algo perturbada.
Y te escondiste en lo oscuro,
el dolor en estado puro.
Te achicharraste en ese lecho
con las rodillas en el pecho.
Quisiste ver si pasaba pero ya era de mañana.
Otro día empezaba,
la hoja nueva que aprovechaste,
terminando la anterior en cualquier parte,
fue el inicio de un capítulo diferente,
y aunque no era lo que sentías,
apretaste los dientes,
y aguantaste en silencio,
revolcándote en lo inmenso,
presa solo de momentos,
un pasado hecho cuento,
un reflejo en el espejo,
y el sonido del viento...