Me preguntaron por qué no hablaba
y ni siquiera pude responder.
El nudo en mi garganta atravesó...
En cuestión de segundos, apareció.
Imágenes del ayer, recuerdos que pasaron.
Y extraños sueños siendo parte de un pensamiento.
Tal vez, que sería si quizás.
Quizás, que quizás sería un sueño.
Sueño que tal vez era la realidad.
¿Cómo saberlo?
¿Viví en un sueño, y ahora desperté en la realidad,
o acaso caí en un sueño cuando mi vida,
casi completa,
sufrió ese vacío,
esa ausencia,
ese arrebato desgarrador...?
Sigo en silencio con cada palabra
fulminando mi cerebro.
Pero no son sus miradas y frases trilladas
las que me voltean.
Sino ese conjunto
de pensamientos
que recorren mi retina,
momento a momento, por cada sentimiento.
Formando parte de un tiempo que ya no me espera.
Tiempo que llegó y se fue.
Que no me esperó.
Porque no sólo era mío.
Era un tiempo compartido.
Un tiempo de dos,
un sueño de dos.
Y una fantasía vana,
como una almohada acuchillada,
hecha pedazos,
desplumada se desvanece,
a medida que su volumen crece,
va ocupando la habitación,
cubriéndome por completo,
agonizando sin razón.