Al pasar unos días
su cara sonríe un poco.
Piensa en su convicción:
sonreír es primordial.
Pero también piensa
en la petición que él,
desde el país más
lejano y frío,
le hizo y reiteró.
Sonríe su cara y piensa
en las últimas palabras.
Sonríe su cara y espera;
los días pasan,
el encuentro ya llega,
y aunque sabe que
sólo podrá robar
un simple abrazo,
una palabra formal
y una mirada extraña,
siente que sólo eso es
todo lo que necesita,
para aguantar un poco más
hasta el próximo reencuentro,
haciendo que sus muecas
simulen ser sonrisas,
para que el tiempo pase
un poco más liviano,
y puedan,
de a poco,
curarse.
fue un
miércoles, mayo 15, 2013