Hace un par de años, en varias oportunidades, deseé con el corazón que ese mismo corazón desee más cualquier otra cosa que en lo que ese momento tanto deseaba. Que el corazón no sienta nada por nadie, que ya no haya amor no correspondido, ni pensamientos eternos, ni noches de llanto o suspiros, anhelando el amado. Supliqué al cielo, al diablo, hallar el olvido, encontrar la salida, quemar el sentir, apagar la llama, que desaparezca el recuerdo.
Hoy por hoy, necesito eso otra vez. Extraño amar. No sé por qué, ni de qué manera, pero lo extraño. Tal vez necesite ese motor del amor que me hacía tener una meta fija, desafiarme, tratar de jugar un partido de cartas con el destino apostando todo sin importar perder o ganar, arrojarme en una pileta sin importar si está vacía, pero poder gritar al cielo, a las estrellas, al sol y a la luna, que mi corazón ama, ama desgarrándose, ama desangrándose.