Me desperté con una sonrisa luego de la siesta. Me desperté bien, feliz. Me desperté con ansias.
Después recordé lo que había soñado. Soñaba que hablaba, más bien, chateaba con él.
Ni siquiera lo veía, ni siquiera escuchaba su voz.
Tan sólo chateaba.
Una comunicación tan fría, tan distante, tan lejana...
Pero me comunicaba.
Me decía palabras.
Escribía risas, preguntas, contestaciones.
Contestaciones a todo lo que le decía.
No más ignorancias, no más incertidumbres.

Hasta que caí en la realidad.
Sólo había sido un sueño.
Sólo lo había soñado.
Había soñado otra vez con su amistad.
Otra vez con sus saludos, con su contacto, con su locura.
Otra vez con sus ocurrencias, con su humor, tan particular.

Fue sólo un sueño.
Y cómo duele eso.