Gritando hacia la deriva, camina.

No sabe si está bien la dirección a la que va.

Se mueve espeluznante, moribundo, errante.

Camina despacio, arrojando lo que queda de su alma

en cada sonido de su garganta.

Es como la muerte. Fue como un suicidio.

Murió ella, y casi que él muere también.

Pero no llegó. No alcanzó a morir.

Tan sólo quedó allí. Casi vivo. Casi muerto.

Con sus sentidos aplacados.

Con su boca seca pero sangrante.

Con sus ojos secos, sin brillo.

Con su cuerpo débil, agonizante.