Qué increible es la mente humana. Increíble lo que puede llegar a hacer en uno el recuerdo.
Y no hablo de un recuerdo concreto. No el recuerdo de un momento específico, de un abrazo, de una caricia, un beso, una palabra.
Sino del recuerdo general. Recordar una cara o una persona por las veces que esas personas pasaron momentos con nosotros. Recordarlas por recordar, no por algo en particular.
Recuerdos de esas personas quedan dando vueltas en la mente, muy al fondo, como vagos, como hilos de pensamiento entrecruzándose entre sí, dando giros, expandiéndose y retrayéndose, flotando.
Hilos que quedan en la base de la cabeza, abajo, cada vez más abajo, a causa de nuevas imágenes, nuevas emociones, que se van encimando, acumulándose, aplastando esos recuerdos pasados.
Pasados, aplastados, sí... pero allí están. Como latentes. Como expectantes. Como a la espera.
No quieren ser borrados, ni aplastados -tanto y de tal manera- como para que sólo terminen... pulverizándose.
Y por la estima que uno puede llegar a tenerle a esos recuerdos, siguen vivos. Se mantienen.
De vez en cuando vuelven. Borrosos. No tan reales.
Así como vuelven, duran un rato y se van.
Y vuelven.
Y se van.
Y el tiempo pasa, y los meses pasan, y los años pasan...
Y esas personas quedan en la mente. Quedan ahí, con los sentimientos, los roces, el afecto.
Pero de repente, inesperadamente, alocadamente... Aparecen.
No en la mente, no en un recuerdo, no en un pensamiento...
Físicamente.
Reales.
Tangibles.
Aparecen. Sólo aparecen.
Aparecen otra vez, allí, en nuestra vida, irrumpiendo en la cotidianidad.
Y esos hilos, allí guardados, se abren paso entre todos, para salir a flote a refrescarse.
A respirar. A reformarse, estirarse, agrandarse, crecer.
Las personas aparecen. Y, a veces... De qué forma!
Personas trascendentales, que en horas, logran cambiar el curso de la vida de uno.
Personas responsables de que esos pequeños pensamientos existan, que ahora no sólo se renovaron, sino que se agigantaron.
Personas que vienen a quedarse, por más que luego del encuentro se vayan.
Personas que reviven los recuerdos, para que suban escalones, y se queden arriba, en el podio, generando mil pensamientos nuevos, que ocuparán la cabeza, día tras día, hasta que nuevamente, comiencen a ser reemplazados, pisados, suplantados... Por nuevos recuerdos.