Se durmió.
Cerró fuerte los ojos.
Miró en su mente, profundo,
buscó olvidar los recuerdos.
Se pasó, el pasado sin pisar quedó.
Y lloró.
Lágrimas que caían
dolor, por el alma perdida,
que voló, se alejó de su pecho,
y dejó, un agujero en el corazón.
Tembló,
se abrazó a sí misma
trató de curarse las heridas.
Y su voz, se escuchaba dolida
cuando habló con su otro yo.
Intentó,
pudo ponerse en pie,
pero cayó, y otra vez le dolía
el amor, era lo que esa vez
le faltó, su equilibrio y su motor.
Y cantó,
y las notas salían de su voz,
de su garganta fuerte,
y gritó, alejando los males
pensó, en la gloria divina.
Y cortó,
y el filo el sonido arrancó,
todo era silencio abismal,
sólo se oía un sollozo
que cesó al final del camino.
Sonrió,
y aferrándose a la luz
subió, con latidos de débil ritmo
escuchaba llantos de dolor,
resistió aferrada a unas manos.
Despertó,
entre cables, pinchada,
y sintió dolores en su espalda.
Pero no, ya no estaba tirada,
sus brazos ya no sangraban.
Levantó
la mirada y allí lo vio,
acostado a dos metros,
sintió que era parte de ella,
le dio un poquito de vida,
pues sin ella él no viviría.