Amor.

Tu cabeza apoyada sobre mi pierna. El aire entra y sale de tu cuerpo con una fluidez divina. Te movés sutilmente, puedo observarlo poniendo de referencia tus pestañas arqueadas, contrastantes con el blanco pelaje de nuestra compañera perra que reposa sobre tu brazo derecho acompañándote en este viaje onírico. Chasqueás apenas los dientes y me pregunto cómo podré hacer para acompañarte en tus miedos, inseguridades y ansiedades. No quisiera ni moverme, alterar tu sueño, disturbar tu descanso. Seguís chasqueando los dientes, esta vez más fuerte. Me pregunto qué estarás soñando. Me relaja sentir tu calor. Me relaja verte así, tan plácido, ventilando profundo. ¿Cuál será tu sueño más profundo? La perra se despierta y se va. Yo me quedo, vos te quedás. Te acaricio la frente, detengo la escritura. Cuántas células acabo de tocarte. Las amo, a todas. Amo a todas y cada una de tus células. De tus moléculas cíclicas y aromáticas. De tus partículas subatómicas. Tus ondas vibracionales. Vibran y las siento como si me alcanzaran, las respiro unas doce, quince veces por minuto. De cuando en cuando las respiraré cinco o seis, en esos momentos en los que respiro suavemente y te hallás cerca, y me dejás respirarte. Porque sos más que todo ese conjunto de células que te componen. Más que cada unidad de vida y todo lo que las sostiene. Más que todos esos órganos que participan en conjunto para mantener una economía, más que tus treinta y dos dientes, que tu pelo aplastado o tus pestañas arquedas y brillantes indudablemente bellas como un rayo de sol en la mañana, como un arcoiris, como el caudal de un río. Más allá de todo eso hay una persona. Piensa, siente, ocupa. Es, vive, sobrevive. Habita. Ama. Comunica. Interpreta. Una mente, barajada por un ¿corazón? ¿una esencia, alma? ¿un par de manos? Cuál será el sentido de amarte completo. Cuál, de tener una porción del citoplasma de cada una de mis células trabajando para producir todos aquellos neurotransmisores, hormonas peptídicas y esteroideas, moléculas permeables e impermeables, proteínas de alto y bajo peso molecular, que me permiten mirarte, olerte, saborearte, abrazarte, escucharte, sostenerte, cuidarte, pensarte, recordarte y amarte; cuál es el sentido de que una parte completa de mi economía trabaje por este vínculo, y como no lo sabía me acerqué a preguntar. Y miré para dentro y me sentí más viva que nunca, tan yo misma, tan amada hasta por mí. "Acá estoy" me dije. "Acá estamos" nos dije. Y ahí eran mis células ahora las que dejaban entrar la vibración, que impactaba directo sobre el núcleo, ácido y en reposo, para crear vida nueva, transformarse, reutilizarse. Al final nada muere: todo se transforma. Como se transformó toda nuestra vida este tiempo. Desde que nos conocemos, desde que nos queremos. Desde que nos descubrimos el uno al otro y empezamos a desearle grata paz. Durmiendo en el regazo. Regalándonos masajes. Fusionándonos en besos, abrazos, juegos y pensamientos. Reflexiones. Silencios. Comidas. Sentidos. Olores y sabores. Tacto. Y te despertás y me preguntás si me molesta tu pierna en mi regazo. Si supieras todo lo que me acabás de alimentar, en cuestión de minutos... Si supieras toda la energía que me acabás de regalar sin saberlo... Te agradezco yo por esta elección tuya de recostarte en mi muslo izquierdo, haciéndome de musa para que escriba estas palabras, tan artísticas, descriptivas, figurativas, literales, poéticas, sinópticas, autobiográficas. Y me acariciás despacio, y te acaricio, y me imagino así cada día de nuestra vida, sin ningún miedo, senza paura. Sólo con un amor pleno e infinito como el universo. Como cada impulso de energía que brota cuando te veo y agradezco al cielo que hayamos cruzado caminos, nos hayamos mirado, reconocido, y abrazado. Como si ya lo hubiésemos sabido todo desde entonces. Como si ya lo hubiéramos entendido aquel día, en aquel sitio oscuro de luces estimulantes y música hipnotizante, en aquel de aromas fuertes y humo en el aire, aquel que nos vio en nuestra esencia, siendo, como nos veo ahora, en un sofá de una casa alquilada, con un calor que narcotiza, y tu respiración suave, que no para de entrar y salir, y me va hipnotizando lentamente, tanto que me estoy uniendo a tu plano onírico. Ojalá te halle en mi sueño...