Día 4

No puedo no pensar en la primera vez que te vi cuando huelo esta flor.
Nada brillaba más que tu sonrisa en ese living comedor.
Sonreías y te miraba,
y me hervía el alma con fervor,
de pensar en tu sonrisa invadiendo mi vida,
cada día a cada hora.
Lo deseé ese primer día y así todo me cambió,
el amor a primera vista dejó de ser un mito.
Apareció lo que esperaba,
apareció de la nada,
apareció tu mirada.
Así de simple, así de sencillo;
un par de ojos
-y qué ojos!-
divisándome en lo oscuro.
Me recibiste allí parado
en la puerta de rejas
con los brazos abiertos.
Recibí tu abrazo,
y vos recibiste el mío.
Tuve ganas de llorar de emoción.
Después de tanto buscarte te había encontrado.
Quisiera reencontrarte justo ahora, a la vuelta de esta esquina...